Andrés Herrera 'Pájaro'. Músico

"España es hoy un estado catatónico"

  • El cantante y guitarrista sevillano publica su tercer álbum, 'Gran poder'

Pájaro, fotografiado en el centro de Sevilla. Pájaro, fotografiado en el centro de Sevilla.

Pájaro, fotografiado en el centro de Sevilla. / Juan Carlos Vázquez

"España es hoy un estado catatónico, está ahora mismo como atontá, con una resaca muy gorda de algo que se ha tomado y que no era lo que le dijeron que compraba. Es como con esas parejas infieles a las que les llega un momento en el que les da igual ocho que ochenta. Me ha puesto los cuernos tantas veces que, total, qué más da. Eso es lo que está pasando: que nos hemos acostumbrado a que nos pongan los cuernos".

Vuelve Andrés Herrera, Pájaro, más combativo que nunca con Gran poder (Happy Place Records), tercer trabajo de su propio grupo desde que decidiera dejar de ser guitarrista de lujo en proyectos de terceros para reivindicar un protagonismo no por tardío menos indiscutible. Lo demostró con Santa Leone (2012) y lo confirmó con He matado al ángel (2016). Ahora revalida la apuesta con un disco que esquiva algunas de sus anteriores señas de identidad: esta vez no hay ninguna versión de su idolatrado Silvio, con el que durante tantos años compartió escenarios y grabaciones, ni sombra de aquel influjo de cornetas y tambores que algún cachondo dio en denominar surf cofrade. Mantiene, eso sí, el aroma a spaghetti western, entre otros efluvios italianizantes, y las efectivas píldoras de rock'n'roll marca de la casa, cánones entre los que gana peso el espíritu de aquella canción protesta en su acepción más noble.

Ya lo avisó el sencillo de avance, A galopar, una singular recreación de la adaptación que Paco Ibáñez hiciera de Galope, el célebre poema de Rafael Alberti. "Hay una frase que me gusta mucho -explica-, no sé si de la segunda guerra mundial o posterior: hubo algo peor que los nazis y los fascistas, quienes no hicieron nada para impedir su existencia. Mira que Silvio decía aquello de somos católicos, no protestantes, pero, en los tiempos que vivimos, ese a galopar hasta enterrarlos en el mar me ha salido del alma. Es una canción desconocida por los jóvenes, que están en otra cosa. Ya ni siquiera van a conciertos, se ha perdido la costumbre, van a discotecas a embrutecerse".

¿Eh? Oiga, eso suena un poco a abuelo cebolleta... "Jajaja... Sí, es que estoy muy abuelo cebolleta. Me estoy haciendo mayor. Con lo que yo he sido... Recuerdo salir del estudio de grabación en la Alameda a las cinco de la mañana -dice en referencia a los extintos Estudios Central- e irme andando hasta el Barrio de Santa Cruz para ponerme allí a tocar con el vacilón y escucharme en ese silencio. Ahora, a mis 55 años, no sería capaz de hacerlo ni siquiera sin guitarra. Se me está poniendo miedo de persona mayor".

El segundo sencillo, Los callados, incide en esa misma línea. "Yo no tengo esa desgracia, pero gente de mi barrio, como Paco León... -señala el de Parque Alcosa-. Los callados son los que están enterrados en las orillas de tantas carreteras. Y también es un pequeño guiño a Los olvidados de Luis Buñuel, una película que me dejó impresionado. A veces, cuando oigo la letra, me digo Pájaro, aquí te has puesto un poquito tierno. Pero es una canción bella, quizás no muy representativa de lo que había compuesto hasta ahora, pero tenía ganas de hacerla".

Y lo cierto es que resulta particularmente oportuna en un momento en el que los (más) mayores han decidido no callarse. "Si los músicos no hablamos de lo social ahora, ¿cuándo lo vamos a hacer? -se pregunta Andrés-. Yo nunca voy a ser pensionista, porque los músicos cotizamos menos que un bolígrafo, pero sí que me gusta lo que están haciendo: darle una bofetada a tanta gente joven que vive en la inopia, que es lo que interesa al sistema, que la gente esté entretenida con el Betis, los cubatas y el reguetón".

Oiga, ¿otra vez? "Yo es que lo del reguetón no lo entiendo -confiesa-. Si fuera mujer no es que me indignase con eso, es que iría por ahí con una pistola. No, no... Yo tengo cuatro hermanas y una hija, y cuando escucho esas letras...".

Lo social se cuela, de hecho, en los múltiples niveles de lectura de un Pájaro que se crece como letrista. En ese sentido, quizás no haya mejor ejemplo en el nuevo álbum que Rayo mortal, la canción que indirectamente da título a Gran poder. "Creo que hoy lo tienen las mujeres -considera-. Nosotros tomamos decisiones, ganamos más dinero, pero al final, las que organizan, las que llevan, las que mandan, son ellas. Hay gente que piensa que es una canción mística, pero no, para nada. Ese Gran poder es el que tenemos para luchar contra esta basura que nos rodea. El poder lo tenemos nosotros".

Pero ojo, que nadie espere trazos gruesos y tono panfletario. "Reconozco que después de haber trabajado con Kiko Veneno y tantos otros buenos letristas me he vuelto muy exigente. De todas las versiones que he hecho de cada canción tengo ahora mismo en mi casa papel de sobra para vender y hasta ganar dinero", bromea.

Hablando de letras, sorprende que una de aquellas en las que a priori pudiera intuirse mayor sesgo autobiográfico, Yo fui Johnny Thunders, salga del libro homónimo del novelista Carlos Zanón. "Carlos nos había mandado una letra que era, supongo, como él piensa que se hace la letra de una canción. Pero no, no... Tú escribe novelas, tío... Le dimos muchas vueltas hasta que una mañana Raúl se levantó -dice refiriéndose a Raúl Fernández, el otro pilar de Pájaro junto al también guitarrista Paco Lamato-, cogió el libro de Carlos, que nos lo sabemos de memoria porque nos gusta un montón, y tuvo la habilidad de ir sacando de ahí cada una de las frases".

El autor de 'Gran poder', más reivindicativo que nunca. El autor de 'Gran poder', más reivindicativo que nunca.

El autor de 'Gran poder', más reivindicativo que nunca. / Juan Carlos Vázquez

Otra curiosidad: el instrumental que cierra el disco, una versión a dos guitarras de palo, tan bonita como casi irreconocible, del Let’s Go Away for Awhile que Brian Wilson escribiera para el Pet Sounds de Beach Boys. "La original ya es complicadísima -reconoce-. Se nota que la compuso alguien con una cabeza matemática. La hicimos Raúl y yo para un programa de Radio 3 y nos gustó tanto que decidimos meterla. Es un cierre perfecto para el disco. Sólo le cambiamos el título, Migrar".

Por último, ¿sabía que otros dos grupos sevillanos habían utilizado ya ese mismo título, Gran poder? Orthodox lo hizo en un álbum y Sr. Chinarro en una canción. "Lo de Chinarro no lo sabía; lo de Orthodox sí. Me molan, sin sonar para nada como Pájaro, tenían entonces un rollo parecido en cuanto a picar de la Semana Santa... Lo que no se puede nunca es ser tan pesado como los cofrades, con perdón. Yo con treinta y pico años decía aquello de soy rockero y cofrade como mi padre, pero con 55, después de haber vuelto a empezar de cero, los veo muy pesados. Es como si te llenaran la boca de torrijas: un martirio", ironiza. O no.

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