Champán y estajanovismo
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Manu del Moral se estrenó como goleador con un tanto espectacular que brillará en los resúmenes de la jornada · El Sevilla de Marcelino gana a chutazo limpio
El Sevilla superó la prueba del nueve gracias a un golazo de Manu del Moral, que se estrenó como goleador en su noveno partido oficial como sevillista. La presión empezaba a amenazar con convertirse en una losa difícil de levantar para él, pero si habían marcado Romaric y Kone, dos marginales que tuvieron que huir de Nervión para buscar cariño, ¿por qué no lo iba a hacer él? También medió en el triunfo la habilidad a balón parado de Rakitic. Y, otra jornada más, los felinos reflejos de Javi Varas. A base de paradones y a chutazo limpio, el equipo de Marcelino sigue buscando su horma ideal y, mientras la encuentra, sigue invicto y se ha situado en la zona más noble de la tabla.
Manu del Moral se sacudió el mal fario que lo amenazaba con un espectacular disparo a la escuadra. Fue tan plástico como el champán, tan efusivo como un cava barato, que cuanto más se agita antes pierde el gas. La promesa de excelencia que llegó con su soberbio disparo fue un espejismo de lo que sucedió después. El atacante, al son del equipo, se fue diluyendo ante la presión del Sporting, un equipo estajanovista sin fortuna. Un reflejo de estos tiempos de crisis, mucho peores para la clase media-baja que para la oligarquía que alza su cuello de almidón sobre el tapial.
El Sevilla de Marcelino, empero, no aburre a los suyos, que vibran con las paradas de Javi Varas o los despejes de Spahic y Cáceres. Es un equipo que no para de correr. Manu acabó extenuado de tanto tirar desmarques sin respuesta o de ir a la presión de un lado a otro. Kanoute terminó tirándose de las puntas de las botas para evitar calambres, con el codo de Iván Hernández marcado en sus lumbares. Es el precio del juego solidario que exige Marcelino, un asturiano tan estajanovista en su trabajo obsesivo por el fútbol colectivo como exigente en la respuesta laboral de sus pupilos. Con todo, continúa sin dar con la tecla del espectáculo. Lo suyo es el fútbol de probeta y sudor.
En otros tiempos, la misma grada que ayer celebraba el triunfo cantando el himno del centenario antes del pitido final hubiese exigido más fluidez, más control, mejor juego en definitiva. Pero los tiempos han cambiado, o están cambiando, y Nervión terminó festejando un triunfo que aleja al Sevilla de sus rivales directos y que escenificó el fútbol de Marcelino: trabajo, presión, correr... Del balón, pocas noticias; bueno, sí, las que de él daban Trejo, Barral y compañía. En este fútbol de chutazo limpio Manu del Moral fue el primero que probó en disparar sin pensárselo desde fuera del área. En diferentes fases, sus compañeros, todos los de la llamada segunda línea, se picaron con él y chutaron a media o larga distancia. Es la economía del fútbol, una alegoría de la economía del lenguaje que tiene en el andaluz su paradigma español. Artur Mas, en cambio, sólo entiende de economía pura, mucho más aburrida que el fútbol o la lengua.
Perotti, Trochowski, Rakitic, Armenteros, Jesús Navas,... Todos intentaron saltarse las líneas a chutazo limpio. El palaciego llegó a desesperar por su imprecisión. Aun así, casi canta bingo en el minuto 91, cuando solventó una solitaria contra con un disparo cruzado que hubiese encontrado la red si no media la mano de Juan Pablo, quizá en su única intervención de la noche... Apenas a balón parado asustó el Sevilla, ya con el máximo especialista en el campo. La bota de Rakitic también ofrece economía del fútbol. Así marcó Cáceres. El uruguayo, con su gol, simboliza el juego estajanovista de Marcelino. Esfuerzo colectivo y victoria por la mínima. No confundir con victoria pírrica. El Sevilla, invicto y sólido, es cuarto de la Liga. Y Marcelino ha igualado el mejor inicio de un técnico debutante en el Sevilla, el de Patricio Caicedo en la Liga 47-48.
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