A la 'nevera' o al mismo Polo Norte (0-2)

betis - athletic · la crónica

Gil Manzano enloquece después de un derribo de Balenziaga a Rubén Castro y ejecuta al Betis ante el Athletic. Los béticos se quedan con dos menos y el árbitro ni siquiera ve unas clarísimas manos que evitan el 1-1.

N'Diaye reclama las manos de Balenziaga a Gil Manzano.
N'Diaye reclama las manos de Balenziaga a Gil Manzano.
Francisco José Ortega / Sevilla

24 de febrero 2014 - 05:02

El Betis tiene derecho a estar tremendamente indignado. El conjunto verdiblanco camina hacia el descenso por sus propios deméritos, cierto, pero también puede poner el grito en el cielo ante actuaciones arbitrales como la perpetrada ayer por Gil Manzano. Con su escarapela de la FIFA en el pecho como reconocimiento a su calidad a pesar de su juventud, el juez radicado en Extremadura perpetró una actuación escandalosa contra los verdiblancos desde que se volviera loco en el minuto 34 a raíz de un derribo de Balenziaga a Rubén Castro. Es verdad que la caída del delantero verdiblanco fue un pelín exagerada y tal vez pudiera eso llevarlo al error y por ello hasta le mostró una cartulina amarilla, pero a partir de ese momento todo fue un fallo tras otro y, oh casualidad, todos tenía como damnificado al conjunto local para que el Athletic, ¿también casualidad?, fuera siempre el equipo beneficiado.

Apenas un minuto después Sola caía derribado por Perquis dentro del área delante de las mismas narices del propio Gil Manzano, pero éste estaba tan cerca que debió observar que todo arrancaba fuera de la zona que conduce al punto de penalti. Posteriormente sería expulsado Perquis, aunque quizás fuera la única vez en la que acertó el encargado de impartir justicia. Y ya sería el colmo el lanzamiento de una falta de Salva Sevilla previa al descanso que estuvo a punto de acabar en gol de Ander Herrera después de que los vascos cometieran una irregularidad flagrante ante la aquiescencia de un Gil Manzano que ya tenía en ese momento el rostro perdido por esos errores que tal vez martillearan su cabeza por las dudas que cabe suponer que le generarían.

Pero quedaba aún más en el segundo periodo. Para empezar, se pudo ahorrar la segunda cartulina a Reyes. El chileno tocó el balón con la mano y cortó la trayectoria del mismo, pero con la que estaba cayendo ya era fácil haber mirado para otro lado y no hacerle aún más sangre al equipo que estaba viéndose perjudicado la mayoría de las veces. Y la puntilla sería cuando Rubén Castro disparó a puerta con Iraizoz completamente batido y Balenziaga metió su mano para detener el lanzamiento. El marcador registraba un cero a uno, el Betis estaba nueve contra 11 y se podía poner en empate y con un futbolista menos para los 25 minutos que aún debían disputarse, pero nada, Gil Manzano volvió a equivocarse otra vez para el mismo lado. Que los árbitros son humanos y pueden errar, indudablemente que sí, pero siempre, todas las veces, van a tener los errores hacia el mismo lado. Las casualidades, que son muchas, cuando están por medio Real Madrid, Barcelona y... Athletic Club de Bilbao.

Por lo demás, lógicamente, se disputó un partido de fútbol que estuvo equilibrado durante la primera media hora. Calderón se agarró al mismo planteamiento mostrado contra el Rubin Kazán y sólo realizó algunos cambios de pieza. El principal, por supuesto, fue la entrada de Rubén Castro por el costado derecho en lugar de Chuli para mantener a Leo Baptistao en el centro. También entraba Nono por el indolente Igiebor y el resto eran los mismos, incluida una defensa con Juanfran, Perquis, N'Diaye y Dídac.

El Betis planteó el juego con valentía, aunque sería el Athletic quien tendría la primera gran oportunidad para ponerse por delante. Sola le buscaría las espaldas a Perquis para ponerse de gol frente a frente contra Adán. Pero el guardameta verdiblanco evitó que los suyos descarrilaran a los diez minutos. El cuadro de Calderón no se vendría abajo, al menos en apariencia, pero sí concedería la segunda oportunidad a San José en una acción de estrategia con un mal remate.

Y a partir de ahí ya llegaría el escándalo que serviría para desequilibrar a Gil Manzano y con él al partido en su globalidad. Rubén Castro buscó eludir a Balenziaga por el costado derecho, el derribo pareció claro, pero el juez estimó que el canario había buscado el contacto para arrojarse al césped. Tarjeta amarilla para el máximo goleador verdiblanco y el escándalo ya estaba montado. Los decibelios se incrementarían con el derribo, inocente por lo demás, de Perquis a Sola, pues aunque arrancase fuera del área el central francés no tenía necesidad de cometer la falta cuando ya tenía sus espaldas cubiertas a pesar de los metros que le había ganado el atacante en la carrera que ambos sostuvieron desde casi el medio del campo.

La expulsión del propio Perquis sería ya casi definitiva y más aún cuando Reyes tomaba el mismo camino. Pero el Betis sí supo tirar de orgullo para no darse por vencido y para buscar algo que en esos momentos se veía como una auténtica quimera. Tanto que debió llegar el empate en esas manos de Balenziaga. Debió ser y no fue para que el final volviera a ser el mismo. Una tremenda frustración que cuando no es por una cosa endógena es por otra exógena. Si Ayza está en la nevera por expulsar a Cristiano, ¿dónde deberían meter a este Gil Manzano? ¿En el Polo Norte? O en el Sur, igual da.

stats