Milenko Tepic, mal y sin moral

El serbio se despide tras dos años de bajo rendimiento y también de imagen anodina.

Radicevic y Tepic.
Radicevic y Tepic.
Juan De La Huerga

19 de mayo 2013 - 05:02

Juan Llaneza vio la oportunidad cuando se lo ofreció Berdi Pérez, por entonces el hombre asociado con el agente Misko Raznatovic, pero el tiro le salió por la culata al Cajasol después de dos años plagados de decepciones. Milenko Tepic, de quien nadie tiene una queja en el club en el trato personal ni por su predisposición, ha pasado por San Pablo como un alma en pena y nadie ha logrado encontrar el motivo. No lo halló Joan Plaza ni tampoco Aíto García Reneses.

Firmó como cajista después de un par de campañas en la sombra en el todopoderoso Panathinaikos, llegando a un acuerdo para rescindir el contrato, lo que aprovechó la entidad hispalense para lanzar la caña y fichar al versátil exterior serbio, un fijo en todas las convocatorias de Ivkovic con la selección plavi y un jugador con una proyección ciertamente interesante cuando estaba enrolado en el Partizán y antes en la Vojvodina.

Tenía muchas ganas de demostrar que puede volver al alto nivel, a jugar la Euroliga con los mejores, a los contratos golosos, pero Sevilla se le ha atragantado. Siempre se ha dicho de él que acabará como entrenador por la pasión que tiene por su deporte y por estar siempre haciéndose preguntas o pendiente de las tácticas de los entrenadores. Sin embargo, su frialdad en la cancha, con una actitud anodina, ha incrementado las dudas sobre su bajo rendimiento. Parece que ni siente ni padece, cuando no es así.

Desde luego, no deja un hueco en el corazón de los cajistas. En su primera temporada se le perdonó no estar fino al llegar como novato a la ACB, mientras que en la segunda, ya sea por sentirse presionado al comenzar como base al lado de Satoransky -la pareja de directores más alta de la Liga- o por otras cuestiones, nunca estuvo cómodo. Con 26 años, le queda mucho para tapar bocas, como sostiene Llaneza, aunque aquí ya no.

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