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Esto suena a chino

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Suena a chino, pero no es ningún cuento. En las aulas de la academia fundada por Marco Antonio Guerra en Sevilla se escuchan palabras, frases y alguna que otra conversación en mandarín. Hace sólo año y medio que el Centro de Estudios de Asia Oriental (CEAO) abrió sus puertas en la capital hispalense, pero su crecimiento da cuenta del elevado interés por la lengua y la cultura del gigante asiático. Si en su primer año de funcionamiento (curso 2011-2012) fueron 40 los alumnos que se acercaron al chino, este ejercicio (2012-2013) se han más que duplicado, hasta alcanzar los 100. A la vista de la evolución, es lógico que Guerra, en un ejercicio de realismo más que de optimismo, espere llegar a los 200 estudiantes el curso que viene.

El emprendedor sevillano, ingeniero mecánico de formación, se enamoró de la lengua china hace mucho. La empezó a estudiar hace cinco años en la primera promoción de mandarín de la Escuela de Idiomas y, tanto se entusiasmó, que acabó dejando un puesto de responsabilidad tras siete años en una multinacional para montar su propio negocio. "Mi interés por todo lo relacionado con China me llevó a relacionarme con muchos chicos de aquél país que venían a estudiar español a Sevilla; con muchos de ellos he fraguado amistades sinceras, casi de hermanos, que me llevan a viajar al gigante asiático cada verano", indica Guerra.

Para arrancar la aventura no hizo falta demasiado dinero. "Con mis ahorros y el apoyo de la familia fue suficiente, no tuvimos que recurrir a los bancos", explica. Al principio la academia se ubicó en una oficina en la zona de la Alameda de Hércules, pero un año después, en septiembre de 2012, se mudó a un local más amplio en la Plaza del Giraldillo -cerca de la Ronda de Capuchinos-. "El incremento del alumnado nos empujó a dar el salto, así como el deseo de empezar a impartir otras lenguas como el japonés o el coreano, y a albergar otro tipo de actividades como talleres de papiroflexia, de nudos chinos o ciclos de cine asiático", señala el joven sevillano de 35 años.

El perfil de los estudiantes de CEAO -www.ceao.es- es de lo más variado: desde parados que buscan completar su formación para abrir nuevos horizontes laborales, a estudiantes universitarios, ejecutivos y empresarios con planes de hacer negocios en China, o trabajadores a los que sus compañías destinan allí.

Las clases de mandarín no tienen límite de edad. "Las impartimos desde los cuatro años en adelante y elaboramos nuestro propio material didáctico para que el aprendizaje sea lo más sencillo y eficaz posible", avanza Guerra. La academia ya cuenta con cuatro profesores -dos imparten chino, uno japonés y uno coreano-, todos ellos nativos excepto el fundador sevillano -también enseña mandarín-.

Para los que tienen tiempo, están los cursos anuales. Para los que no, los intensivos. Los primeros consisten en dos días de clase a la semana (2,5 horas en total) en horario de tarde, mientras que los segundos son de un mes de duración (10 horas semanales, 40 en total) y por las mañanas. El año pasado sólo se impartió un curso intensivo, en julio, pero por el éxito que tuvo, la academia decidió incorporar uno más este año, en enero, que se sumará al del próximo verano.

Los grupos van de cuatro a 10 alumnos, ya que es un compromiso de la academia impartir una enseñanza cercana y personalizada. "No damos títulos, pero sí preparamos a las personas para que puedan superar las pruebas oficiales del instituto Hanban, ya que cada curso nuestro equivale a un nivel HSK", asegura Guerra. Es más, de los 40 alumnos que tuvo el CEAO el año pasado, 20 se presentaron al examen -el centro examinador más cercano se encuentra en Granada- y todos, el 100%, lo aprobaron, lo que no es mala carta de presentación.

Los planes pasan por que el centro de estudios genere beneficios ya en 2014. "Ahora es lo comido por lo servido, de lo cual no me puedo quejar dada la corta andadura de la empresa", añade. Guerra ya está estableciendo contactos con centros de formación privados de China para que sus alumnos vengan a estudiar español aquí. Será otra puerta de oportunidad.

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