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Philippe Jaroussky | Contratenor "Los 'lieder' de Schubert son más que música, son un camino de vida"

  • El intérprete francés, que ha arrancado en Sevilla la gira española que le llevará a Valencia y Barcelona, debutará en 2022 como director de ópera barroca con su Ensemble Artaserse

Philippe Jaroussky (Maisons-Laffitte, 1977) en el Espacio Turina. Philippe Jaroussky  (Maisons-Laffitte, 1977) en el Espacio Turina.

Philippe Jaroussky (Maisons-Laffitte, 1977) en el Espacio Turina. / Juan Carlos Muñoz

Ha regresado a Sevilla casi cinco años después de su debut en el Teatro de la Maestranza y lo hace en la cima de su fama, consagrado como el contratenor más célebre de su generación, lo cual podría ser un fardo demasiado pesado pero al francés Philippe Jaroussky lo que le inquieta ahora es que su aproximación a los lieder de Schubert convenza tanto en España como en Alemania. La gira que arrancó ayer en la capital andaluza vuelve a reunirle en un formato íntimo con el pianista Jérôme Ducros, con el que ofreció su primer concierto en esta ciudad en marzo de 2015 y viajará en los próximos días a los palacios musicales de Valencia y Barcelona para confirmar que su repertorio y su voz desarmante no se agotan en el Barroco.

-Se le reconoce como el gran fenómeno musical francés del momento. ¿Siente que ha llegado como cantante a la cima?

-Cuando vine por primera vez a Sevilla en 2015 sentía que había llegado a la cúspide de mi carrera pero desde entonces he podido hacer muchas cosas, por ejemplo, cantar óperas para las que llevaba tiempo preparándome, entre ellas varias de Händel, y trabajar estrechamente con Cecilia Bartoli. Este año celebro mis dos primeras décadas de carrera como cantante y lo que más me ilusiona en este momento es la escuela de música que he abierto en París, que incluye un programa para niños de familias desfavorecidas o sin contacto previo con la música; confío en que se mantenga activa durante muchos años. Para mí cantar es disfrutar y hacer música con personas a las que admiro como Christina Pluhar (L'Arpeggiata) o como Ducros, con el que trabajo desde hace 12 años, así que mantener el aprecio del público me parece todo un éxito. En febrero cumpliré 42 años y todo lo que pueda vivir a partir de entonces lo sentiré como un bonus, una prima. Porque he podido vivir mi vida con pasión, es decir, con ganas de hacer cosas pese a las dificultades, y creo que esa pasión es lo que percibe el público que asiste a mis conciertos.

-¿Qué le atrajo de estas canciones de Schubert a las que se enfrenta en público por vez primera?

-Para mí los lieder de Schubert son más que música, son una lección y un camino de vida. Pero es un reto nuevo que aún me pone nervioso. He trabajado mucho, he leído todos los lieder, que son más de 600, y esta música es difícil por muchas motivos y no sólo el idioma alemán en que fueron escritas. No puedo mentir, es una música muy pura que necesita una disciplina enorme, interpretando este programa me siento aún más desnudo que cantando música francesa. Pero quizá lo interesante de mi fama es poder presentar al público otro tipo de repertorios, más íntimos y menos espectaculares, que pueden cambiar su manera de pensar y transportarlo a otros mundos. Sé que es un reto complejo porque el público me conoce cantando música barroca, de Vivaldi y Händel sobre todo, pero el hecho de que mi nombre atraiga puede ayudar a una parte del público que no está familiarizada con el lied a entrar y descubrir el mundo de Schubert. Estas canciones se cuentan entre las músicas más bellas jamás escritas. Sé que puedo transmitir su poder al público aunque cantar Schubert en Alemania, en ciudades como Colonia, me sigue pareciendo una temeridad para un intérprete tan francés como yo.

-Parece interesado en explorar nuevos territorios tras el barroco, la mélodie y el lied del XIX.

-Una de mis preocupaciones en los diez últimos años ha sido abrir un poquito el repertorio de los contratenores, tradicionalmente asignado al barroco, porque incluso en el barroco esta música estaba escrita en su mayoría para la voz de castrato, que era totalmente diferente; las mujeres la cantan pero realmente aún hay muchos aspectos de la voz de Farinelli que siguen siendo un secreto. Para un contratenor no hay un repertorio especializado, es una voz bastante moderna y por eso muchos compositores contemporáneos la usan. El barroco puede ser un repertorio natural pero no sólo y en los últimos años estoy probando y luchando contra esa idea de que la voz de contratenor es una voz de castrato. Cada contratenor puede elegir el repertorio que le guste a él, para mí ese territorio ha sido la canción francesa y ahora lo es Schubert. Pienso que en el futuro vamos a tener muchas sorpresas porque está llegando una nueva generación de voces que va a ayudarnos a cambiar las ideas preconcebidas que tenemos.

El cantante francés durante la prueba de sonido. El cantante francés durante la prueba de sonido.

El cantante francés durante la prueba de sonido. / Juan Carlos Muñoz

-En este Espacio Turina el contratenor Xavier Sabata protagonizó otro de los hitos de esta temporada al atreverse, con escena de Rafael R. Villalobos, con el Winterreise de Schubert. ¿Le apetece cantar esa cumbre de la canción romántica alemana?

-Claro que sí, me encantaría hacer Winterreise pero sería un reto muy complicado. Sabata había grabado una versión discográfica muy buena y estoy seguro de que trabajó muchísimo para madurar una idea que probablemente comenzó a preparar diez años antes. Necesitamos demostrar que no sólo somos fenómenos vocales sino músicos como los demás; un contratenor puede exprimir un poema cantando, teatralmente incluso, no somos menos que los tenores ni los barítonos. Yo tengo muchas cosas que quiero hacer aún dentro del período barroco porque he cantado poquísimo Bach, quiero profundizar en Händel y hacer programas de Dowland… Y tengo con Jérôme Ducros un proyecto juntos de canciones españolas que incluirá música de Albéniz, Granados, Falla y que, por supuesto, me encantaría presentar en España.

-¿A qué se debe que hable tan bien nuestra lengua?

-En el año 2000, al inicio de mi carrera, trabajé en el Teatro Real de Madrid en una producción de la ópera Celos aun del aire matan de Juan Hidalgo y dos meses antes del estreno tomé la decisión de estudiar español. Supongo que también influye el hecho de que tengo un agente artístico español desde hace más de 15 años y de que España, que me encanta, es el tercer país más importante en mi carrera y donde más veces actúo tras Francia y Alemania. Curiosamente canto poquísimo en Italia.

"Quiero grabar un disco de canciones españolas que incluya música de Falla, Albéniz y Granados"

-Volverá a España el próximo mes de mayo con su propio grupo, el Ensemble Artaserse, una ocasión que quienes no lograron una entrada para este concierto sevillano deben marcar en rojo.

-Sí, actuaremos el 25 de mayo en el Teatro Real y le daré entonces al público lo que quiere realmente, repertorio barroco y grandes arias de Händel, Vivaldi, Porpora y Caldara, entre otros. Pero es lógico que se agoten las entradas en el Espacio Turina, que es una sala íntima y muy bella pero no grande.

-En la Academia Jaroussky, que ha fundado en las afueras de París, ofrece clases a jóvenes talentos pero también a familias sin recursos. ¿Qué le interesa más de este proyecto educativo y de su capacidad para luchar contra la exclusión social?

-La música cambió mi vida, comencé estudiando violín y piano con ciertas dificultades y estoy muy contento de poder dedicar una parte de mi tiempo a que cambie la vida de otros. En la escuela tenemos ahora en marcha un proyecto para 25 niños procedentes de familias con escasos recursos que tocan el violín, el violonchelo y otros instrumentos. Son clases gratuitas y ahora que estrenamos la tercera temporada ya hay cinco alumnos que no sabían nada de música antes de llegar a estas aulas y que, tras dos años estudiando con nosotros, han decidido que quieren dedicarle su vida. Vamos a abrir una segunda escuela dentro de tres años porque el proyecto no para de crecer gracias al apoyo de patrocinadores que incluso vienen aquí a La Seine Musical a escuchar los recitales de los niños, ha sido una sorpresa muy bonita.

"Mi mayor ilusión ahora es la escuela de música que abrí en París, que ayuda a alumnos de escasos recursos"

-Le imagino deudor de esa tradición cultural francesa según la cual la educación es un pilar de la cohesión social.

-Por supuesto y la prueba son nuestros alumnos, que a través de la música están adquiriendo más confianza en sí mismos y eso les sirve también para la escuela regular, vemos que están mejorando sus resultados en otras materias como matemáticas o lengua. Y además hemos logrado implicar a toda la familia: tenemos a padres que gracias a estos alumnos asisten a conciertos de música clásica por primera vez en su vida.

El contratenor debutó con las canciones de Schubert en Sevilla. El contratenor debutó con las canciones de Schubert en Sevilla.

El contratenor debutó con las canciones de Schubert en Sevilla. / Juan Carlos Muñoz

-Su carrera operística le ha ligado a una de las cantantes más célebres de nuestro tiempo, la mezzo romana Cecilia Bartoli. ¿Qué ha aprendido de ella?

-En primer lugar su capacidad de trabajo. Cecilia Bartoli todavía canta mucho y nunca llega a un ensayo sin haberse preparado al doscientos por ciento, es algo espectacular, trabaja de un modo concienzudo, tiene una idea muy clara de lo que quiere dar al público y una exigencia mayúscula así que cuando montamos una ópera con ella todos queremos hacerlo muy bien para, en primer lugar, estar a su altura. Es muy difícil cantar como ella. Pienso sinceramente que es única. Pero lo que me impresiona incluso más que su virtuosismo es la fuerza de su mente. Cuando Cecilia Bartoli piensa algo lo consigue con su voz. Su arte empieza en su cabeza, ella idea lo que quiere lograr con su voz. A veces los cantantes hacemos sonidos pero no llegamos a controlarlo todo. Ella no: en cada nota dice un sentimiento, dice algo, lo tiene clarísimo. Y eso lo podrá trabajar toda la vida. He hecho con ella dos producciones diferentes de Alcina de Händel, en las que teníamos más contacto porque yo asumía el rol de Ruggero, y cada vez que Cecilia cantaba el final nos hacía llorar a todos los intérpretes, la última vez el año pasado en el Festival de Pentecostés de Salzburgo.

-Acaba de celebrar sus primeros 20 años de carrera con un triple disco titulado Passion Jaroussky pero ¿qué álbumes recomendaría a quienes aún no le conocen lo suficiente?

-De mi discografía, para una persona que no me conoce en absoluto, puede resultarle interesante comenzar por el disco que me consagró, el de canciones de Vivaldi (Heroes) que grabé junto con el director y violinista Jean-Christophe Spinosi y que todavía es mi bestseller. Pero si alguien quiere acercarse a mi personalidad puede elegir entre mis dos discos de canciones francesas, Opium y Green, porque cantando en mi lengua podrá apreciar mejor quién soy realmente.

"Me seduce la idea de ser en la próximo década un joven director en lugar de un viejo cantante"

-¿A qué óperas tiene previsto acercarse en los próximos años?

-Por soñar me encantaría poder cantar Ariodante de Händel pero no podría hacerla entera sin mostrar mis limitaciones tras cuatro horas en escena aunque he cantado mucho Scherza Infida, que es una joya musical. Pero en el futuro puedo avanzarle que voy a cantar por primera vez la ópera Rinaldo y en paralelo, dentro de dos años, dirigiré una ópera de Händel con mi propio grupo y espero que ese sea el reto que me aguarda para la próxima década. Empecé estudiando música y a diferencia de un bajo, que puede tener una carrera mucho más larga, con esta voz de contratenor no podré estar en activo muchos años pero sí sé que me dará mucho placer seguir haciendo música y, además de mi academia, me gusta la idea de ser un joven director en lugar de un viejo cantante.

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