Emilio Calatayud | Juez de menores "Para lo que me queda en el convento..."

Emilio Calatayud. Emilio Calatayud.

Emilio Calatayud. / Carlos Gil

Por pillar a su señoría, el cuestionario empieza por Calatayud, donde nunca hay que preguntar por la Dolores. Y el señor juez, que sabe mucho pero no de todo, admite que lo hemos pillado. Emilio Calatayud (Ciudad Real, 1955) imparte justicia en el tribunal de menores de Granada. Sus virtudes oratorias y su contundencia, hoy políticamente incorrecta, de llamar al pan, pan y al vino, vino lo han convertido en un magistrado mediático. En poco menos de cinco años cuelga la toga. Eso dice ahora...

-Haga honor a su apellido. ¿Cuál es el gentilicio de Calatayud?

-Pues me ha pillado.

-Bilbilitano.

-Ah, es verdad, sí.

-Ésa era una pregunta complicada. Complete los versos de esta estrofa: Si vas Calatayud, / pregunta por la Dolores...

-Ehhh. Que es una chica no sé qué... Estuve allí en la venta de la Dolores.

-Que una copla la mató / de vergüenza y sinsabores.

-Eso no lo sabía yo. Pero he estado allí tres veces.

-¿Tan prenda era usted de chaval?

-Son las malas lenguas. Bueno, sí, he hecho de todo, como se hacía en aquella época. De pequeño, de joven... toda la vida hemos hecho trastadas.

-¿Qué pena le habría impuesto el Calatayud juez al Calatayud niño?

-La que me pusieron: interno en Campillos y a trabajar en un garaje.

-Conserva el sentido del humor tras estudiar en Campillos y estudiar la carrera en Deusto. ¡Vaya meritazo!

-Pues sí, las vueltas que da la vida. Estuve en Campillos un verano, con 13 años, porque suspendí ocho. Después aprobé las ocho y dos grupos de reválida. Y en febrero, el tercer grupo de reválida. Pero en quinto me cargaron cuatro y me metieron en un taller a 300 metros de mi colegio: a cambiar ruedas, lavar camiones, descargar camiones y demás. Y ahí ya me enderecé un poquillo.

-Si lo llegan a pillar dando el cambiazo en el examen de Derecho Administrativo, no acaba de juez...

-Hombre, claro, no acabo ni de abogado. Pero no me pillaron. Es el juego de la vida y la muerte. En aquella época se copiaba siempre y la lucha del profesor era que no se copiasen y la de los alumnos era copiar. Yo me la jugué y salió bien. Es el único 10 que tengo en la carrera.

-¿Los zagales de ahora saben más de leyes que Perry Mason?

-Sí, sí, y que Ironside. Lo que pasa es que ya están con las nuevas tecnologías, pero son muy leídos y muy escribidos los niños de ahora.

-Con el debido respeto, usted acojona tela con ese vozarrón y esa forma de decir las cosas.

-Impresiona pero ya están acostumbrados. La gente me conoce por la voz aunque lleve la mascarilla. Algo debo impresionar a los chavales. Una choricilla mía vino hace muchos años a un juicio con su niño, que tendría unos mesecillos, y me dijo: "Don Emilio, no hable usted así que se me está cagando el niño".

-¿Da fe tras años de carrera judicial de que el sentido común es el menos común de los sentidos?

-Es el menos común de los sentidos y es fundamental para aplicar la Justicia.

-Fuma y bebe. ¿No le regañan sus hijos?

-Sí, pero estoy ya dejando de fumar. Y bebo lo normal: mi cervecita y de vez en cuando mi cubata. Todo con moderación es bueno.

-Jean-Paul Sartre dijo que "el infierno son los otros". En algunos casos, dan ganas de decir como de los Reyes Magos, que "el infierno son los padres".

-Pues sí. Y los hijos. Como digo siempre: niños pequeños, problemas pequeños; niños grandes, problemas más grandes, y niños más grandes, problemas más grandes. Te quitas el problema cuando te mueres.

"Más de 5.000 chavales que condené me han dado las gracias y con alguno me tomo una cerveza"

-Si hay asociaciones que defienden los derechos "de los niños y de las niñas", ¿es acaso usted juez de menores y menoras?

-Sí, de los que tengan menos de 18 años... Pero ya no sabe uno lo que son: menores, menoras, pansexuales, asexuales... Ya no se sabe. Además, ahora voy a poder cambiar de sexo y lo mismo está hablando usted ahora con una jueza.

-Dice sin tapujos que el móvil es una droga, ¿lo prohibiría antes de los 16?

-Antes de los 14 sí. Aquí se puede prohibir todo, hasta llamar a las cosas por su nombre.

-Sí, porque usted no se muerde la lengua.

-Como dice mi mujer: para lo que me queda en el convento...

-Los niños y los adolescentes no dejan a sus padres que les bicheen pero con las redes sociales exhiben sus vidas hasta en Vladivostok. ¿No es un contradiós?

-Sí, los menores han perdido la intimidad y luego se enfadan con los padres porque les registran el móvil.

-Abandonó su afición al Madrid porque sus jugadores anunciaban casas de apuestas. Habrá renunciado al fútbol, al cine... a todo, ¿no?

-Cada vez veo menos películas y el fútbol me ha defraudado mucho. Soy merengue y del Granada, pero no me gusta el patrocinio de las casas de apuestas. Me da vergüenza.

-¿Hacen falta más modelos como Rafa Nadal y menos como Cristiano Ronaldo?

-Por supuesto. A Nadal no lo conozco, pero sí a su tío Toni y es un ejemplo.

-¿Cuántos mozos le han dado las gracias cuando llegaron a adultos?

-Muchos, no le puedo decir un número, pero más de 5.000. Tengo amigos a los que condené mucho tiempo. Me dan las gracias y nos tomamos una cerveza cuando nos vemos por la calle.

-¿Qué opina de los disturbios juveniles en Cataluña en nombre de la independencia o de la libertad de expresión?

-Hay más tontos que botellines. Son bandas organizadas y subvencionadas por no sé quién. Se debería castigar más.

-¿Algún comentario sobre la ley orgánica de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, alias Ley Rhodes?

-No entiendo nada de lo que me ha dicho. Mire, no me creo nada hasta que no salga en el Boletín Oficial del Estado.

-Asegura que en España no tenemos término medio y somos muy políticamente correctos. ¿La sociedad está infantilizada?

-La sociedad está idiotizada, estamos enfermos.

-Lleva 41 años de juez y se puede jubilar. Los niños malos y los padres incapacitados no verán la hora...

-No creo. Tomé posesión el 31 de octubre del 80, así que calcule. Seguiré mientras el cuerpo aguante y los políticos no me toquen las narices. Mi idea es jubilarme a los 70, aunque podría seguir hasta los 72.

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