"Cuando eres madre, ya nunca dejas de tener miedo"
Carme Chaparro. Periodista, escritora y presentadora de informativos

Carme Chaparro (Barcelona, 1973) fue periodista, presentadora y editora de informativos, antes que escritora. Cuenta que tardó mucho en reconocerse a sí misma en esta última faceta, ya consolidada, cinco novelas, un ensayo y un libro infantil después. Protagonizó un debut deslumbrante en 2017 con su primera novela, No soy un monstruo, que fue Premio Primavera. En Castigo, su última obra, repite con el género en el que se siente más cómoda: un thriller donde mezcla periodismo, investigación policial, traumas infantiles y adopciones irregulares.
–Un crimen y los entresijos de los medios de comunicación son dos ingredientes claves en sus libros. ¿Podemos decir que los ha convertido en su seña de identidad?
–Yo creo que sí. Por un lado, porque es un mundo que conozco y me es muy fácil escribir sobre televisión. Y, por otro, porque me gusta mucho poner al espectador en una posición como de Dios, por encima de todo. Es decir, no sólo viendo lo que le ofrece la pantalla, sino lo que hay alrededor, lo que pasa en las publicidades, lo que les dicen los directores a los presentadores, lo que sucede en los despachos, cómo se seleccionan las noticias o cómo se elige los presentadores. También lo uso como un juego en el que me gusta meter al lector.
–También es muy común la presencia de niños, en distintos perfiles y papeles...
–La maternidad, y la paternidad, por supuesto, es una de las cosas que más te marcan como persona a lo largo de la vida. Es de esos hechos que te cambian. Y aquí creo que es importantísimo el tema de los miedos que vienen con ella. Cuando eres madre, ya nunca dejas de tener miedo. Nunca. Además, dedicándote a algo como el periodismo, en el que contamos cosas horrorosas que le suceden a niños, ves cómo el ser madre hace distinto la forma en la que te enfrentas a esos hechos, además del dolor que te llevas, que antes no te llevabas. Por ello, el contar con niños en mis obras puede entenderse como un homenaje a todas las familias que sufren, pero también es una forma de mostrar cómo los periodistas nos llevamos a casa ese dolor y cómo nos callamos muchos detalles que conocemos por fuentes de la investigación y que no contamos porque sólo pueden hacer daño.
–En Castigo comienza de forma directa, presentando el hilo conductor sin rodeos desde la primera página. ¿Nace esa forma de presentar la trama de sus libros de su trabajo como periodista?
–Indudablemente. Los periodistas tenemos muy poco tiempo para explicar las cosas. En un informativo, las entradillas de un presentador son de 10 ó 15 segundos y luego los vídeos van de 45 a 60. Es muy poco tiempo. Y, por todo ello, yo diría que mis libros son tan vertiginosos y pasan tantas cosas. Porque vengo de un formato como es la tele en la que tienes que resumir todo lo que pasa en muy poco espacio y, además, hacerlo de manera que el espectador se quiera quedar hasta el final. Ese golpe de efecto al principio lo he trasladado a mis libros.
–¿Cuál diría que es el verdadero origen de este libro?
–Hay dos momentos reflejados que son los que me empujaron a escribirlo. El principio se me ocurrió llevando a las niñas en coche al colegio, escuchando el programa Anda ya de Los 40 Principales y su espacio para felicitaciones de cumpleaños. Pensé que la gente es muy buena porque son momentos en directo que se pueden utilizar para sorpresas menos agradables o utilizarlo para venganzas. Por otro lado, me sirvió también de inspiración un estudio que leí sobre niños adoptados en los orfanatos de Ceaucescu. Me marcó la existencia de esos centros con niños hambrientos, sin cuidados y deshumanizados, que despertó una ola de solidaridad por la que fueron adoptados casi todos. El estudio analizaba cómo había influido esa circunstancia en la evolución como seres humanos de esos niños. Entre las múltiples cosas que se vieron, una fue que el sufrimiento infantil encoge el cerebro. Pues de ese principio y ese lugar al que yo quería llegar, de alguna manera, salió Castigo.
–¿Por qué novela negra?
–Es una manera natural a la que me lleva el periodismo. Es cierto que mucho de lo que contamos los periodistas a diario es thriller, e incluso la política se ha convertido hoy en día en thriller. Además, para mí también es algo fácil de contar porque al final recurres mucho al archivo emocional de lo que te han dolido las cosas que has contado en pantalla y al archivo mecánico de cómo han sido las cosas que has contado. También es una excusa para los retos que le voy poniendo al lector a lo largo de la novela.
–¿Cuánto ha cambiado la Carme Chaparro de No soy un monstruo a la de Castigo?
–Ha cambiado, en primer lugar, porque yo no me he atrevido a llamarme a mí misma escritora hasta hace muy poco, pero también porque la escritura para mí es terapéutica. Esta etapa me ha coincidido con facetas de cambios de rumbo vitales y profesionales y, sin duda, escribir me ha hecho mejor persona.
–Todo en el periodismo se está renovando. ¿Cree que ha llegado la hora de darle una vuelta también al clásico informativo?
–Hace unos años hubiera dicho que sí, pero ahora le digo que no. Ahora tenemos toda la tecnología a nuestro alcance y el espectador tiene toda la información, y la información falsa también, al alcance de su mano en el móvil. Por eso creo que ahora más que nunca es el momento de la credibilidad de una persona mirándote a los ojos a través de la pantalla y contándote lo que ha pasado ese día o lo que es remarcable de lo que ha pasado ese día, contextualizando las noticias e intentando hacerlo de la manera más perspicaz posible, sin dar opinión.
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