Maduro explota el fantasma de Chávez para vencer el 14-A
El candidato oficialista se declara "hijo" del fallecido presidente; el opositor Capriles promete pelear "cada voto" Los analistas auguran la victoria del chavismo
Primera ronda del combate y primeros directos a la mandíbula entre el "presidente encargado", Nicolás Maduro, y el candidato de la oposición, Henrique Capriles. Ambos formalizaron ayer su objetivo de alcanzar la Presidencia de Venezuela tras las elecciones del próximo 14 de abril. Uno, Maduro, envolviéndose en la bandera del chavismo y declarándose "hijo" del fallecido; el otro, recogiendo el guante de un reto mayúsculo: "Pelearé por cada voto".
"Aquí vengo a cumplir su orden con el amor más grande que él cultivó en nuestro corazón. No soy Chávez, pero soy su hijo", afirmó Maduro ante las autoridades electorales, ante quienes entregó el mismo programa que el fallecido jefe de Estado dio conocer nueve meses atrás al presentarse a los comicios del pasado 7 de octubre.
Maduro recordó que el 8 de diciembre del año pasado, dos días antes de que Chávez viajara a Cuba para operarse de nuevo del cáncer que le llevó a la muerte, les encomendó que, en caso de que algo le sucediera, tomaran su bandera, su programa, su causa y siguieran "la batalla victoria hacia la consolidación de la patria".
"Nicolás yo no te voy a dejar el camino libre, compañero, vas a tener que derrotarme por votos y voy a pelear con estas manos por cada voto, cuésteme lo que me cueste", exclamó por su parte Capriles, gobernador del estado Miranda, que abarca parte de Caracas, en una comparecencia ante la prensa en la que no aceptó preguntas.
El presidente Hugo Chávez ha muerto, pero Venezuela se aboca a unas elecciones en las que el hombre que gobernó el país desde 1999 y hasta el pasado martes será protagonista absoluto de las estrategias de campaña del oficialismo y de la oposición. "En el momento de campaña Chávez no es sólo un recuerdo, en el momento de campaña Chávez es un gran elector", indica el director de la encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León.
Las estrategia del oficialismo y de la oposición están marcadas de antemano. Para los primeros, el mensaje será el de la "memoria de Chávez" y la petición de respaldar la continuidad de su proyecto político con la legitimidad que dio a Maduro el difunto gobernante al ungirle como sucesor político.
Los segundos tratarán de desligar la figura de Maduro de la de Chávez confiados en poder sembrar la duda sobre su eficiencia como gobernante.
Pero, sin duda, con miles de venezolanos aún desfilando ante el féretro de Chávez, el factor anímico y la resaca de los funerales del presidente serán un condicionante insoslayable en cuanto ocurra en las elecciones. "Esta es una batalla entre lo divino y lo terrenal donde lo divino lo lleva el chavismo", opina León.
Para los analistas, la oposición tiene que ir "a la batalla" electoral con la confianza de que puede haber un error o un evento no previsto que le dé la posibilidad de capitalizarlo en las urnas. Además, una victoria de Maduro con una ventaja mayor o menor también puede condicionar la forma de gobernar hasta 2019, cuando acaba el periodo iniciado por Chávez.
"Si el resultado de las elecciones es muy amplio le dará al Gobierno mucha capacidad de maniobra para hacer lo que quiera", indicó el periodista Vladimir Villegas, quien fuera vicecanciller cuando Maduro era ministro de Exteriores. Para Villegas, diputado constituyente, Maduro puede verse obligado a tomar medidas impopulares "si son necesarias e inevitables" sobre todo en materia económica y en ese caso habría que ver "la capacidad que pueda tener de comunicar esto de una manera tal que no genere rechazo sino comprensión".
Las elecciones llegan con las cartas a favor del oficialismo tras las victorias del propio Chávez en las elecciones de octubre y de su partido en las regionales de diciembre, en las que arrasó quedándose con 20 de las 23 gobernaciones.
Para el analista Nícmer Evans, profesor de Ciencia Política de la Universidad Central de Venezuela, Maduro llega como claro favorito y las bases de la oposición se encuentran "profundamente desmotivadas" por lo que la capacidad de Capriles para movilizarlas será un elemento importante para el resultado final.
Maduro "no ganará, tristemente, por sus bondades y virtudes sino como consecuencia del legado" de Chávez y de su solicitud pública el 8 de diciembre de que si algo le pasara el chavismo le respaldara en las urnas, según Evans.
Además, la imposibilidad de desarrollar una campaña debido a los cortos plazos que se manejan dejan estas elecciones reducidas a la consolidación de las posturas ya decididas en octubre.
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