Doble fondo

Brecha 'cum laude'

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Se presentaba como ingeniero industrial, licenciado en Empresariales y máster en Economía... con un triste Bachillerato. El ex director de la Guardia Civil Luis Roldán dejó el listón muy alto, estratosférico, para los trepas aquejados de titulitis.

España era hasta hace unos días un país donde sonaba a chino que cayera un ministro por un plagio como en Alemania. Por estos lares todo quisqui se aferraba al cargo mientras se sacudía el barro de la corrupción con el pañuelito de la presunción de inocencia. Hasta que la dimisión de la ministra Carmen Montón ha abierto la veda. La montaña rusa de la nueva política española te coloca un día en lo mas alto como te hunde en la miseria en un par de piruetas.

La de Albert Rivera (cuyo currículum académico también ha menguado con los años) en la sesión de control al Gobierno del miércoles ha sido una sensacional carambola. Al cuestionar la paternidad de la tesis doctoral cum laude de Pedro Sánchez, ha puesto a los pies de los caballos al presidente del Gobierno junto al jefe de la oposición, Pablo Casado, que lleva un tiempo danzando en el filo de la navaja judicial con su singular máster exprés, esa quintaesencia de la convalidación (18 de 22 asignaturas).

Lo peor de todo esto, más allá de las respectivas aficiones, no es la suerte que uno y otro puedan correr, sino que la legión de desafectos con la clase política se recargan de razones para repicar su soniquete simplón de que todos los políticos son iguales. Y ésa sí que es una brecha peligrosa, la de los ciudadanos y sus representantes, tan cum laude (por imponente) como el de la tesis de Sánchez.

Resumen de lo expuesto: a los que mandan en España ya no hay que echarles aceite hirviendo para desatornillarlos del poder. Dos: la verdad está sobrevalorada, todos mentimos. Tres: todo dios plagia, desde las ideas hasta la imagen, para no esforzarse y pensar. Empezando por los que escribimos y recurrimos a grandes citas para darnos tono. Ejemplo: Para quienes ambicionan el poder, no existe vía intermedia entre la cumbre y el precipicio. Lo dijo hace mucho Cornelio Tácito (55-120). Pero es rabiosamente actual, ¿verdad, señores Sánchez y Casado?

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