C's y Podemos sacan músculo

Rivera e Iglesias muestran sus credenciales con llenos en Vistalegre y en la Caja Mágica Rajoy hace de la veteranía un grado y alerta del riesgo de votar a "perdedores" Sánchez calienta el cara a cara de hoy arremetiendo contra "el amigo de Bárcenas"

Roberto Pareja

14 de diciembre 2015 - 06:00

Doble demostración de fuerza de los emergentes, doble baño de masas de Albert Rivera y de Pablo Iglesias en Madrid a una semana del baño de realidad de las urnas, mientras que Pedro Sánchez calentaba en Valencia su cara a cara de hoy con Rajoy, que pinchó en su feudo de Las Rozas, con una plaza de toros con algunas calvas en un graderío donde, con bufanda azul del PP al cuello, relució el padre del opositor venezolano Leopoldo López, condenado a casi 14 años de cárcel por instigar las manifestaciones que provocaron la muerte de 43 personas y centenares de heridos. Otra patada en la espinilla de Podemos, al que sus rivales ponen sin descanso ante el espejo del fantasma de su connivencia con el chavismo.

El Palacio de Vistalegre, uno de los símbolos socialistas por excelencia y en el que Podemos celebró hace poco más de un año su asamblea fundacional bajo el conjuro del "asalto al cielo" del poder, se tiñó ayer de naranja. Emocionado, puño en alto, tragando saliva, a Rivera le embargó la emoción. Ya se había comparado con el ex presidente Adolfo Suárez y ayer llegó algo más lejos, hasta Barack Obama: "Muchos también le decían que no tenía experiencia, que no podía gobernar EEUU, pero en 2008 la ilusión también venció al miedo", afirmó el candidato de Ciudadanos (C's), en un discurso que por primera vez en esta campaña llevaba escrito y en el que fue constantemente interrumpido por los gritos de ¡Presidente! o Soy español, español.

Con el estómago lleno de la moral que le está comiendo al PP en el banquete de las encuestas preelectorales, Rivera quiere quitar el puesto a Rajoy como depositario de la confianza de ese difuso espectro de la "gente normal", a la que instó a volcarse en las urnas para ganar las elecciones "con ideas, ilusión y razón", a pesar de "las reglas algo tramposas de la ley electoral", esa distorsionante Ley d'Hondt que atribuye los escaños en proporción a los votos en cada una de las 52 circunscripciones electorales y no en el conjunto del país. En 2011, al PP le salió cada diputado a 58.229 votos, y al PSOE por 63.398, mientras que UPyD o IU necesitaron 228.000 y 152.000 por escaño.

Dijo que ellos, C's, son "gente normal haciendo cosas extraordinarias", y para exprimir el domingo mucha naranja en las urnas, con la vista en ese 40% de indecisos, Rivera pidió el voto a los desencantados de las dos alas del bipartidismo. De Rajoy y de Sánchez poco más se acordó y atacó sin contemplaciones a Podemos, "una ocurrencia y una falta de respeto para los ciudadanos".

Si a Rivera le precedió en su intervención la nueva heroína de la hispanidad catalana, Inés Arrimadas, a unos pocos kilómetros de Vistalegre, en la Caja Mágica, ante otras 10.000 personas, Iglesias estuvo arropado por la alcaldesa de Barcelona, entre votos por la "hermandad" entre Madrid y Barcelona. "Estoy orgulloso de vivir en un país plurinacional. Me encanta abrazar -afirmó el candidato de Podemos, consciente de que su apuesta por el referéndum en Cataluña le puede pasar factura en el resto de España- al que se siente catalán, vasco, gallego, andaluz, para construir un proyecto juntos". "Madrid puede volver a ser nuestra capital", abundó Colau, una de las alcaldesas del cambio que permite a Podemos despreciar las encuestas. "Lávese la boca, señor Rivera, antes de decir sí se puede", enfatizó.

Iglesias, que se dulcifica por momentos, "el amor, la sonrisa y la ternura son muy efectivas en política", advirtió a "los señores de lo viejo" que "este país no puede quedarse atrapado en el pasado" parafraseado a Aznar: "Váyase a casa, señor Mariano Rajoy".

Con él se verá hoy las caras Pedro Sánchez, que sigue aferrado a la tesis del "frente anti-PSOE". Tras la palmadita en la espalda de Susana Díaz el sábado en Sevilla, el candidato socialista intervino en Valencia ante unas 8.000 personas del brazo de Ximo Puig -el presidente valenciano que cerró el paréntesis de 20 años de gobierno del PP-, reivindicando su condición de presidenciable frente a Iglesias y Rivera, "la izquierda de siempre y la derecha con veinte años menos", aunque su batería de críticas acervas se la reservó al "amigo de Bárcenas", a quien acusó de "recortar todos menos la corrupción".

Él, Rajoy, estuvo ayer en Las Rozas, con las lideresas Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes. Como Sánchez, ve una triple conjura contra él. Hizo de nuevo de la veteranía un grado, alertando de proyectos bisoños y populistas. "Algunos dicen, votadme a mí porque no he hecho nada mal, pero tampoco nada bien. Es que, simplemente, no han hecho nada", precisó, alertando del "papel mojado" que prometen quienes sólo quieren echar al PP. Aguirre, como siempre explícita, definió a C's como "la planta de reciclaje de residuos políticos". Y Cifuentes, que gobierna con su apoyo, buscó otros demonios: Podemos, "sus políticas en el Ayuntamiento de Madrid sólo han traído más atascos, más suciedad y más contaminación", y PSOE, que "se presenta como un nuevo partido, pero es el mismo que arruinó a España".

stats