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De oficio, el resucitador (2-1)

  • El paupérrimo primer periodo del Sevilla en Valencia lo conduce a una nueva decepción como forastero.

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No hay manera de que el Sevilla enderece el rumbo lejos del Ramón Sánchez-Pizjuán. El moribundo Valencia también se aprovechó de las dotes de resucitador que tiene el cuadro de Unai Emery cuando ejerce como forastero y fue capaz de derrotarlo gracias a un gol de Negredo cuando las manecillas del reloj estaban muy cerca de que se finiquitara aquello. Dicho así, sin embargo, podría parecer que todo tiene que ver con la taumaturgia y no, en absoluto fue así. El cuadro sevillista se hizo acreedor, con creces además, a ese nuevo sinsabor con un primer periodo realmente horrible, paupérrimo, en el que posibilitó que el conjunto local se lo comiera pese a sus evidentes limitaciones, sobre todo en el aspecto sicológico.

Unai Emery, mitad obligado por la necesidad de refrescar a sus hombres en medio de la exigente eliminatoria de cuartos de final de la Liga Europa contra el Athletic y mitad por tratar de darle un golpe de timón al manejo de las piezas fuera de casa, planteó un dibujo casi revolucionario en Mestalla. Prescindió de las dos bandas, donde le dejó la encomienda a los dos laterales con más claridad que nunca, e introdujo a Juan Muñoz y Fernando Llorente como delanteros con el teórico apoyo por detrás de Banega y Krohn-Dehli. Eso sucedió sólo en la teoría, pues en la práctica el Sevilla fue una calamidad de equipo, incapaz de engarzar ni una sola jugada, haciendo siempre lo contrario de lo que la situación le demandaba.

Que había una falta con Fazio, Llorente, Krychowiak, Rami y hasta Juan Muñoz y Coke, que también son buenos cabeceadores, en el área, pues Krohn-Dehli pasa el balón para atrás en una estrategia sin mucha explicación y aquello acaba en una acción sin ninguna trascendencia..., que hay un córner con los mismos elementos en el área rival, pues Banega, como casi siempre, lo pone blandito para que el Valencia monte una contra en la que Parejo se queda en un mano a mano delante de Sergio Rico. Y así se podrían ir enumerando muchísimas acciones de un juego en el que los sevillistas parecían ausentes, casi como si ellos fueran los que estaban en la situación de pelear por evitar meterse en las arenas pantanosas de evitar el descenso.

Milagroso fue que el Sevilla no se fuera al intermedio con el marcador decidido en su contra. Santi Mina, que fue titular por la lesión de Piatti en el calentamiento, lo destrozó por la banda derecha de la defensa ayer roja. Pero el fútbol depende de los goles y hasta pudo llegarse cero a cero al descanso de no ser por una falta transformada por Parejo previo roce en un sevillista, aunque la verdad es que después Santi Mina estrelló otro balón en el poste y Sergio Rico evitó el segundo gol de Parejo.

Restaba aún un tiempo entero y al menos Emery podía rectificar. La primera decisión del vasco fue meter a Vitolo en lugar de Juan Muñoz para que todo fuera mucho más normal, después otra vez tiró de los dos delanteros con Gameiro por Cristóforo y ya entonces el Sevilla comenzaba a ser más reconocible. Fernando Llorente le pegaba el primer susto a Diego Alves antes de sufrir un penalti clarísimo por parte de Mustafi que lo confundió con su pareja de baile, en una canción lentísima por supuesto.

El Sevilla, ahora sí, coqueteaba con el empate y dominaba la situación para desesperación del moribundo Valencia. Coke debió firmarlo en un pase de Konoplyanka que lo dejó absolutamente solo, pero llegó tres minutos después en una jugada de calidad. Gameiro se encargó de demostrar el porqué de su titularidad y Mestalla enmudeció con la igualada de los nervionenses.

Incluso se entró en una fase en la que estaba mucho más cerca el 1-2 que el 2-1 por los riesgos que corría el Valencia y por la frescura que demostraba el Sevilla a pesar del lógico cansancio por los esfuerzos intersemanales. Pero esas opciones se esfumaron por una serie de acciones infantiles con faltas innecesarias que permitieron que todo se litigara en el área de Sergio Rico en ese epílogo. Y, claro, quien juega con fuego se quema. Una de esas faltas provocó un barullo, con una mano de Andre Gomes y gol de Negredo. El mejor resucitador del fútbol español 2015-16 había hecho su trabajo y el Valencia lo agradecía.

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