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Los hermanos Camacho: la foto que sobrevive a los derbis

  • De la mano, y con sus mochilas del Betis y el Sevilla FC a la espalda, Pepe y Jesús representan cada mañana por Los Remedios cómo debe entenderse la rivalidad deportiva en Sevilla.

Pepe y Jesús Camacho, con sus mochilas del Betis y del Sevilla FC, de la mano por Los Remedios. Pepe y Jesús Camacho, con sus mochilas del Betis y del Sevilla FC, de la mano por Los Remedios.

Pepe y Jesús Camacho, con sus mochilas del Betis y del Sevilla FC, de la mano por Los Remedios.

Pepe tiene nueve años; Jesús cinco. Pepe es bético; Jesús sevillista. Son hermanos, y todas las mañanas protagonizan por el barrio de Los Remedios una de las fotos que desprende día a día el don futbolero con el que fue agraciada Sevilla, esa ciudad marcada por una dualidad tan especial que se entiende mejor muchas veces con una imagen que descrita con palabras.

Como en todas las casas, en la de los Camacho también suena a diario el despertador. Los dos hermanos se visten, cada uno coge su mochila y emprenden de la mano el camino hacia el Colegio Marista San Fernando. Y ahí que se van el verde del Real Betis y el el rojo del Sevilla FC a espaldas de Pepe y Jesús.

El mayor, sobre todo, ya se va dando cuenta de que esa carga pesa más o menos cada lunes, dependiendo de lo que haya pasado el fin de semana en los campos de fútbol. De todas formas está rodeado de amigos béticos, así que tiene con quien disfrutar las alegrías y consolarse de los disgustos. De hecho, cuentan que Pepe tenía en principio una cierta debilidad por el Sevilla FC y que ésta se fue diluyendo en sus primeros días de colegio, hace ya algunos años, cuando sus ahora amigos le hicieron decantarse por su Betis. Su hermano en cambio ha mantenido firme desde pequeño el sevillismo que luce en esa mochila roja casi más grande que él, lo que garantiza esa rivalidad tan singular, fraternal y sevillana de por vida.

Y pase lo que pase el domingo en el derbi, Pepe y Jesús son el vivo ejemplo de lo que ocurrirá en el resto de las vidas de los sevillanos. Algunos sonreirán, otros torcerán el gesto, o lo mismo un empate hace respirar a todos. Esta pasión también encierra su dualidad: a veces es una bendición y otras una cruz. En todo caso, los hermanos Camacho, con más o menos guasa, seguirán yendo el lunes al colegio de la mano con sus mochilas verde y roja a la espalda, dando ejemplo por el barrio a los que no saben de qué va esto.

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