Macarena López Ojeda | Relaciones Públicas e Institucionales del Real Club Sevilla Golf "En los trabajos hay que sentir los colores"

"En los trabajos hay que sentir los colores" "En los trabajos hay que sentir los colores"

"En los trabajos hay que sentir los colores" / Millán herce pagliai

Entusiasta, apasionada y optimista son los adjetivos que se vienen a la mente al conocer a Macarena López Ojeda (Sevilla). Relaciones Públicas e Institucionales y directora de Actividades Sociales y Culturales del Real Club Sevilla Golf desde hace 26 años, siempre ha estado vinculada al mundo del arte. Trabajó durante seis años con la galerista Juana de Aizpuru y supo quedarse con lo mejor del arte para llevarlo siempre por bandera. Sabe que su vida es una aventura, por eso la vive libremente e intenta exprimir al máximo todo lo bueno que ésta le ponga por delante.

-Lleva más dos décadas al frente de las actividades sociales y culturales del Real Club Sevilla Golf. ¿En qué consiste su trabajo?

-Soy un poco mujer orquesta. Me dedico a las actividades sociales y culturales, a las actividades infantiles, la venta de socios y las relaciones públicas e institucionales. Una mujer orquesta, porque si hay que limpiar, se limpia, si hay que pintar se pinta, y así con todo. Es un poco la extensión de lo que fui antes de entrar aquí, que estaba muy relacionada con las galerías de arte, los pintores, con los galeristas... Todo eso lo intenté desarrollar aquí.

Los años ochenta fueron una aventura; era una gran explosión en la que todos compartíamos"

-¿Cómo considera que ha evolucionado el golf con el paso del tiempo?

-Cuando entré aquí es cuando empezó a socializarse más. En ese momento se produjo una democratización del deporte al ofrecer la posibilidad de pertenecer a un club por un precio asequible. Ahora mismo el golf llega a muchísima más gente, aunque no es tan popular como el fútbol, ni de lejos.

-¿Cómo de cierto es eso de que en los campos de golf es donde se cierran los grandes negocios?

-Más que cerrar es conectar. Aquí se crean sinergias porque de repente confluyen muchas personas que después de varias horas hablando pueden llegar a un entendimiento. Se pueden cerrar cosas, sí, pero no como a la americana.

-¿Cree que el carácter social del golf le ha permitido fusionar de manera natural cultura y deporte?

-En la medida de mis posibilidades lo hago. Creamos un club de lectura con el que estuvimos trabajando muchos años. A raíz de eso desarrollamos un club cultural con mucha demanda. Lo mismo vamos a ver una exposición de Martínez Montañés que vamos a ver la última muestra de arte contemporáneo. La cultura hace grande a las personas y nosotros tenemos un grupo muy unido. Vamos de exposiciones y luego nos tomamos una cerveza, lo pasamos muy bien.

-Tiene una implicación muy fuerte con su labor.

-Soy así. Muchas veces me levanto pensando en el club, en lo que le haya podido pasar a un socio. Pero es que cuando trabajaba con Juana de Aizpuru era igual. Soy muy pasional y muy comprometida. No entiendo que alguien diga "este no es mi tema" y se desentienda. Te viene un problema y, aunque no sea tu tema, tú lo tienes que resolver. En los trabajos hay que sentir los colores, como en el fútbol. No es obligatorio, pero es una premisa fundamental.

-¿Cuál es el mayor logro cultural que ha conseguido como directora de Actividades Sociales y Culturales?

-Le tengo especial cariño a una exposición de Atín Aya porque es la última que hizo en vida. Era una exposición con Gloria Rodríguez e Inma Puchal y él no pudo venir ni a la inauguración. Le tengo especial cariño porque, además, era amiga de Atín desde siempre.

-Tengo entendido que guarda especial cariño a los años ochenta.

-De mis años ochenta tengo a dos pintores preferidos. Aunque se conocen, son muy diferentes entre sí. Uno es José María Larrondo y otro es Rafael Agredano. Son dos personajes muy importantes para mí. Aunque haya más pintores, es a los que más sigo viendo y a los que más cariño tengo.

-¿Cómo le marcó esa época?

-Yo era una moderna, o iba de moderna. Empecé psicología, aunque tendría que haber sido abogada. En el 80 nació mi hijo y me desvinculé un poco de todo. Luego me metí en el mundo del arte y me fascinó. Es duro, porque hay muchas individualidades. Pero ahí siempre me han cuidado y me he sentido querida por ellos. Sé que me aprecian y me siento muy cómoda en ese mundo. Los años ochenta fueron la aventura. Era una explosión en Sevilla, una gran mezcla en la que todos compartíamos. Diseñadores, pintores, galeristas, todos íbamos en bloque a los sitios. Ahora es un poco diferente.

-Estuvo trabajando seis años con Juana de Aizpuru, ¿cómo fue la experiencia?

-La quiero muchísimo. Es una persona muy difícil pero es asombrosa. Me parece una mujer con muchísimo valor para la época en la que empezó a moverse. Una mujer en un mundo de hombres que abrió una galería de renombre. Ella era muy madre con los pintores, hacía las exposiciones y nos daba de cenar. Era muy divertido. Siempre sacaba de postre tarta de piñones porque le encanta. Mi hijo recuerda cuando Juana venía a casa, lo sentaba en su regazo y se ponía a ver los cuadros.

-¿Cree que el arte, actualmente, está sometido a clichés y estereotipos?

-Ha cambiado muchísimo. En la época en la que trabajaba con Juana, los pintores estaban asalariados, tenían un sueldo y sólo se dedicaban a pintar. Ahora el pintor es el hombre orquesta, tiene que hacerlo todo. Por eso me encanta apoyar a las galerías nuevas. Ahora poner una galería es muy complicado.

-¿Puede que a la sociedad le falte un poco de cultura con respecto al arte?

-La gente sigue yendo a las exposiciones por su componente social. Tampoco quiero sentar cátedra, sólo soy una apasionada del arte.

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