La Vuelta 2018

Valverde saca oro en Almadén para el doblete

  • El murciano se adjudica su segunda etapa y mete presión al líder Molard

Alejandro Valverde, tras el final de la etapa. Alejandro Valverde, tras el final de la etapa.

Alejandro Valverde, tras el final de la etapa. / Efe

Alejandro Valverde (Movistar) volvió a dar una exhibición de clase para imponerse en la octava etapa de la Vuelta a España, disputada entre Linares y Almadén a lo largo de 195,1 kilómetros, en un duelo con Peter Sagan, mientras que Rudy Molard (FJD) conservó el maillot rojo de líder.

El Bala fue el rey en el Parque Minero de Almadén, de donde sacó su segunda victoria en la presente edición con la clase y la capacidad de remate que lo han encumbrado a los 38 años. En esta ocasión, el murciano fulminó en un exigente final en cuesta al maillot arcoíris Sagan.

Un duelo entre dos grandes como colofón a una jornada asfixiante por el calor y el alto ritmo del pelotón, que marcó una media de 42,4 kms/hora en las más de cuatro horas que separaron Linares y Almadén, localidades hermanadas por su pasado minero.

El zarpazo de Valverde, que ganó sus primeras etapas en la Vuelta de 2003, le permitió arañar diez segundos de bonificación que lo acercan a 37 segundos de Molard, quien sigue aferrado a la camiseta roja. Emanuel Buchmann (Bora) es tercero a 48 segundos y en un minuto se encuentran los favoritos, todos agazapados ante el primer final de Categoría Especial en La Covatilla, donde se caerán algunas caretas.

Una victoria inesperada de Valverde, quien por la mañana decía “hoy no”. Pero en un final en cuesta no podía mirar para otro lado. Era una mina con riqueza a su alcance y el reto en plena batalla era merendarse a todo un campeón del mundo. Por eso sacó el látigo para repetir la escena de la gloria por enésima vez. Jornada de desgaste. Más de 35 grados en el trayecto desde tierras jiennenses a las castellanomanchegas de Almadén, pasando por la provincia de Córdoba. El calor azotó al grupo en un perfil escarpado que incluía el Alto de Españares, de Tercera categoría, y un total de 1.650 metros de ascensión acumulados.

No tardó en formarse la fuga de turno, con Tiago Machado (Katusha), Jorge Cubero (Burgos-BH) y Héctor Sáez (Euskadi). Nadie se inmutó. Los dejaron soñar con diferencias superiores a los 12 minutos. Los modestos pocas veces tienen licencia para soñar. Los equipos de los cazaetapas, que no de los velocistas puros, tomaron medidas para echar abajo la aventura, lo que se concretó a seis kilómetros de meta.

Comenzaba otra etapa con el asalto a la meta instalada junto al Parque Minero de Almadén, declarado Patrimonio de la Humanidad en 2012, que aún alberga las antiguas minas de mercurio, la plata viva de los romanos, aunque la actividad terminó en 2003.

Ya no hay mercurio en Almadén, pero en la meta se iba a jugar una victoria de oro. Por eso tensó el Lotto Jumbo y lo buscó el Bora con ganas. Sagan quería lucir con orgullo el maillot arcoíris y atacó al español. Pero el Bala nunca muere, como los viejos rockeros. Contestó al ataque del eslovaco con un remate demoledor. Y claro, ganó.

Otro éxito, el segundo de la Vuelta y el decimotercero del año. Ahora, con los objetivos cumplidos, llega La Covatilla.

En la sala de prensa, donde se aplaudió a Valverde, los periodistas le preguntaron a Molard si temía perder el liderato. Y el francés, aunque ilusionado con aguantar en La Covatilla la roja, asumió la dificultad: “Veo a Valverde y no sé si será posible”. El murciano mete miedo. “Cuanto más viejo, más bueno”, sentenció Quintana tras cruzar la línea de meta.

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