Varas en la cuadrícula (2-1)
El Sevilla acumula su cuarto triunfo consecutivo al calor de los suyos al derrotar al colista Sporting con apreturas. Marcelino se carga de razones pese a su tozudez con el dibujo
Cuatro partidos en el Ramón Sánchez-Pizjuán y cuatro triunfos para el Sevilla. Total, 12 puntos a acumular a los tres cobrados gracias a los empates fuera de casa. Son los datos objetivos, los que no admiten ningún tipo de discusión posible, pero hay que aclarar con prontitud que el cuadro de Marcelino García Toral saca las victorias con más apreturas de las debidas, sobre todo si está enfrente un colista de la categoría, en este caso el Sporting, que sólo lleva un empate en su casillero desde que arrancara el curso y que no dobló este rédito por las espectaculares intervenciones del guardameta Javi Varas, sobre todo la que realizó en un remate de Botía con el tiempo casi cumplido.
Pero el fútbol debería entender la mayoría de las veces de valores objetivos y dejar a un lado las sensaciones, cosa que no siempre ocurre. Por aquí, sin ir más lejos, ya hay una persona que tuvo que sufrir bastante por ello cuando ocupaba idéntico cargo a Marcelino no ha mucho. Las comparaciones, sin embargo, siempre son odiosas y lo lógico, por supuesto, es que los triunfos, por mucho que sean sufriendo y ante el colista, se festejen como en la noche de ayer se hizo en el coliseo sevillista, con la mayoría de la afición entonando a coro el himno de El Arrebato en una mezcla de apoyo a los suyos y de entusiasmo por retornar a los puestos que darían derecho a disputar la próxima Liga de Campeones. Aunque aún queda mucho para eso.
El problema, para el Sevilla que dirige Marcelino y que suma y suma sin parar, está, sin duda, en el carácter cuadriculado de su entrenador. Partiendo de la base del respeto profundo a sus ideas y del derecho a llevarlas a la práctica, dado que él será el último responsable de los resultados, es incomprensible que el asturiano se empeñe en que el equipo entrena con una idea determinada de fútbol y que sería malo sacarlo de ella. Tal vez tiene razón, pero la pierde en el momento en el que lleva todo a los extremos, tampoco es cuestión de pasar del blanco al negro en los dibujos, pero existen un montón de grises entre ambos y bien pudieran favorecer a este Sevilla en algunas ocasiones.
Porque ayer se dieron circunstancias múltiples para apelar a un estilo que le diera al Sevilla algo más de seguridad por el medio, para convertir los cuatro delanteros, si se incluyen a los dos extremos, como en realidad es casi siempre. Para empezar, no estaba Negredo, y eso conducía a que no hubiera ningún delantero más en el banquillo. Vale que se pueda arrancar con dos/cuatro puntas el juego, pero ¿jamás se puede alterar esa disposición? Ni siquiera la prematura lesión de Perotti condujo a un cambio en ese sentido, porque Trochowski, que fue quien se dirigió a la banda para que Rakitic acompañara a Medel en el centro, fue incluso más extremo que el propio Perotti. El alemán se pegó a la banda y hasta le costaba trabajo llegar al centro cuando Jesús Navas servía balones al corazón del área desde el otro costado... Y encima al palaciego lo van a volver un poco tarumba con tanto pedirle que ayude en las tareas más sacrificadas.
Si a todo eso se le suma que el Sevilla ya tenía un gol a su favor en el minuto 15, o, mejor matizado, un golazo de Manu del Moral, tal vez hubiera sido más coherente apostar por una disposición con más elementos por el medio. Pues no, no fue así salvo cuando el propio Manu del Moral se quedó sin fuerzas y tuvo que ser sustituido por Armenteros para que Trochowski ayudara a Kanoute arriba. Entonces sí se vio a un Sevilla con algo más de seguridad a la hora de manejar el balón, con más hombres cerca del mismo y con Jesús Navas más liberado para atacar en lugar de defender. Fue así por mucho que en esa fase llegara el paradón de Javi Varas a Botía en un barullo tras una falta botada por el Sporting.
La cuestión a discernir es por qué este Sevilla está tan encorsetado en la cuadrícula, por qué no es posible otra distribución de los elementos en el transcurso de los partidos. Quien la lleva, la entiende, dicen, y Marcelino, hasta ahora, se hace acreedor al máximo crédito por los resultados de su equipo. Porque el Sevilla ganó por mucho que se puedan cuestionar ciertos planteamientos y, a día de hoy, sólo Barcelona, Levante y Madrid han sumado más puntos que él en la presente Liga.
Venció, entre otras cosas, porque Manu del Moral acabó con su sequía goleadora con un tanto fantástico, digno de ser repetido en múltiples reportajes televisivos, por su disparo a la escuadra. Y también porque Javi Varas es el encargado de guardar su portería y lo hace con una eficiencia sobresaliente. Claro que tanto uno como otro cumplen con su obligación, como lo hacen Messi, Iniesta o Xavi en el Barcelona, y se limitan a defender el escudo del Sevilla con un acierto tremendo.
A partir de ahí, Rakitic también ayudó a balón parado y los nervios finales por la tensión de un resultado corto pasaron a mejor vida cuando Pérez Lasa decretó el final de todo. El Sevilla no debía haber sufrido tanto, sobre todo después de estar dos goles arriba frente al colista, pero también padeció un error absurdo de Trochowski precisamente en una de las escasas ocasiones en las que éste se metió al medio desde el extremo. Eso lo llevó hasta la inquietud del 2-1 y lo verdaderamente incontestable es que los suyos acabaron entonando el himno porque estaban alegres. No es para menos con 15 puntos en el casillero y el calendario que quedó atrás. Marcelino, por muy cuadriculado que sea en los dibujos, se está cargando de razones.
También te puede interesar
Lo último