Lola Herrera, la gran 'it-lady'
La actriz recibirá en abril el reconocimiento de su profesión con el Max de Honor; mucho antes, el público ya la había nombrado como la 'gran dama' del teatro
Considera que siempre ha sido una de las actrices del 'pelotón escénico' español, pero sus compañeros de profesión, afortunadamente, no opinan lo mismo y por eso este año le han concedido el Max de Honor, algo así como los Goya del teatro. Lola Herrera es una de esas actrices que todo el mundo debería de ver en escena, al menos, una vez en la vida.
Aunque sus inicios en el teatro fueron casi por casualidad (empezó como cantante tras ganar un concurso en la radio con 12 años), pronto dejó claro que la escuela de la vida también tiene su peso en las artes escénicas. Autodidacta e inconformista, la vallisoletana se trasladó a Madrid con 22 años y supo empaparse de todo lo que le rodeaba para encontrar su sitio en la escena española. Probó suerte con éxito en el teatro televisado de los años 60 y en series de la época como Cañas y Barro, aunque su verdadero éxito le llegaría algo más tarde gracias al teatro, concretamente con la adaptación de Cinco horas con Mario, una obra que ha hecho suya en varias etapas y por la que ha recibido diversos galardones.
Lola Herrera lleva más de medio siglo sobre las tablas y está considerada como la 'gran dama' del teatro español, un sobrenombre que tampoco le viene grande fuera de los escenarios.
Su desgraciada vida amorosa junto a Daniel Dicenta podría haberle dado para protagonizar exclusivas a mansalva en las revistas de la época, pero Lola siempre dejó claro que su vida privada era, sobre todo eso, privada. A pesar de ello protagonizó una de las películas más controvertidas de los 80, Función de noche, una cinta en la que desnudaba sus sentimientos como pareja junto a Dicenta. Algo así como un Eyes Wide Shut a la española pero con la salvedad de que en la sociedad de entonces no estaba bien visto casi nada.
Los reproches de la pareja en aquella película le sirvieron de terapia, aunque no sólo a ella sino a muchos de los de su generación. La cinta llegó incluso a ser analizada por psiquiatras. Fue consciente de que había protagonizado una revolución cuando vio el revuelo que había organizado una película de la que casi nadie quería hablar, aunque deja claro que está orgullosa de aquel papel porque le hizo espantar traumas y la fortaleció como persona.
Y es que no tuvo que ser fácil aceptar que el amor de su vida la dejara plantada una noche de Reyes con dos hijos pequeños, después de haber soportado años de infidelidades, haber ocultado el alcoholismo de su pareja y haber sido la encargada de sacar adelante a su familia.
Pero Lola nunca le reprochó nada a su ex y sólo en su biografía, Me quedo con lo mejor, soltó algunas perlas sobre su tormentosa relación de pareja.
En más de una ocasión ha dicho que se siente cómoda con las dificultades que le ha ido planteando la vida y que normalmente sus éxitos han llegado siempre en épocas de grandes dificultades.
A sus casi 81 años entiende el paro como un fracaso, por eso hasta el año pasado recorrió España con la adaptación teatral de En el estanque dorado, donde recibió casi tan buena crítica como Hepburn en la cinta original.
Si algo enamora de Lola Herrera fuera de las tablas es su serenidad, el halo de positividad que la envuelve y su perfecta sintonía con la madurez (por algo fue la imagen de Actimel como ejemplo de vitalidad). Sin duda, se ha convertido en una auténtica 'it-lady' para las señoras de su generación. Su peinado y su forma de vestir son un referente para las abuelas, ya que pocas se pueden permitir llegar a los 80 con la misma elegancia que lo ha hecho ella. No dudó incluso a la hora de sacar su propia línea de ropa porque no encontraba prendas acordes a sus necesidades. Tiene claro que ha sabido arrugarse con dignidad aunque matiza que siempre ha sido y será una mujer coqueta.
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