Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
Una nueva generación, un mundo nuevo
"Seré candidato con un profundo sentido de la humildad y la responsabilidad que conlleva el cargo y con una gran pasión por los valores y causas que me trajeron al Partido Laborista hace 27 años", manifestó hace diez días el hasta la víspera ministro de Exteriores británico en una declaración en el Parlamento al presentar su candidatura para liderar la formación socialista.
David Wright Miliband (Londres, 1965), apodado brainbox (en referencia a su gran inteligencia), es el favorito histórico para la sucesión y hace años que está considerado como el príncipe heredero del laborismo.
Este brillante politólogo, que atrae por su juventud y frescura, ha basado su veloz carrera política como analista y teórico, asesor personal y finalmente como ministro, en el trabajo para y con el ex primer ministro Tony Blair, del que puede considerarse un heredero ideológico dentro de la transformación neolaborista, aunque con ciertos matices diferenciados.
Su padre fue Ralph Miliband, un conocido teórico del marxismo de origen judío que huyó de los nazis tras la invasión de Bélgica durante la II Guerra Mundial, y su madre la historiadora Marion Kozak, nacida en Polonia de donde tuvo que emigrar. De hecho, los Miliband perdieron a unos 80 miembros de su familia en el Holocausto, muchos de ellos en el campo de Auschwitz.
Pese a sus orígenes, David se declara ateo. Militante en el Partido Laborista desde su adolescencia y aunque de pequeño quiso ser conductor de trenes, se graduó con honores en Filosofía, Política y Economía. Está casado desde 1998 con Louise Shackelton, una violinista de la Orquesta Sinfónica de Londres, y es padre de dos hijos adoptados en EEUU en 2004 y 2007.
Fue el ascenso de Blair al liderazgo del Partido Laborista lo que abrió a Miliband las puertas de la política profesional, nombrándolo jefe de Políticas en su Oficina del Líder de la Oposición, donde se dedicó a elaborar los contenidos del programa laborista de cara a las generales de 1997.
La victoria en esas elecciones y la llegada de Blair al 10 de Downing Street situaron a Miliband como responsable de la Unidad sobre Políticas del primer ministro, un cuerpo de analistas formado por el premier para asesorarlo en aspectos de su quehacer gubernamental. De hecho, Miliband fue citado como uno de los más influyentes miembros del círculo de colaboradores diarios del jefe de Gobierno, el kitchen Cabinet.
Diputado desde 2001, no fue hasta la tercera victoria consecutiva laborista, en 2005, cuando consiguió ser miembro del Gabinete como ministro de Estado para las Comunidades y el Gobierno Local, una cartera nueva que asumía competencias en vivienda, planificación y gobiernos locales hasta entonces ejercidas directamente por el viceprimer ministro, para después pasar por el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales, con el rango de secretario de Estado.
Aunque debía su situación en parte a Blair, del que podía considerarse un auténtico ahijado político, Miliband, a diferencia de otros destacados blairistas, evitó realizar una defensa activa del primer ministro frente a las presiones del eterno aspirante a la sucesión al frente del laborismo, el poderoso ministro del Tesoro Gordon Brown, junto a quien venía desarrollando su carrera su hermano, Ed Miliband.
Aunque la coronación de Brown era prácticamente una certeza, David, que insinuó su imparcialidad en la disputa entre blairistas y brownistas, fue objeto de presiones políticas y mediáticas para que presentara su candidatura en desafío a Brown. El encumbramiento de Miliband podría ser un revulsivo eficaz de cara al auge de la oposición conservadora gracias a su nuevo líder David Cameron.
Sin embargo, en sus planes no entraba un combate prematuro que con mucha probabilidad perdería y que pararía en seco su fulgurante carrera. Así que, para decepción del núcleo duro blairista, Miliband anunció que no retaría a Brown en la elección interna.
No obstante, en su Gabinete Brown premió generosamente a David otorgándole el Foreign Office. Al colocar a Miliband al frente de la diplomacia, Brown se dotaba de un escudero que compartía sus puntos de vista en aspectos como la presencia del Ejército británico en Iraq.
La llegada de David al Ministerio de Exteriores parecía preludiar también un discreto giro de la política exterior británica hacia posiciones menos proestadounidenses y más multilateral y participativa en los foros internacionales. De hecho, el respeto de sus homólogos en el extranjero era tal que su nombre circuló como posible candidato al nuevo cargo de jefe de la diplomacia de la UE. Fue él mismo quien se descartó para el puesto, pues sus aspiraciones se centraban en la política interna de su país. No obstante, su posición no le hizo descuidar su faceta más familiar: en noviembre de 2007 dejó plantado al ministro de Exteriores saudí para recoger personalmente a su hijo pequeño.
Ahora, en su lucha por el liderazgo del Partido Laborista, se enfrenta a su propio hermano Ed, ex ministro de Energía y Cambio Climático. David, que se sitúa algo más al centro que Ed, cuenta con el respaldo de los barones del partido, pero puede tener problemas para convencer al grupo parlamentario laborista y a los sindicatos, con quienes no ha tenido mucha relación y que también tienen capacidad de decisión en esta elección, algo en lo que Ed tiene ventaja. A esto se une que David es considerado por muchos elitista e inexperto, y puede dar la imagen de arrogante. Además, ha sido criticado por los movimientos (que nunca llegó a culminar) de virtuales asaltos al poder en los periodos de menor popularidad de Brown, como el artículo que escribió en agosto de 2008, que fue interpretado como una declaración de intenciones donde abogaba por una renovación.
David se ha referido ya a la "lucha fraternal" en las votaciones internas y se mostró "absolutamente confiado" en que la familia "sobrevivirá" y "permanecerá fuerte" en cualquier circunstancia. Su madre también desea mantenerse "neutral" en la lucha política venidera entre sus hijos. Según resaltó David, "ella nos ha enseñado mucho acerca de las cosas que importan y esto es algo en lo que no tiene que participar". Incluso Ed bromeó diciendo que ella votará por un tercer candidato.
Ahora queda por delante todo un verano de campaña hasta conocer, el 25 de septiembre, un día antes del comienzo del congreso anual de la formación en Manchester, el nombre de la persona que intentará conducir a los laboristas de vuelta al poder, si la coalición actual resiste, en 2015.
También te puede interesar
Lo último
No hay comentarios