Martín Domingo | Abogado y columnista "Practicar el género facilón del derribo es de malas personas"

"Practicar el género facilón del derribo es de malas personas" "Practicar el género facilón del derribo es de malas personas"

"Practicar el género facilón del derribo es de malas personas" / Carlos Gil

Martín Domingo (Granada, 1969) debutó como "plumilla" en la revista del colegio cuando tenía tan sólo 13 años y desde entonces no ha dejado de escribir columnas. Se licenció en Derecho en la Universidad de su ciudad natal, donde también estudió italiano en la Facultad de Traducción e Interpretación. Ha sido articulista en numerosos diarios y medios digitales, así como colaborador en programas de televisión y radio. En la actualidad ofrece su opinión sobre los temas más diversos desde el espacio El lanzador de cuchillos en el Grupo Joly.

-El título de su libro, Artículos para envolver pescado, se debe a la frase Walter Lippman: "Las grandes exclusivas de hoy sirven para envolver el pescado de mañana". ¿El pecado de la prensa es la arrogancia?

-La arrogancia y la soberbia son defectos inherentes al periodismo, pero el gran pecado actual de los medios de comunicación, para mí, es el contrario: el sometimiento ovino, por cobardía o por convicción, a la tiranía de la opinión social prevalente. La prensa, por esencia, debería ser un dique de contención contra la uniformidad y los apriorismos.

El alimento del opinador es la actualidad y la actualidad viene como viene, no se deja elegir"

-Su primera recopilación de artículos tenía otro título irónico, El vendedor de crecepelo. ¿Hacía referencia a lo mismo?

-Sí, ¡un vendedor de crecepelo calvo! Era una paradoja que me gustaba porque le quitaba hierro al asunto. Era como decir: aunque a veces me ponga muy enterado, no me tomen ustedes demasiado en serio. Bueno, como decía Camba, ni demasiado en serio ni demasiado en broma.

-¿Ha conocido a muchos arrogantes en el gremio de los articulistas o no tiene trato con ellos?

-Tengo la suerte de ser amigo de algunos de los mejores, como Ignacio Camacho o Jorge Bustos, que, además de finos analistas y extraordinarios escritores, son unos tíos de puta madre.

-Presidió la Fundación Granada Club de Fútbol. ¿Hay más vanidad en el mundo del periodismo o del deporte?

-No sabría decirle. Pero el mundo del deporte está repleto de gente virtuosa. Dicen que España se parece a sus políticos. Yo prefiero pensar que somos más Rafa Nadal o Carolina Marín que Quim Torra y Carmen Calvo.

-¿Cómo celebró la victoria ante el Barcelona?

-Aplaudiendo al equipo en Los Cármenes al final del partido. Cuando hace casi quince años un grupo de amigos decidimos arrimar el hombro para que un club histórico no echara la persiana, a veces nos tomábamos unas copas y fantaseábamos con un Granada líder de primera. El otro día tuve que pellizcarme.

-Pudo conjugar sus dos pasiones, fútbol y literatura, en el libro colectivo Pidiendo la hora. ¿Está de moda que a los artistas e intelectuales les guste el fútbol como rasgo de campechanía?

-Hace mucho tiempo tuve una columna de fútbol pero, por entonces, el género futbolero-cultureta no se había convertido aún en un coñazo insoportable. Ahora, con mis colegas presumo de pionero. De tercera, pero pionero.

-¿Está de acuerdo con Jorge Bustos cuando afirma en el prólogo que "se escribe mejor contra alguien"?

-Jorge dice que se escribe mejor contra alguien, pero también que practicar el género facilón del derribo es de malos columnistas. Y de malas personas, añado yo. Por eso, me gusta ser incisivo, pero procuro no descuidar dos virtudes comunes al opinador y al lanzador de cuchillos: la precisión y la puntería justa, que son imprescindibles para no herir.

-¿Hay articulistas que viven de la incorrección y otros de la corrección?

-Los hay. A mí me gustan los articulistas moderados en el fondo, pero radicales en la forma. Un columnista tiene que llevarte de las solapas hasta la última línea del artículo. Pero es importante que cuando lo termines no te entren ganas de invadir Polonia.

-Como no se puede ser experto multidisciplinar, ¿la voluntad de estilo es el salvoconducto del columnista?

-El estilo es la imagen de marca del columnista.

-Por ejemplo, en este libro se encastra un artículo sobre la vuelta de 091 entre uno de la muerte de Aylan y otro de un ataque terrorista en París. ¿La vida es así?

-La vida, como cantan los 091, que gozan de una feliz resurrección, es mala. El alimento del opinador es la actualidad y la actualidad viene como viene, no se deja elegir.

-¿Se corre el peligro de ser pendular en exceso para mostrar independencia?

-El peligro está más bien en ir de una esquina a la contraria por tratar de ser original. Se trata de ser independiente, no extravagante.

-¿Se ha llegado ya al punto en el que usted advertía que "se leerán crónicas escandalosas de un ministro o un alcalde que devolvieron al vídeoclub una película sin rebobinar"?

-La política -en realidad, cualquier cosa que te dé una cierta relevancia pública- se ha convertido en una actividad de altísimo riesgo. Es verdad, que los políticos muchas veces dejan la pelota botando. Con be.

-Aunque sea sin decir de dónde venían, ¿alguna vez ha recibido presiones?, ¿se le ha quedado algún artículo en el tintero?

-Alguna vez, pero muy pocas. Imagino que a los importantes les ocurrirá más a menudo.

-Tras tantos años de análisis escrito, ¿cuáles son los tres grandes males de la sociedad española?

-Todos los males de España se resumen en uno: no se respeta a sí misma. Tenemos un ejemplo reciente: Errejón ha sido incapaz de incluir en su nueva plataforma electoral el nombre de la nación que pretende gobernar. Más País no parece el nombre de un partido, sino el de un dominical.

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