La verdad tras el testamento de Silvia Tortosa: por qué desheredó a su marido, Carlos Cánovas, al cabo de 20 años
Ana Congost, quien heredó el patrimonio de la popular actriz que falleció en 2024 a los 77 años, habla en 'Y ahora Sonsoles'
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La herencia de Silvia Tortosa se ha converitdo un crudo relato de desengaño y lealtad. Tras dos años de silencio, La conocida actriz y que fuer presentadora del longevo formato Aplauso en TVE, fallecía en 2024 a los 77 años. Ana Congost, nombrada heredera universal de la mítica actriz, ha decidido romper su mutismo en televisión para defender la memoria de su amiga. La decisión de Tortosa de excluir a su marido, Carlos Cánovas, tras más de dos décadas de convivencia, no fue un impulso, sino la consecuencia de un "infierno" emocional que la intérprete vivió en la más estricta intimidad antes de su fallecimiento, aseguraba este miércoles.
El testimonio de Congost en el programa de Sonsoles Ónega ha arrojado luz sobre los últimos y amargos meses de la artista. Según la heredera, la actriz nunca llegó a registrar su matrimonio con Cánovas porque, en el fondo, "no se quería casar". Ana asegura custodiar documentos que prueban que Silvia no era feliz y que la relación marital estaba rota mucho antes de la tragedia. La tristeza de la actriz se agravó al sospechar de una doble vida de su pareja, lo que la llevó a contratar a un detective privado para confirmar sus peores temores.
La traición definitiva llegó con la confirmación de la infidelidad de Cánovas con la también actriz Marina Lozano. Ana relata que, al ver las pruebas, Silvia "no parpadeó", quedando sumida en un estado de estupefacción y dolor profundo al sentirse traicionada por su marido y por quien consideraba una amiga. Este golpe emocional, sumado a una depresión latente, fue el detonante para que Tortosa modificara su testamento en julio, decidiendo que su legado no debía ir a manos de quien, según el entorno de la actriz, "no se preocupó más por ella" desde que salió de su casa.
En el plano de la salud, el relato es estremecedor. Silvia Tortosa falleció sin saber que padecía un cáncer de hígado; tanto ella como su entorno más cercano atribuyeron su malestar físico al enorme disgusto sentimental provocado por su ruptura. "Siempre pensábamos que era por lo de Carlos", confiesa Ana, quien descubrió la verdadera gravedad de la enfermedad apenas cuatro días antes del deceso. La actriz se marchó pensando que su cuerpo simplemente se resentía por un corazón roto, cuando en realidad una patología silenciosa avanzaba sin tregua.
Ana Congost ha querido desmentir tajantemente las informaciones que sugerían que la actriz murió en la soledad. Durante los tres meses que Silvia pasó en Barcelona, Ana no se separó de su lado, asegurando que estuvo con ella "las 24 horas del día" en la residencia donde se alojaba. La heredera universal subraya que la querida intérprete estuvo rodeada de afecto y familia en todo momento, precisamente lo que más le había faltado durante sus años de soledad marital, desmintiendo así los titulares que hirieron su sensibilidad tras el funeral.
La polémica sobre la herencia ha generado duras críticas hacia Congost, a quien algunos conocidos de la actriz acusaron de haberle "comido el coco" " para obtener su patrimonio. Ella, sin embargo, se defiende alegando que jamás esperó ser la beneficiaria de tal legado. Ana insiste en que su único objetivo durante cuarenta años de amistad fue arropar a una mujer que lo tenía todo a nivel profesional, pero que en el ámbito personal se sentía profundamente vulnerable y decepcionada por su círculo más íntimo.
El descubrimiento de los objetos personales de Silvia ha revelado a una mujer que lo guardaba todo, desde recuerdos de viajes hasta el formulario de registro matrimonial en blanco, símbolo de su reticencia a vincularse legalmente con Cánovas. Este nuevo episodio cierra el círculo de una vida de éxito cinematográfico que terminó empañada por el drama personal. La historia de Silvia Tortosa se reescribe hoy no solo como la de una gran estrella, sino como la de una mujer que, en su último aliento, eligió la lealtad de la amistad por encima de la traición conyugal.
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