Arturo Fernández

"La mujer es infiel cuando ya no ama a ese hombre"

  • "Los cuernos de cintura para abajo es mejor no contarlos; y los de cintura para arriba no vivirlos".

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Arturo Fernández (Gijón, 1930) debutó como actor hace más de medio siglo, aunque antes fue boxeador. Ha protagonizado 63 películas y ha participado en series de televisión como Truhanes y La casa de los líos, pero su gran vocación es el teatro. Durante décadas ha sido el galán mujeriego más famoso. Creó su compañía, y ahora es director y actor principal de Los hombres no mienten, premio Molière 2010 a la mejor obra francesa. Fue estrenada en el Teatro Amaya de Madrid el 21 de septiembre y ha agotado las entradas todos los días. En la primavera de 2012 la representará en Sevilla y otras ciudades andaluzas.

-¿Cómo se puede ser un galán con más de 80 años?   

-¡Pues como Arturo Fernández! No hay  secretos.

 

-Algún truco tendrá.

-Se puede ser un galán con más de 80 años y no serlo a los 40. En mi caso, he intentado ser un primer actor con un físico agradable, y decir lo que escriben otros con un tono de autenticidad, para que llegue al público. 

-¿Y todavía liga?

-¡Bueno! La que se deja no se me escapa. 

-Ha sobrevivido a todo...

-He sobrevivido a una guerra civil y a una posguerra, a una guerra mundial y a suposguerra, a la crisis de ahora… En el teatro también he sobrevivido. ¿Por qué? Cuando empiezas debes hacerlo por abajo. Ahora todo el mundo tiene prisas. Los actores de mi generación fuimos poco a poco. Yo pasé por todas las facetas hasta crear mi propia compañía, desde hace 49 años.

-Su última obra se titula 'Los hombres no mienten'.

-Posiblemente sea la comedia más importante que ha caído en mis manos. Recibió el premio Molière 2010 a la mejor obra del año en Francia. Yo protagonicé otra comedia del mismo autor, Eric Assous, que se titulaba La montaña rusa. Fue un éxito y pensé que no encontraría otra así, pero ésta es superior. Trata un tema universal, como es la infidelidad.

-¿Los hombres no deben mentir en la infidelidad?

-Le contesto sinceramente. Pienso que es mejor mentir y no contar una infidelidad para no perder la pareja. Me refiero a los casos en que es una relación accidental, sin más trascendencia. Cuando es una relación que entra en tu vida, ya es distinto.

-O sea, la eterna disyuntiva entre amor y sexo, ¿no?

-Distingo entre los cuernos de cintura para abajo y los cuernos de cintura para arriba. Los de cintura para abajo es mejor no contarlos. Y los de cintura para arriba es mejor no vivirlos; pero si llegan, hay que contarlo, aunque sea doloroso.   

-¿Se debe perdonar una infidelidad? 

-Todo depende del grado de amor. Si se trata de un hombre, y lo sigue negando, es porque ama a esa mujer y no quiere perderla. Sin embargo, el hombre no la suele perdonar.

-¿Por qué perdona menos el hombre?

-La mujer suele ser más permisiva. Pero, cuando una mujer es infiel, lo normal es que ha dejado de amar a ese hombre y ya no hay nada que hacer en esa relación. Para contestar bien, lo mejor es ver esta obra, y a la salida tendrán las respuestas. Hay anécdotas muy divertidas, como la vida misma. 

-¿Las mujeres de hoy son más infieles?

-La vida ha cambiado. Antes no había tanta libertad como tiene la mujer de hoy. También es cierto que antes aguantaban mucho, y que a veces era por una dependencia económica. Ahora la mujer se ha liberado y, lógicamente, aguanta menos. Además, ahora no hay un compromiso en la pareja. Todo cambia… Antes, cuando la gente estaba contenta, iban cantando por la calle y ahora no canta nadie.

-¿No han protestado las feministas por eso de que los hombres no mienten?

-No. Y me molestaría que las feministas guapas se enfadaran.

-¿El teatro está en un buen momento? 

-Según me va a mí, sí. Desde que estrené en Madrid el 21 de septiembre, hemos llenado el teatro Amaya todos los días. Aunque no es significativo, porque siempre hubo éxitos y fracasos.

-Pero habrá diferencias con el teatro de los años cincuenta, cuando empezó...

-La principal diferencia es que hay escasez de autores de calidad en España. Eso nos obliga a buscar autores extranjeros y traducirlos. La diferencia también es grande en las interpretaciones. Ahora se abusa de actores famosos de televisión. Y no es eso. El actor del teatro debe estar muy preparado, especialmente en la comedia.

-¿Cree que la comedia requiere más preparación? 

-Pienso que el género más difícil de interpretar y de escribir es la comedia, porque hay que conseguir la complicidad del público.

-¿Por qué prefiere el teatro al cine o la televisión?

-He protagonizado 63 películas y también dos de las series más importantes de televisión, pero un actor o una actriz se hace en el teatro; y la cumbre es tener tu compañía. La gente me ha sido muy fiel en el teatro. Mis puestas en escena, tanto en decorados como en presentación, son las mejores, porque soy perfeccionista, y todo se lo debo al público.

-¿Quiénes son los mejores actores que ha conocido? 

-Cuando empecé, había actores extraordinarios, como Rafael Rivelles y Antonio Vico. Actualmente, hay actores que cumplen, pero no son así.

-¿Y las mejores actrices?

-He tenido la fortuna de trabajar con las mejores actrices españolas. He conocido algunas de un glamour excepcional, con un saber estar y hacer como ya no lo hay. Por supuesto, podría citar a algunas que han perdurado como Lola Herrera, Concha Velasco, Amparo Rivelles y muchas más.

-¿Cuál cree que ha sido su mejor interpretación? 

-No lo sé. Para mí, la que interpreto hoy es la mejor... ¿Quién soy yo?, de Juan Ignacio Luca de Tena, me consagró a finales de los sesenta. Con Pato a la naranja estuve cinco años en la cartelera. Pero el mejor personaje es siempre el último, como pasa en el amor.

-¿Los políticos españoles son buenos actores?

-¡Qué duda cabe que sí! Necesitan ser buenos actores y convencer, pero el resultado es nefasto. Ahora necesitamos gestores, no actores. Pienso que en España sobran partidos. A excepción del PP y el PSOE, todos los demás son prescindibles. 

-Usted apoyó al PP...

-Nunca hice campaña electoral para el PP, aunque sí comparto su programa.  

-¿Qué le queda por hacer en el teatro?

-Estoy muy satisfecho de mi carrera. No cambiaría nada. Tampoco interpretaría un drama… Al final, quien te retira es siempre el público, cuando deja de ir a verte. Pero ese no es mi caso, porque estoy llenando el teatro todos los días.

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