La caja negra

El Arzobispado de Sevilla abre la oficina contra los abusos sexuales

  • Recibe informaciones y denuncias sobre supuestos casos tanto actuales como de los últimos veinte años. Los sacerdotes y sus colaboradores deberán guardar un protocolo de buenas prácticas. En las reuniones con jóvenes deberán estar las puertas abiertas. 

Monseñor Asenjo y el vicario general, Teodoro León Monseñor Asenjo y el vicario general, Teodoro León

Monseñor Asenjo y el vicario general, Teodoro León / M. G.

Los sacerdotes, catequistas y otros colaboradores de la Iglesia deberán extremar las precauciones en el trato con jóvenes en prevención de casos de abusos sexuales, por lo que se seguirán protocolos de actuación que ya están vigentes en diócesis cómo Córdoba o Granada. Las puertas de los despachos, mejor si son de cristales o están abiertas. Las muestras de afecto deben estar muy limitadas y marcadas por la cautela. Y debe haber un adulto como testigo en caso de que haya que acceder a vestuarios u otras estancias similares.

El Arzobispado de Sevilla ya dispone de la oficina de recepción y tramitación de denuncias o informaciones por abusos sexuales en cumplimiento de las disposiciones del Papa Francisco. Monseñor Asenjo ha puesto al frente de este nuevo organismo al vicario general de la Diócesis y deán de la Catedral, Teodoro León. Se investigarán tanto conductas actuales que hayan podido ser constitutivas de abusos, como negligencias a la hora de investigar hechos pasados.

Francisco expresó el deseo de que se investiguen estas causas en la Carta Apostólica del 9 de mayo de 2019 en forma de motu proprio con el título Vosotros sois la luz del mundo. En este texto ordena crear un “oficio eclesiástico” al que la Conferencia Episcopal Española da forma de oficina para que se reciban y tramiten las denuncias, para evitar que ocurra como en tiempos pasados, cuando las denuncias no llegaban a la instancia eclesiástica adecuada. A partir de ahora la negligencia en la tramitación de una denuncia será también causa de responsabilidad, por lo que el Arzobispado se compromete a estudiar todos los casos. Una de las principales novedades es que se suprime la prescripción. Y en el momento que se inicie la investigación, el sacerdote denunciado es apartado del ejercicio del ministerio pastoral como medida cautelar. El Vaticano ha abierto la posibilidad de que se investiguen casos de supuestos abusos cometidos hace más de 20 años. Sí se mantiene, por supuesto, la presunción de inocencia.

El compromiso inicial de los miembros de esta oficina es apoyar a la víctima y al presunto agresor. Se contemplan apoyos jurídicos (se asigna un abogado), médicos (atención psicológica incluso a través de los Centros de Orientación Familiar de la Iglesia) y, por supuesto, espiritual. Hay que recordar que Francisco se refiere expresamente a las heridas y el daño que se sufren en el plano espiritual. Por la intención firme de esta nueva oficina es ir más allá del cumplimiento de los debidos trámites burocráticos. Incluso si se demuestra que el denunciado es culpable, se contempla un tratamiento al respecto.

Protocolo de actuación

La oficina tiene un protocolo de actuación que supone la apertura de una investigación previa y la apertura de un expediente informativo. Se debe evitar una actuación con prisas o impulsos. Llegado el caso se comunica a la Fiscalía de Sevilla el caso, sobre todo con celeridad si el perjudicado es un menor de edad. Y se comunica a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Aunque la Fiscalía tome cartas en el asunto y pida la intervención del Juzgado, el proceso canónico continúa paralelamente.

La citada congregación tiene tres opciones. La primera es optar por el archivo de la causa. La segunda es instruir la causa mediante un proceso administrativo canónico penal. Y la tercera es optar por un proceso judicial penal instruido por un tribunal eclesiástico.

La oficina también asume la responsabilidad de prevenir los casos de abusos, no sólo de intervenir cuando se produzca una denuncia. Con este objetivo se ha establecido un manual de buenas prácticas para sacerdotes. Se apostará tanto por su implantación como por la formación de los sacerdotes en esta materia. Las diócesis de Córdoba y Granada ya tienen publicados sus respectivos protocolos de prevención, documentos concebidos para prevenir “eventuales abusos sexuales a menores” en la Iglesia. El objetivo en todos los casos es crear “ambientes sanos y seguros” en las respectivas diócesis.

Entre los criterios que se aplicarán en Sevilla es la prohibición de quedarse a solas mucho tiempo con un menor (caso de la sacristía) con la puerta cerrada, la de pedir a un niño que guarde un secreto, la de entrar en vestuarios, baños o duchas si no es acompañado de otro adulto, y la de subir a un menor a solas en un coche.

Monseñor Asenjo Monseñor Asenjo

Monseñor Asenjo / Antonio Pizarro (Sevilla)

El protocolo va más allá de la figura del sacerdote. Apunta directamente a la “selección del personal y de los colaboradores”. Por este motivo, se solicitará el certificado negativo del Registro Central de delincuentes sexuales –algo que ya se solicita a todo aquel que quiera trabajar con menores, desde docentes o monitores a sanitarios– y además “todos los sacerdotes y laicos firmarán voluntariamente un documento de responsabilidad personal” en el que deben señalar el “rechazo personal” a todo tipo de abuso sexual. Se establece del mismo modo el “compromiso” para participar en temas de formación sobre abusos y sus consecuencias, que se impartirá “por expertos”. A estos cursos se invita a sacerdotes, profesores laicos, catequistas, monitores y animadores de jóvenes. También se ofrecerán a padres de colegios diocesanos y religiosos y a padres de niños de catequesis. Dentro del mismo campo de la prevención se indica la necesidad de capacitar y formar a “todas las personas que prestan un servicio pastoral” a “distinguir los signos” de un posible caso y aprender su abordaje. Para ello se establece que “es necesario preparar a un número suficiente de agentes de pastoral en programas específicos” para abordar casos de abuso sexual y protección de menores.

En el apartado dedicado a la detección “por indicios” de un posible caso, se señala la conveniencia de que sea un “profesional preparado” para entrevistar al menor. Reconoce que hay signos o indicadores evidentes, como el embarazo o dolor en la zona genital, y otros indicadores de comportamiento: cambios en la conducta, lenguajes sexualizados, secretismo o exhibición de regalos, entre otros.

Tras conocer el testimonio de una posible víctima, se pide que “sin perjuicio del sigilo sacramental” animar al menor o a la persona vulnerable a informar inmediatamente a sus padres, o hacerlo ellos mismos “sin dilación”. También se reclama “confidencialidad” y no hacer “ningún tipo de difusión, ni pública ni privada” de lo conocido. “Si el presunto autor de los hechos es un clérigo o miembro de un instituto de vida consagrada o de una sociedad de vida apostólica, al recibirse la noticia, debe comunicarse sin demora al propio ordinario o al superior, iniciándose el protocolo de actuación para el caso de los clérigos”.

Además de establecer estas pautas, el protocolo fija un código de buenas prácticas “para ambientes sanos y seguros en la Iglesia”. En este código se pide “usar la prudencia y el respeto” a la hora de realizar muestras “físicas de afecto” y “ser siempre visibles para los demás en presencia de menores y personas vulnerables”. En este sentido, se prohíbe “infligir castigos”, tener una relación “preferencial” con un menor, juegos que puedan tener una “connotación sexual”, las novatadas, pedir a un niño que guarde un secreto o “ponerse en situación de riesgo o claramente ambigua”. Aquí establece que “una buena sugerencia es que haya puertas de cristales transparentes” en los despachos.