Maragall evoca su "soledad" ante el 'Estatut' y las "cicatrices" del 3%

El ex presidente catalán critica el "inmovilismo mayoritario del entorno político y social" de Zapatero

Efe / Barcelona

28 de noviembre 2008 - 05:05

El ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall evoca en sus memorias la "soledad" que sintió en muchos momentos de su trayectoria política, al no verse arropado por su partido, el PSC, que no le apoyó en la polémica del 3% y que, como José Luis Rodríguez Zapatero, mostró reticencias al Estatuto.

Oda Inacabada (RBA Editores) es el título de las memorias de Maragall (Barcelona, 1941), en las que el alcalde de la Barcelona olímpica y ex líder del PSC relata con cierta amargura los choques que tuvo a lo largo de su carrera con la familia socialista.

Uno de los momentos más evidentes del distanciamiento entre Maragall y el aparato del PSC fue a raíz de su polémica acusación a CiU, en sede parlamentaria, por beneficiarse de comisiones ilegales del 3% en la adjudicación de obra pública, "uno de los episodios más duros de mi carrera y probablemente el que más cicatrices me dejó". Lo que más le "sorprendió" no fue la lluvia de críticas que tuvo que soportar por la "inoportunidad" de sus palabras, sino que "la mayoría mostrara también su desacuerdo con el fondo del hecho". "Nadie quiso profundizar en la cuestión, estrechamente ligada al tema nunca resuelto de la financiación de los partidos. Ni mi partido me apoyó", lamenta.

En este punto, Maragall destaca que "la soledad se puede superar, pero no la creencia de que tus compañeros de la dirección del partido han pasado de tolerarte con más o menos simpatía por tus ideas a abandonarte y a discrepar abiertamente de ti".

También constata su "soledad" en el proceso de aprobación del Estatuto, en el que lanza un velado reproche al primer secretario del PSC, José Montilla, y a la Ejecutiva del partido, por propinarle un "golpe político" al proponer enmiendas al texto aprobado por el Parlamento catalán, incluido el PSC, el 30 de septiembre de 2005.

Retrata a Montilla como una persona "que no se deja conocer demasiado, como mínimo para quien no forma parte de su círculo más íntimo, o a lo mejor ni así".

Tampoco ahorra reproches para Zapatero, a quien acusa de echarse atrás de su inicial promesa de apoyar el Estatuto del Parlament, "empujado por la fuerza de un inmovilismo mayoritario en su entorno político y social".

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