La guerra de los cien años (y un día)

Primera globalización

Austria declaró la guerra a Serbia un mes después del atentado y Alemania hizo lo propio con Rusia y Francia. Estados Unidos entra en el conflicto el año de la revolución rusa, 1917.

La guerra de los cien años (y un día)
La guerra de los cien años (y un día)
Francisco Correal

29 de junio 2014 - 05:03

El 28 de junio de 1914 era domingo. En principio, era sólo un atentado que le costó la vida al archiduque Francisco Fernando, heredero de Austria, y a su esposa, que no era del agrado del tío del heredero, el emperador Francisco José. Justo un mes después, el 28 de julio, Austria le declaró la guerra a Serbia. El atentado tuvo lugar en Sarajevo, capital de Bosnia, que entonces era una provincia del imperio austrohúngaro. 28 de junio de 1914. Aniversario de otro 28 de junio de 1389. Fecha de la batalla de Kosovo, una catástrofe para el reino medieval de Serbia. Como más de medio mileno después, un serbio asesinó al sultán turco. La historia se repite. Y la cuenta David Stevenson en la obra 1914-1918 (Debate), a cuyas páginas pertenece buena parte de los datos que se mencionan.

"Joselito, aclamado", titulaba El Liberal en portada del 29 de junio de 1914. El rotativo lo dirigía José Laguillo y costaba cinco céntimos. Aclamado a su llegada a Alicante desde Valencia. Era la cara de los Gallo. Su hermano Rafael había sufrido una cogida y en el mismo periódico que informaba del atentado de Sarajevo se podía leer que Pastora Imperio, alarmada por el percance de su esposo Rafael el Gallo, suspendía su actuación en Castellón y volvía a Sevilla.

Franceses y británicos preferían hablar de Gran Guerra. Los alemanes, según Stevenson, hablaron desde un primer momento de una Guerra Mundial. Igual que Estados Unidos, que primero por medio de su presidente Woodrow Wilson propuso una mediación que fracasó, y en 1917 decide intervenir en el conflicto.

En el libro de Stevenson hay una fotografía en la que el káiser Guillermo de Alemania y el zar Nicolás de Rusia comparten un apacible crucero. El 1 de agosto de 1914, Alemania le declaró la guerra a Rusia. Dos días después, se la declaró a Francia. El escritor Marcel Proust, que medio año antes del atentado de Sarajevo vio en las librerías el primer volumen de A la busca del tiempo perdido, fue dado de baja por su precaria salud, pero vio cómo movilizaban al frente a su hermano Robert, su mecánico, su ayuda de cámara, su editor Oliver Grasset y su amigo Bertrand de Fénelon, que murió en la contienda.

La guerra fue mundial. En 1914 entran en guerra Japón, aliado de Rusia a la que se había enfrentado una década antes, y Turquía, de una forma nada convencional. Encargó dos acorazados a los astilleros británicos y como éstos se los requisaron, los turcos compran con tripulación incluida dos barcos alemanes que llegan a los Dardanelos huyendo de los británicos. Al comandante alemán de esos barcos lo nombran comandante supremo de la armada turca. Turquía declaró la guerra santa contra los aliados.

En 1915 entran en el conflicto Italia y Bulgaria. Italia suscribió en 1883 con Alemania y el Imperio Austrohúngaro la Triple Alianza, pero se desdice de ese acuerdo y, con el apoyo de Benito Mussolini apoya a los Aliados. En la Segunda Guerra Mundial, la segunda parte de la guerra civil europea, de acuerdo con la teoría de Comellas, Italia voltearía de nuevo sus alianzas. Bulgaria se alista con las Potencias Centrales. Todo lo contrario que Rumanía, que en 1916, se pone del lado de los aliados.

En la Europa de entonces sólo había una república, Francia. Todo lo demás eran imperios, monarquías o reinos diminutos, como Montenegro, cuyo rey Nikita se vio salpicado por un caso de corrupción. Rumanía y Bulgaria, con aspiraciones respectivas sobre Macedonia y Transilvania, tenían en común que sus dos reyes se llamaban Fernando.

Portugal se incorpora al conflicto en 1916. Dice Stevenson que lo hace para diferenciarse de la neutralidad de España, su vecino, y para no ver peligrar sus colonias africanas. La incorporación de las colonias como campo de batalla refuerzan esa condición de guerra mundial. Con caso tan episódicos como la expedición británica que parte de la India y se planta en Bagdad.

En 1917 se incorpora a la guerra Estados Unidos para contrarrestar tres elementos que iban en detrimento de los aliados: la revolución rusa, que obliga a la abdicación al zar Nicolás, un movimiento liderado por Lenin, que había tildado la guerra de "conflicto imperialista"; el amotinamiento de las tropas francesas y la fuerza destructora de los submarinos alemanes. Ese año también entran en la guerra Grecia y China. En este país un par de años antes había llegado a su final la dinastía manchú. Los chinos habían cedido por casi cien años el uso del puerto de Qindong a la armada teutona.

Las dos muertes de Sarajevo fueron el detonante de millones de muertos en un conflicto cargado de limitaciones. Dice Stevenson que antes de llegar al Marne, nombre del río y de la mítica batalla, el 60% de los cuatro mil camiones alemanes se habían averiado. Faltaba el pan y había falta de veterinarios para la numerosa caballería. El Ejército alemán precisaba de un millón de kilos de pienso al día para alimentar a los 84.000 caballos. Los mandos alemanes se comunicaban por enlaces a caballo, como en tiempos de Felipe II, en moto o por radio. Entre septiembre y noviembre de 1914, los aliados interceptaron medio centenar de mensajes radiofónicos alemanes.

Los rusos se acercaban a Berlín y los alemanes a París. El Gobierno francés trasladó su sede desde la capital hasta Burdeos. La batalla del Marne se libró a lo largo de 150 kilómetros y los franceses tuvieron que enviar refuerzos al frente en una serie de taxis. En el Frente Oriental hubo casi tantas bajas como en el Occidental, pero fueron más por enfermedad que por heridas de guerra.

Los astilleros rusos tardaban seis años en hacer un acorazado, por los tres que invertían en Occidente. El ministro de Guerra ruso, Sujomínov, fue encarcelado en 1915 por corrupción.

En el factor humano de la guerra, Stevenson habla de la Tregua de Navidad de 1914. "El 24 de diciembre aparecieron árboles de Navidad iluminados en las trincheras alemanas de Flandes y los dos bandos se pusieron a cantar villancicos". En la mañana de Navidad, los soldados británicos y alemanes se reunieron en tierra de nadie, "charlaron, fumaron juntos, jugaron al fútbol, se hicieron fotografías y enterraron a sus muertos". Escena que recuerda las que Malraux describe de la guerra civil española en L'Espoir.

También tuvo un elemento de catarsis. En numerosos países se suspendieron los parlamentos, se aceptaron treguas electorales. Francia formó una coalición nacional e Inglaterra aprobó una Ley de Defensa del Reino Unido. Era Primer Lord del Almirantazgo Winston Churchill, con una decisiva participación en un precedente de la guerra de las Malvinas con un enfrentamiento naval entre británicos y alemanes en dicho archipiélago. El escritor argentino Julio Cortázar nace en Bruselas el 26 de agosto de 1914. Bélgica es fundamental. Los ingleses se deciden a entrar en guerra para defender ese pasillo geográfico, mientras que los alemanes, en la campaña de Flandes, ocupan Brujas, Gante y Amberes. La familia de Cortázar, hijo de un agregado diplomático, busca el refugio en Suiza, país neutral. El mismo destino de James Joyce, que al estallar el conflicto abandona Trieste y marcha a Zurich.

Otras catarsis fueron la anulación de los disturbios industriales en Londres y Berlín, o la tregua entre nacionalistas y unionistas irlandeses, que de estar al borde de la guerra civil pasan a alistarse de voluntarios al ejército británico. La víspera del 28 de junio de 1914, el rey Alfonso XIII había partido en tren desde Madrid para presenciar las regatas en San Sebastián. Al conocer el atentado, se suspendieron las regatas. España permaneció neutral, pero Alfonso XIII prestó una insólita ayuda humanitaria que es el hilo conductor de la novela de Jorge Díaz Cartas a Palacio.

La prensa española destacaba que el archiduque asesinado era coronel honorario del Regimiento español de caballería Lusitania. La Feria de Abril había sido un éxito en Sevilla, la visitó el conde de Romanones y las crónicas decían que hubo más coches que nunca. El Ayuntamiento organizó un concurso de patios que ganó el de la calle Sagunto, 3.

Un siglo después, el Consejo Europeo se ha reunido en Ypres, villa belga donde se libraron tres de las batallas más sangrientas. El número de víctimas multiplicó por cien la cifra de 35.000 habitantes con que cuenta esta ciudad, con un casco medieval que se dedicaba a la fabricación de paños en una lonja que bombardearon los alemanes, como hicieron con la biblioteca de Lovaina o la catedral gótica de Reims.

El 28 de junio fue el aniversario de una batalla medieval y detonante del conflicto que prefigura guerras modernas con medios anacrónicos: la caballería francesa usaba coraza y los oficiales británicos sable.

Un siglo después, en plena globalización, la palabra mundial evoca un torneo de fútbol en el que ha participado por primera vez en su historia Bosnia, aquella provincia austrohúngara.

stats