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Tragedia en pakistán

Islamabad acusa a Al Qaeda de estar tras la muerte de Bhutto

  • El ministro del Interior afirma que la líder opositora falleció al golpearse contra el techo del vehículo tras la explosión · Su principal asesor califica esta explicación de "sarta de mentiras"

Cientos de miles de paquistaníes asistieron ayer al entierro de la ex primera ministra, Benazir Bhutto, en una jornada de sangrientos disturbios y duras críticas al actual Gobierno, que culpó a Al Qaeda del atentado que costó la vida a la líder de la oposición.

Bhutto fue asesinada el jueves en un atentado suicida en el que también murieron otras 20 personas en Rawalpindi, un suburbio de Islamabad en el que acababa de participar en un mitin de su partido, la principal formación de oposición al presidente Pervez Musharraf, cuando faltan sólo dos semanas para las elecciones legislativas y provinciales previstas para el 8 de enero.

Según el Ministerio de Interior, la política murió al golpearse violentamente contra el techo de su vehículo en el momento de la fuerte explosión. "Se golpeó con una palanca cerca del oído derecho y se fracturó el cráneo. No se encontraron heridas de bala o de esquirla", aseguró Javed Cheema, portavoz del ministerio.

Cheema explicó que si Bhutto no se hubiera asomado para saludar a la multitud estaría viva en este momento, como es el caso del resto de los ocupantes de su automóvil, que estaba blindado.

Este responsable explicó que los servicios de Inteligencia interceptaron ayer una llamada de un hombre considerado uno de los líderes de Al Qaeda en Pakistán, Baitullah Mehsud, en la que felicitaba a un militante tras la muerte de Bhutto.

Según Cheema, hay "pruebas irrefutables de que Al Qaeda, sus redes y sus secuaces están intentado desestabilizar Pakistán".

Sin embargo, uno de los principales asesores de Bhutto rechazó ayer las explicaciones del Gobierno sobre las causas de su muerte y las calificó de "sarta de mentiras". La explicación oficial "no tiene fundamento. Es una sarta de mentiras", dijo Faruq Naik, principal consejero legal de la ex primera ministra y alto responsable del Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) que dirigía la política.

Según Naik, a la ex primera ministra "la alcanzaron dos balas: una en el abdomen y otra en la cabeza. Fue una gran falta de seguridad".

Ayer, el otro gran líder opositor paquistaní, Nawaz Sharif, volvió a exigir la renuncia de Musharraf y aseguró que si el Gobierno insiste en celebrar los comicios "conducirá al país a la destrucción".

Según informaciones del Ministerio de Interior, Sharif también está muy amenazado por los extremistas y podría ser blanco de un atentado.

Bhutto y Sharif venían denunciando, desde hacía semanas, que las elecciones estaban "trucadas" por los adeptos de Musharraf para que éste se mantenga en el poder.

El actual jefe del Ejecutivo, Mohammedmian Soomro, anunció que "en este momento las elecciones permanecen como estaban". "Consultaremos a todos los partidos políticos para adoptar cualquier decisión sobre eso", agregó en una rueda de prensa, confirmando el mantenimiento de la fecha prevista para los comicios.

La muerte de Bhutto, que regresó a Pakistán en octubre tras ocho años en el exilio, ha conmocionado a la comunidad internacional.

El viernes, el papa Benedicto XVI denunció este "ataque terrorista brutal" y aseguró que reza para "que se eviten nuevos actos de violencia".

Horas antes, el presidente estadounidense, George W. Bush, condenó un "acto cobarde de extremistas asesinos que tratan de debilitar la democracia", mientras que el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Javier Solana, fustigó a aquellos que "intentan impedir la reconciliación" de Pakistán y pidió a sus habitantes que se alejen de la violencia.

Sin embargo, tras la muerte de la ex primera ministra, la crispación interna en Pakistán alcanzó niveles preocupantes y las autoridades temen que la ola de violencia se agrave.

Más de 30 personas murieron desde el jueves en enfrentamientos callejeros, según las últimas cifras oficiales, en las que no incluyen los muertos en el atentado. Los simpatizantes de Bhutto salieron a las calles de todo el país, algunos para honrar la memoria de la dirigente y otros para clamar venganza, lo que obligó al propio Musharraf a pedir calma. Sea como sea, lo cierto es que se produjeron incendios en vehículos o asaltos a establecimientos comerciales, entre otros sucesos, especialmente recrudecidos ayer. Así, en Multan, unas 7.000 personas saquearon siete bancos y una gasolinera y arrojaron piedras a la Policía, incidentes también registrados en Karachi.

En la capital, Islamabad, unos cien manifestantes quemaron neumáticos en una plaza comercial, mientras en Cachemira, zona controlada por la India, también se registraron enfrentamientos entre las Fuerzas de Seguridad y los simpatizantes del PPP. Asimismo, unos 4.000 manifestantes se congregaron en Peshawar, al oeste del país, y saquearon una oficina del partido gubernamental.

Los Rangers, fuerzas paramilitares que cooperan con la Policía en Karachi, se desplegaron en toda la provincia de Sind y recibieron orden de disparar para contener la violencia.

La situación en el resto del país permanecía relativamente tranquila, pero en todas las grandes ciudades se respiraba una extrema tensión.

Pakistán registró en 2007 un récord de atentados, casi todos suicidas, que dejaron unos 800 muertos.

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