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  • Grandes figuras de la Clásica (Goerne, Lisiecki, Sokolov, Mutter, Ma, Barenboim) presentan en Deutsche Grammophon grabaciones dedicadas a Beethoven en este atípico año beethoveniano

Mutter, Yo-Yo Ma y Barenboim interpretando el Triple concierto de Beethoven. Mutter, Yo-Yo Ma y Barenboim interpretando el Triple concierto de Beethoven.

Mutter, Yo-Yo Ma y Barenboim interpretando el Triple concierto de Beethoven. / Peter Adamik

A finales de 2019, Deutsche Grammophon, posiblemente la más popular compañía de discos de música clásica que jamás haya existido, sacaba a la venta una gran edición dedicada a Beethoven. En 2020 se cumplen los 250 años del nacimiento del genial compositor y la efeméride iba a tener un impacto mundial en las programaciones, tanto de conciertos como de grabaciones. La colección de DG contiene 118 cedés y una serie de complementos en formatos audiovisuales: en total, unas 175 horas de música, incluyendo algunas primicias.

Nadie podía esperar entonces que una epidemia iba a provocar a la vuelta del año el cierre de teatros y auditorios por todo el mundo y la cancelación de conciertos y representaciones durante meses. Recluidos en sus casas, los aficionados no tuvieron más remedio que recurrir al consumo doméstico de música. De repente, la grabación (en cualquier formato) pareció recuperar un puesto central en el ocio de muchos melómanos, y el Todo Beethoven se convirtió en un producto especialmente deseado como compañero de la reclusión.

Pero la música de Beethoven no es una moda. Por eso resulta perfectamente compatible con esa macroedición la incorporación continua de nuevos trabajos discográficos en torno a su obra. En las últimas semanas, el sello amarillo ha presentado tres, que reúnen a algunas de las mayores figuras internacionales de nuestros días para ofrecer facetas diversas del corpus beethoveniano: la canción, la sonata, la pieza pianística breve, el concierto y la sinfonía están aquí representados.

El primero de esos trabajos en ser publicados (a finales de marzo) reúne al barítono Matthias Goerne con uno de los mayores talentos de la cantera de la multinacional alemana, el joven pianista canadiense Jan Lisiecki, que acaba de cumplir 25 años, pero firmó un contrato de exclusividad con DG a los 15. En su trabajo se incluyen las dos más importantes colecciones de canciones publicadas por el compositor: los seis lieder de la Op.48, escritos sobre un conjunto de poemas espirituales de Christian Gellert, y An die ferne Geliebte (A la amada lejana) Op.98, el primer ciclo de canciones sensu stricto de la historia. El álbum se completa con otras once canciones, entre las que se cuentan algunas de las más populares del músico, como Adelaide o las dos versiones de An die Hoffnung (A la esperanza).

Beethoven. Lieder - Goerne & Lisiecki Beethoven. Lieder - Goerne & Lisiecki

Beethoven. Lieder - Goerne & Lisiecki

Goerne es posiblemente el principal heredero de Dietrich Fischer-Dieskau en el terreno del lied actual, aunque sólo sea por su exhaustiva dedicación al género en el ámbito discográfico. Ha grabado todo Schubert (los ciclos varias veces), así como muestras muy significativas de Schumann, Brahms y Wolf, el póker del lied romántico alemán por excelencia. El barítono alemán reivindica aquí incluso esas discutidas canciones de la Op.48, piezas estróficas que todos los especialistas consideran lejos del mejor Beethoven y que era habitual escuchar en interpretaciones en las que sólo se cantaba la primera de las estrofas. Goerne las hace completas.

En sus versiones destaca el cálido lirismo y el despojamiento, la sobriedad de una voz que con los años parece haberse ido dulcificando y haciendo más refinada, lo que se aprecia especialmente en las obras más expresivas y profundas, aquellas en las que puede atisbarse en el arte beethoveniano algo de lo que serán luego los grandes representantes del género, es decir, las seis piezas de A la amada lejana y las otras tres canciones citadas arriba. Goerne ha colaborado con algunos de los más importantes pianistas de nuestros días. Y por ello quizás lo que más sorprende del registro es el joven Lisiecki, que combina el ímpetu con la pureza de líneas y el más exquisito detallismo en los matices dinámicos, que alcanza especial relieve tanto en la primera versión de An die Hoffnung (Op.32) como en las transiciones entre las canciones de la Op.98.

El ruso Grigori Sokolov (Leningrado, 1950) lleva tiempo instalado en el olimpo de los pianistas de nuestro tiempo. El entendimiento de su arte casi como un sacerdocio que exige una dura disciplina de trabajo diario y su fobia a los estudios de grabación han marcado su algo errática presencia en disco. Sokolov decidió hace años que sus grabaciones serían durante los conciertos, rechazando además cualquier intento de edición posterior, incluida la eliminación de ruidos parásitos provocados por el público o cualquier otra circunstancia.

Su anterior publicación en disco databa de 2017. Ahora vuelve a DG con un trabajo que se presenta en dos formatos: digitalmente se recoge el contenido de un doble cedé con obras de Beethoven y Brahms más una selección de encores (propinas) que, como todos los que hayan asistido a alguno de sus conciertos saben, rara vez bajan de cinco. A ese doble cedé en el formato físico se le añade un DVD, que incluye más obras de Beethoven y otras de Mozart, además de propinas diferentes.

Desde hace años Sokolov graba sólo en vivo, rechazando además cualquier intento de edición posterior

El disco se abre con la más brillante y popular (en el sentido de la más pensada para llegar a un público amplio en su época) de las primeras sonatas para piano publicadas por Beethoven en 1796, las tres de la Op.2. La de ellas, escrita en do mayor, parecía hecha para impresionar, tanto al público como a los intérpretes. Y eso es lo que hizo Sokolov el 20 de junio de 2019 en el Auditorio de Zaragoza, donde se hizo el registro. Es posiblemente el punto más alto del doble álbum por la mezcla de claridad, intensidad y equilibrio de su propuesta.

De un Beethoven joven se pasa al Beethoven tardío de las 11 bagatelas Op.119, obras escritas a principios de la década de 1820 y en las que el genio del compositor se muestra ya libre de ataduras formales para manifestarse con una esencialidad que puede ser risueña hasta casi lo intrascendente (nº1), infantil, danzable (nº3), noble y expresiva (nº8), apenas un esbozo en arabesco (nº10) o profunda, desnuda, abstracta (nº11). El registro proviene del concierto que Sokolov ofreció en el Klavier Festival Ruhr de Wuppertal el 14 de junio de 2019, y en ellas el pianista ruso muestra toda su capacidad para matizar el sonido en mil formas, logrando una interpretación caleidoscópica, pero que tiende a subrayar la ligereza.

Grigory Sokolov Grigory Sokolov

Grigory Sokolov

Tal y como se presenta, ese programa es el mismo que Sokolov hizo en su gira de 2019. Después de Beethoven venía Brahms, las Seis piezas de la Op.118 y las Cuatro piezas de la Op.119, que el ruso interpreta sin solución de continuidad. Música trascendida de un Brahms otoñal, que se registró en el concierto ofrecido el 8 de agosto en la iglesia de San Bernardo de Rabbi, pequeña localidad italiana donde tuvo una casa Arturo Benedetti Michelangeli y donde, en su honor, se celebra desde hace años un festival pianístico. Sokolov toca las diez piezas como quien escribe una novela, con sus partes descriptivas, sus puntos álgidos y sus depresiones. Domina ante todo la precisión, la claridad, el control de las dinámcias y del rubato. Aunque uno de los momentos más hermosos y conmovedores resulta ser el segundo intermezzo de la Op.118 (un Andante), tocado con una sensibilidad poética exquisita, en las otras piezas lentas, como el Adagio que abre las Op.119, se echa de menos un punto más de calidez.

Las propinas forman la tercera parte de todo concierto de Sokolov. En este álbum salen de los tres recitales comentados en número de siete: Rameau (Les SauvagesLe rappel des oiseaux), Schubert (Impromptu D 935 nº2Allegretto D 915), Brahms (Intermezzo op. 117 nº2), Rajmáninov (Preludio op.32 nº12) y Debussy (Des pas sur la neige).

El DVD que se adjunta al álbum, y al que no he tenido acceso, es la grabación de un recital que se celebró en el Auditorio del Lingotto de Turín en 2017. El programa incluye las Sonatas KV 457 y 545 y la Fantasía KV 475 de Mozart y dos de las últimas sonatas de Beethoven la nº27 op.90 y la nº32 op. 111En las propinas vuelven a figurar Rameau (L'Indiscrète), Schubert (Momento musical D 780 nº1) y Debussy (Canope), a quienes se añaden Chopin (los dos Nocturnos de la Op.32) y Schumann (Arabeske Op.18).

El mismo 8 de mayo que sacaba al mercado el álbum de Sokolov, Deutsche Grammophon ponía también a la venta el último trabajo discográfico de Daniel Barenboim como director de la Orquesta del Diván, un álbum que se publica en tres formatos, CD, LP y Blu-Ray, aunque el Blu-Ray ofrece en vídeo sólo la primera de las obras, el Triple concierto de Beethoven, tal y como se ofreció en un concierto en la Philharmonie de Berlín en octubre de 2019.

Beethoven - Mutter, Ma & Barenboim Beethoven - Mutter, Ma &  Barenboim

Beethoven - Mutter, Ma & Barenboim

El Triple concierto Op.56 es una obra atípica. Hasta que Beethoven decide escribir su obra entre 1803 y 1804, nadie había usado un trío con piano clásico con la idea de oponerlo a una orquesta. El Concierto se ha relacionado a menudo con las sinfonías concertantes, que tuvieron su momento de gloria en París en el último tercio del siglo XVIII y de las que Mozart dejó dos ejemplos sobresalientes. En cualquier caso, se trata de la obra concertante más discutida de Beethoven. Algunos comentaristas han destacado el desequilibrio provocado por los primeros destinatarios de la partitura, dos grandes virtuosos, el violinista August Seidler y el violonchelista Anton Kraft y un diletante, el archiduque Rodolfo, que era alumno de piano de Beethoven.

El papel del archiduque lo asume en esta grabación Daniel Barenboim, que actúa también como director. Sus compañeros solistas son dos de las grandes estrellas de la música clásica internacional desde hace décadas, la violinista alemana Anne-Sophie Mutter y el violonchelista estadounidense Yo-Yo Ma. La interpretación es extraordinaria. Dominada por el concepto de un Beethoven musculoso, robusto, heroico, el conjunto resulta de un soberbio equilibrio entre lirismo, delicadeza de fraseo e intensidad expresiva, un terreno en el que destaca una Mutter auténticamente desatada, sobre todo en el primer movimiento. Sonido brillantísimo y magnífico acompañamiento de los jóvenes del Diván.

Dominada por el concepto de un Beethoven heroico, el conjunto resulta de un soberbio equilibrio entre lirismo, delicadeza de fraseo e intensidad expresiva

Algo parecido puede decirse de la Séptima sinfonía que ocupa la segunda mitad del álbum y que proviene de un registro tomado en Buenos Aires el 31 de julio pasado, un mes justo después de que la WEDO y Barenboim interpretaran la obra en el Maestranza de Sevilla. Vibrante interpretación global, incisiva en lo rítmico, contrastadísima en las dinámicas y con dos puntos de apoyo fundamentales, un Allegretto por completo trascendido, de fraseo flexible y una claridad textural que hace aflorar un asombroso detallismo tímbrico, y un Finale incandescente, no tanto por el ímpetu rítmico, la punzante acentuación, el brillo y la potencia sonora de la orquesta cuanto por la forma en que el maestro bonaerense administra las tensiones, manteniendo al oyente clavado en el asiento con un juego de claroscuros y de matices agógicos magistralmente planificados y desarrollados. Sin duda, uno de los discos beethovenianos del año.

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