Las dos Españas... sin rencores

En Ardales, donde gobiernan los comunistas gracias a los falangistas, la memoria histórica no es un arma política

Un cartel electoral del candidato de IU comparte espacio con una imagen del Sagrado Corazón.
Un cartel electoral del candidato de IU comparte espacio con una imagen del Sagrado Corazón.
Pedro Ingelmo

11 de mayo 2011 - 01:00

Lo primero que responde a un periodista Juan Calderón, alcalde de Ardales (Málaga), una localidad entre pantanos rebosantes a medio camino entre la capital y Antequera, es que "aquí la única vez en democracia que han gobernado los falangistas ha sido con los socialistas, en el año 87". Se sabe el discurso de memoria, lo ha repetido cientos de veces, desde que su pueblo saltara a todos los medios de comunicación hace cuatro años por un hecho insólito: IU gobernaría gracias a los votos de Falange. "Y es verdad que los dos concejales falangistas me dieron su voto, pero a cambio de nada. Y así ha sido". El resultado de todo aquel gran follón fue que expulsaron a Juan Calderón de IU.

Dicho de este modo todo podría parecer un tanto extraño. Porque lo cierto es que, tras recurrir su expulsión, Calderón fue readmitido. A ver, ¿dónde están los centuriones de camisa azul en esta tranquila localidad de 2.500 habitantes? En realidad, en ninguna parte. "Aquí no hay falangistas -dicen en el bar de la plaza del Ayuntamiento-, lo que hay es un tipo estupendo al que la gente quiere mucho y da la casualidad de que es falangista. De hecho, yo creo que si no se presentara por Falange ganaría las elecciones de calle". El resto de los parroquianos asienten. Así es, los afiliados falangistas no llegan a la decena, ni siquiera hay sede de Falange en el pueblo, pero este hombre, Francisco Ortiz, consiguió más de 270 votos en 2007 y se convirtió en la llave del gobierno del Ayuntamiento. Entre votar a los comunistas o a los socialistas, que habían ganado por 680 a 620 votos, optó por los comunistas.

Ortiz, como el alcalde Calderón y el que ha sido tradicional candidato socialista, Salvador Pendón, el presidente de la Diputación de Málaga, el que llamó "payaso" a Mourinho, comparten profesión y centro educativo. Los tres son profesores del único colegio del pueblo, el Sagrado Corazón, un centro de limpieza inmaculada, bien dotado de medios donde los niños corretean en un patio inmenso. Los tres llevan enfrentándose en las elecciones locales desde principios de los 80, cuando Ortiz llegó con plaza al colegio imbuido del espíritu de la OJE. Se ganó a la gente, pero en las lecciones siempre ganó Pendón, que hizo carrera política, mientras sus otros dos compañeros continuaban con la tiza.

El cartel que anuncia un debate electoral en la puerta del Ayuntamiento entre los candidatos de 2011 muestra que este año Calderón se va a encontrar muy solo. Ni Ortiz ni Pendón se presentan. "Paco, el concejal falangista, está ya un poco cansado de la vida municipal y, como él no se presenta, pues no se presenta Falange. Además, creo que está trabajando en un libro. Salvador va en las listas, pero creo que quiere dedicarse más a Diputación".

¿Y qué pasó hace cuatro años? "Paco estaba de acuerdo con nosotros en la protección del territorio. Salvador había proyectado una urbanización con 3.900 viviendas y nosotros estábamos en desacuerdo; queríamos, al igual que Paco, un crecimiento más sostenible", explica Calderón. "Simplemente fue eso. Luego en otras votaciones Falange ha votado a favor o en contra de nosotros, e incluso pueden votar cosas distintas entre ellos mismos, ya que tienen libertad de voto. De hecho, Paco es un hombre muy tradicional en cuestiones de familia y religión y el otro concejal de Falange, Miguel Ángel, es ateo total".

¿Y la memoria histórica? La pregunta es obligada y la respuesta está en el cementerio. En la entrada del camposanto se levanta un monolito de mármol negro con una paloma de la paz. Debajo, un verso ("Nunca más la tierra de mis padres la sangre de mi hermano riegue...") y la leyenda finaliza con esta frase: "A los caídos en la Guerra Civil (1936-1939)". Sencillo y directo. Sin especificar bando. A la espalda del monolito se encuentra una lápida antigua, blanca. Figuran 22 nombres, entre ellos se especifica el de un párroco y un sacerdote. "A los caídos por la revolución", entendiéndose en este caso revoluvión como algo sangriento. En el cementerio no figura ningún difunto cuya defunción se produjera entre esos tres años letales. Los de un bando están bajo este monolito, los del otro en alguna fosa de los alrededores, también cerca del cementerio, no se sabe dónde, ni siquiera se sabe cuántos. Y hay más historia, Ardales rezuma tristes historias. Otros cuatro muertos no son de nadie, son de todos. Son los cuatro vecinos gaseados por los nazis en Mauthausen. Un cheque firmado por el Gobierno alemán en los años 70 certificó sus muertes.

El alcalde resume: "En esta legislatura decidimos recordar a los caídos. Salvador era de la opinión de quitar la lápida y ya está, pero Paco recordó que bajo esa lápida había una tumba, por lo que optamos por esa declaración general. No fue un debate bronco. Aquí pasó lo que pasó, lo que pasó en tantos pueblos de España. Queremos documentar lo que sucedió. Paco es un buen estudioso de eso. Ni siquiera sabemos cuántos muertos hubo. Es posible que hubiera algunos más de los que figuran en la lápida del bando rebelde. Nos gustaría poner todos los nombres, que no falte nadie".

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