Lady Di: el mito que baja del pedestal
La figura de Diana de Gales como una de las mujeres más influyentes ha ido perdiendo fuerza con el paso de los años A la Casa Real británica nunca le ha agradado que se le diera importancia a la 'princesa del pueblo'
No es tan eterna como Marilyn Monroe o como Elvis Preysler. En unos días se cumple el 16º aniversario de la muerte de Diana de Gales, pero con ella el mito no ha terminado de cuajar salvo las especulaciones sobre un atentado que se han reavivado tras anunciarse una nueva revisión del caso. El 31 de agosto de 1997 el mundo se paralizó al conocer la noticia de la muerte en accidente de tráfico de la 'Princesa del Pueblo'. Londres se inundaba de flores, los británicos se echaron a la calle y lloraron su pérdida.
Desde ese instante las alarmas saltaron en la Casa Real. Si en vida influía en la opinión de la gente, ahora podía convertirse en un mito que cambiase incluso la idea positiva que los ciudadanos tenían sobre la monarquía. Pero hoy en día la respuesta está clara: el mito no ha cuajado. Desde el entorno de los Windsor siempre se han encargado de que así fuese. Si en vida intentaban que no tuviera especial protagonismo, en su muerte la reina Isabel no quiso ni interrumpir sus vacaciones.
Al morir, y además al hacerlo de forma tan trágica, se convirtió en la mujer más famosa del mundo, se inmortalizó. Pero cada vez son más quienes la recuerdan como la mujer que ha hecho incluso más fuerte a la poderosa monarquía británica. De hecho, el Museo Diana de Gales de la ciudad de Althorp, donde están sus pertenencias, echará el cierre el año que viene por la falta de visitas.
Diana Spencer siempre supo controlar su imagen, pero como ya no puede defenderse, desde hace unos años son muchas las biografías, inclusive la cinematográfica que protagoniza Naomi Watts, y que se estrenará en breve que la califican como una persona compleja, caprichosa y despilfarradora, haciendo que el concepto que tiene el pueblo sobre ella vaya cambiando y que los ciudadanos bajen a la princesa del pedestal. Además son muchos los que afirman que tras divorciarse del príncipe Carlos en 1996 rozaba lo obsesivo con sus nuevas relaciones sentimentales y que quería mudarse a Estados Unidos para potenciar su condición de diosa. Una afirmación que nada gusta a sus seguidores, que empiezan a pensar que lo que quería era aprovecharse de la situación.
Pese a que su figura se va desmitificando poco a poco nadie duda de su inmenso corazón, algo que han heredado sus hijos los príncipes Guillermo y Enrique. Diana sigue protagonizando portadas de revistas como uno de los iconos de la moda más seguidos a nivel internacional. Si por algo se sigue hablando de ella hoy en día es por la princesa Catalina. Continuamente se compara a Lady Di con la esposa de su hijo mayor, el príncipe Guillermo. Es inevitable. En cuanto a estilo ya han sido muchas las coincidencias que ha habido entre las dos, aunque los expertos alaban más el estilo de Kate que el de su suegra. Al igual que ocurría con Diana, en el vestuario de la duquesa de Cambridge el color predominante es el azul, su armario está repleto de ropa casual y en numerosas ocasiones luce sombreros o tocados. También coinciden en que en todas sus apariciones la sonrisa es algo que nunca falta y la solidaridad con los más necesitados es una de las vertientes que más les preocupan. Tanta es la importancia que para el príncipe Guillermo tiene la figura de su madre que el anillo que le regaló a Kate el día de su pedida de mano fue el mismo que su padre, el príncipe Carlos, regaló a la malograda princesa.
Las comparaciones entre las dos también sirven para desmitificar a Diana. Mientras que Kate siempre se ha mostrado como una mujer segura, abierta e incluso cómoda en el difícil papel de novia de un futuro Rey de Inglaterra, Diana solía aparecer con la cabeza agachada y en un segundo plano. El mundo va olvidando la figura de Diana de Gales como el mito que hacía temblar a Isabel II.
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