El voto en crisis: la ciudad de los 55.000 abstencionistas

En esta campaña no sobrevela, como en 2007, la amenaza de la desbandada rociera, pero los sondeos dibujan un rastro de apatía y desconfianza ante la coyuntura económica.

Redacción / Huelva

11 de mayo 2011 - 07:52

La mitad de los llamados al voto no acude a las urnas, y los sondeos afianzan una tendencia decadente, espejo del desencanto que en estas turbulencias de la crisis se retrata a todos los niveles territoriales. En esta campaña no sobrevuela el fantasma de la abstención rociera, fenómeno que en mayor o menor medida se filtró en las municipales de 2007, al coincidir los comicios con el domingo grande de la romería.

Con todo, partimos en la cita del 22 de mayo de un envoltorio sociológico de pesimismo general ante el aumento histórico del desempleo, el desgaste inherente a 16 años de gobierno local, las consecuencias de la deuda del Ayuntamiento para empresas y particulares y la erosión de las siglas socialistas en la órbita nacional y autonómica.

El efecto arrastre de la crisis, de una implicación democrática que ya estaba en crisis, registrando en la ciudad de Huelva una caída progresiva de la participación desde el año 1995.

Este cóctel de inhibición viene traduciéndose, de hecho, en las encuestas de los últimos meses, dibujando altas cotas de indecisión del electorado, así como una consolidada bolsa de abstención contra la que los candidatos (fundamentalmente, los de izquierdas) tienen el reto de movilizar a los ciudadanos. De ahí que el ministro Rubalcaba, en un acto celebrado recientemente en Sevilla para respaldar al candidato Juan Espadas, insistiera en que "las municipales son unas elecciones importantísimas porque estamos alumbrando un cambio de modelo.

Es muy importante -subrayó- que los ciudadanos participen. Sería terrible que, porque la gente se quedara en casa, la derecha gestionara la salida de la crisis". El PSOE, en este ensayo crucial de las municipales teme, pues, más que nunca, que el desánimo se traduzca en abstención, y la abstención reme a favor de la derecha.

Con estos aditivos, el 22-M trae en Huelva una premisa estadística: en la capital onubense hay 55.000 personas que no suelen ejercer su derecho al voto. En los últimos comicios locales, la cuota de abstención pasiva (ya sea técnica o voluntaria) supuso el 47,76% del censo. El sondeo más reciente, realizado por Commentia para Huelva Información y publicado el pasado fin de semana, hace una prognosis similar, con un 46% de entrevistados que renuncian al sufragio activo y que lleva a barajar que la proporción de participantes seguirá a la baja, como la ha hecho en las tres últimas convocatorias, teniendo en cuenta que este año no hay coincidencia con el Rocío.

La citada demoscopia -que otorga una quinta victoria a Pedro Rodríguez (PP) y congela el marcador de escaños de 2007- fija el porcentaje de indecisos a cuatro semanas de los comicios en el 30,3%, casi dos puntos menos que el estudio que Commentia realizó en febrero. Un tercio terminante, pues, con la llave del veredicto.

A cortos pasos, la abstención no ha dejado de avanzar a lo largo de los últimos 15 años, desde que se produjera el vuelco de Gobierno a favor del PP y Pedro Rodríguez desbancara al socialista Juan Ceada.

La fractura entre políticos y electores ha sido también la tónica de las elecciones más recientes, no sólo de las municipales (la pérdida de interés se va haciendo patente también en las generales y autonómicas, por no mencionar los referéndum o la escasa implicación en los comicios al parlamento europeo, última consulta democrática, que se saldó en junio de 2009 con una participación del 35,67%).

Estas cifras son el fiel reflejo de una sociedad que, en las escala nacional, regional y local, se siente defraudada y cada vez desconfía más de las promesas de campaña, globos sonda electorales y de las soluciones que propugnan los eslóganes de los sonrientes candidatos.

El descrédito que traducen las estadísticas de abstención enraíza igualmente con debates mediáticos alejados de los intereses del ciudadano de a pie (en Huelva, con polémicas como la del AVE, a menudo los dirigentes se enzarzan en repeticiones estériles, que espantan el interés de los ciudadanos y descuidan los asuntos más perentorios); y se agrava en las últimas décadas con los escándalos de corrupción, el juego sucio, el transfuguismo o la presencia de imputados en las listas electorales.

Desde que los populares asumieran las riendas del Ayuntamiento de Huelva, la participación en las municipales se ha recortado en 6,4 puntos.

En la historia democrática de Huelva, el mayor declive de la participación en las municipales se registró en el año 1991, convocatoria que, por el contexto nacional y el descrédito de la corrupción, también recabó cifras récord de abstención a nivel andaluz y español. Fue la primera y única vez que en la capital onubense el porcentaje de abstención electoral (55,36%) superó a la cuota de votantes (44,64%).

En ese caso, la baja participación actuó a favor de la reválida del Gobierno socialista, donde la candidatura por primera vez encabezada por Juan Ceada amplió distancias con el PP (entonces era cabeza de cartel popular Arturo Esteban Alvert ) respecto al reparto que en 1987 quedó para el PSOE liderado por Marín Rite y la Alianza Popular de Emiliano Sanz Escalera. Seguidamente tuvo lugar la reacción más abrupta del electorado onubense, que en 1995 acudió a las urnas en un 58,6% (umbral que no ha vuelto a alcanzarse) y, en detrimento de la continuidad socialista (Díaz Trillo debutaba como alcaldable), aquellos comicios procuraron un Gobierno con 12 concejales a Pedro Rodríguez, que concurrió como independiente en la candidatura del PP y volteó hasta la fecha las siglas del Ayuntamiento de Huelva.

Con resultados continuistas, los niveles de participación se mantuvieron en las elecciones de 1999 (57,8%) y también en la última convocatoria, la de 2003, donde ejerció el derecho al voto el 56,36% del censo de la capital. Desde el año del vuelco se ha ido sedimentando poco a poco una bolsa de abstención que, en el caso de 2003, le dio la espalda al alcalde, cuyos votantes tendieron a relajarse, dando por hecha la reválida.

Fue por ello que la abstención en la zona Centro se tradujo en un castigo que restó dos ediles a Pedro Rodríguez. En esta última convocatoria de las municipales bajó, pues, la participación, a pesar de las expectativas del PSOE y de IU de movilizar al electorado progresista y de izquierdas, previsiones que se amparaban en el contexto político previo (Decretazo, Prestige y guerra contra Irak).

La participación cayó cuatro puntos más en 2007, último precedente, si bien la apatía del electorado fiel a las fuerzas mayoritarias y la mencionada abstención rociera se conjuraron con el voto ecologista de IU, que alcanzó los dos escaños, en detrimento de un PP que se quedó con 15 concejales y un PSOE estancado en los 10. El 22-M, los nuevos datos.

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