Homenajes y nombres propios

Giraldillo de Honor: Roy Andersson

El cineasta sueco Roy Andersson El cineasta sueco Roy Andersson

El cineasta sueco Roy Andersson

El público del SEFF , ya acostumbrado al segundo Andersson, a ese extraño perfeccionista, demiurgo del plano fijo autárquico y tragicómico parabolista que pasara por el festival con La comedia de la vida (2007) y Una paloma se posó sobre una rama a reflexionar sobre la existencia (2015), podrá, gracias a esta retrospectiva, completar el retrato del cineasta sueco. Así, aunque el programa permita afinar su ya famosa Trilogía de la Vida con la repesca de Canciones del segundo piso (2000), el filme de su particular regreso de entre los muertos, se trata, sobre todo, de aprovechar la ocasión para repensar los orígenes hoy día sepultados bajo la égida de su cine de estudio. Es decir, volver al aire libre, al entramado de las miradas, a la vibración de los cuerpos, a la calidez emocionante de Una historia de amor sueca (1970), cuyos antecedentes en corto (To fetch a bike, 1968) y medio metraje (Lördagen den 5.10, de 1969) también son recuperados. Y, entre ambos bloques, Giliap (1975), la oxidada bisagra, el filme fallido, el signo del vapuleo crítico y la espalda del público, que empujó a Andersson a no rodar otra cosa que no fueran spots publicitarios durante 25 años. El revés, la huida al artesanado mélièsiano y a un irreverente neopictorialismo, lo convirtió en un lúcido y cínico maestro de la condición humana. Giliap, amarga y viscosa, sigue mirando de soslayo su éxito postrero.

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