Opinión

Que no nos tomen por tontos

  • El autor reflexiona sobre los aspectos legales que permitirían despedir o extinguir el mandato de unos políticos que han demostrado su incompetencia

José Antonio Bosch.Abogado José Antonio Bosch.Abogado

José Antonio Bosch.Abogado

Llevamos cuatro años de campaña electoral. Espero que los políticos se lo estén pasando bien, porque el resto de los ciudadanos estamos hasta las narices de ver un lamentable espectáculo de incapacidad/incompetencia y de escuchar como unos y otros culpan al contrario sin asumir ni una micra de responsabilidad sobre el bloqueo institucional. Y espero que, al menos ellos, se lo estén pasando bien, porque cada día me cuesta más encontrar una justificación que aclare cómo un colectivo tan numeroso de muy bien pagados profesionales rinde tan frustrantes resultados.

La Constitución Española es muy clara: las Cortes Generales representan al pueblo español, ejercen la potestad legislativa, aprueban los presupuestos, controlan al Gobierno… Sin embargo, y desde hace más de cuatro años, ni los miembros del Congreso ni los del Senado, sus ilustres señorías, están atendiendo sus obligaciones pese a estar disfrutando de todos los derechos, retribuciones y compensaciones de sus cargos.

Si estuviésemos en el seno de una empresa (como le gusta comparar a algunos políticos), siendo el empresario los ciudadanos y los políticos nuestros trabajadores, acudiríamos al artículo 52 del Estatuto de los Trabajadores y procederíamos al despido de los políticos dado que la ineptitud sobrevenida es causa objetiva de despido y es innegable que no han cumplido, que no están cumpliendo, con su trabajo.

Si nos lo planteamos desde el punto de vista civil, en virtud del artículo 1718 del Código Civil el mandatario queda obligado por la aceptación a cumplir el mandato (en nuestro caso conformar un ejecutivo que gobierne y un Parlamento que legisle, controle…) y responde de los daños y perjuicios que, de no ejecutarlo, se ocasionen al mandante, siendo causa de extinción del mandato la incapacidad sobrevenida.

Pero cuando acudimos al terreno político nos encontramos que las reglas que lo rigen no es que sean laxas, sino que las cambian y se la reinventan cada vez que quieren; así, el mandatario hace lo que le viene en gana, ignora su mandato y culpa de su incompetencia al mandante. Si no, ¿cómo explicar que me digan que tengo que votar más claro? ¿es que las papeletas que he depositado durante estos cuatro años estaban borrosas? Me molesta de forma soberana que nos tomen por tontos y cada partido trate de vendernos una “realidad” ajustada a su conveniencia. Me fatiga y hastía el pensar que durante los próximos dos meses el debate político se centrará en quién tuvo la culpa en la convocatoria de las nuevas elecciones y en quién es más malo que quién, pero los problemas del país y de los ciudadanos quedarán de nuevo al margen.

Ni soy antisistema ni estoy por crucificar a los políticos en general, pero, en concreto, estos centenares de parlamentarios que han demostrado su incapacidad/incompetencia para ponerse de acuerdo, que han tenido más oportunidades de las que se merecían, que no han atendido el mandato de los ciudadanos, porque no pueden, no saben o no quieren, igual me da, no deberían volverse a presentar; y no deberían, no sólo por su incapacidad/incompetencia de cumplir con el mandato sino por su falta de respeto a los ciudadanos y ciudadanas de este país cuando se dirigen a nosotros desde la soberbia de su pódium y tratan de vendernos una realidad contraria a la que todos hemos vivido y estamos viendo.

¿De verdad que no era un problema de sillones? ¿De verdad que las instituciones y sus intereses están por encima de los intereses de sus partidos y de los suyos propios? ¿De verdad que son muy patriotas y que el interés del país y sus ciudadanos lo persiguen por encima de cualquier otro? Es totalmente enervante escuchar las respuestas de los diferente líderes de los partidos con relación a la responsabilidad del fracaso, respuestas cocinadas en las factorías de marketing de los diferentes partidos y que repiten como mantras, sin capacidad alguna para la más mínima autocrítica y que a estas alturas no se cree nadie.

Espero que, algún día, un partido descubrirá que decirle la verdad a los ciudadanos, que tratar a los ciudadanos como adultos, también “vende”; que los ciudadanos agradecemos, con nuestro voto, el esfuerzo y la sinceridad de nuestros representantes; algún día es posible que tengamos otros políticos que en lugar de culparnos a los ciudadanos del resultado de las urnas acometan el mandato y se pongan a cumplirlo, pero está claro, que los políticos que hemos tenido estos últimos cuatro  años no responden a este patrón.

Por ello, hoy, cuando ya ha comenzado una campaña electoral que sólo durará diez días pero con la que nos van a machacar durante dos meses, mi duda no está en a quien votaré, a mi edad aunque algunos no lo crean algunas cosas ya las tenemos claras, sino que mi duda se centrará en si votaré o no, porque si en cuatro años han sido incapaces de hacer su trabajo no veo razón suficiente, salvo que ocurra un milagro y yo no soy de los que creen en ellos, de que las cosas cambien y que los mismas personas que han demostrado su incapacidad se comporten en forma diferente en el futuro.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios