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Afganistán

Los talibanes entran en Kabul

  • Líderes afganos forman un consejo especial para la entrega del poder a los insurgentes

  • El presidente afgano huye en secreto del país

  • EEUU, Reino Unido, Alemania o España se apresuran a evacuar a sus ciudadanos

La ciudad afgana de Kandahar, ya bajo control de los talibanes.

La ciudad afgana de Kandahar, ya bajo control de los talibanes. / Stringer, EFE

Los talibanes han entrado en Kabul, a pesar de que en un principio aseguraron que no lo harían hasta que se produjera una transición de poder, para controlar, dijeron, posibles situaciones de robo y pillaje ante la huida de las fuerzas de seguridad, una presencia en las calles de la que Efe fue testigo.

"Para evitar actos de saqueo en Kabul y que los oportunistas no hagan daño a la gente, el Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes) ordenó a sus fuerzas entrar en las áreas de Kabul de donde salió el enemigo", aseguraron los talibanes en un comunicado.

Los talibanes insistieron en que la población "no debe temer a los muyahidines". Afirmaron que sus combatientes entrarán en la ciudad "con calma, no se meterán con nadie. Los militares y los empleados civiles del Gobierno deben confiar en que nadie les hará daño". "No le está permitido a ningún combatiente entrar en casa alguna o torturar o molestar a nadie", sentenciaron.

Tras la orden, combatientes talibanes comenzaron a patrullar las calles de Kabul, registrando a las personas que se iban encontrando, para luego dejarlas seguir, según pudo ser testigo Efe.

Horas antes, los combatientes habían tomado posiciones en varias entradas de la capital.

La situación es de pánico en la capital, con las autoridades afganas pidiendo a todos los funcionarios que abandonen sus puestos de trabajo y se vayan a sus hogares, mientras cierran tiendas y bancos y el tráfico está paralizado por grandes atascos.

Líderes afganos forman un consejo especial para la transición

Un grupo de líderes políticos de Afganistán formó este domingo el Consejo de Coordinación para la transición del poder a manos de los talibanes, después de que, tras la pérdida del control de la mayoría de la provincias del país en manos insurgentes, el presidente afgano, Ashraf Ghani, abandonase el país.

"Se formó un Consejo de Coordinación después de la salida de Ashraf Ghani y otros funcionarios responsables del país, en aras de una mejor gestión de los asuntos de paz y la transición pacífica (del poder)", informó en un comunicado el ex presidente afgano y miembro del nuevo cuerpo, Hamid Karzai.

Además de Karzai, el equipo que preparará la entrega del poder a los talibanes, tras veinte años de guerra, está integrado por el presidente del Consejo Superior para la Reconciliación Nacional, Abdullah Abdullah, y el líder del partido Hizb-e-Islami y ex señor de la guerra, Gulbuddin Hekmatyar.

Huida del presidente afgano

El presidente afgano había investido con "plena autoridad" a este consejo durante una reunión en el Palacio Presidencial, cuando se suponía que estos viajarían a Doha para negociar con los insurgentes una salida política del conflicto. Ghani y varios de sus colaboradores de Gobierno más cercanos abandonaron el país en secreto, en pleno asedio de los insurgentes a Kabul, sin informar a la nación ni presentar una renuncia pública.

El consejo, en una primera medida, llamó tanto a las fuerzas del Gobierno como a los talibanes a "ejercer la tolerancia", evitar cualquier tipo de enfrentamiento y caos, y evitar actos destructivos de oportunistas armados en Kabul.

Aseguraron que no entrarían en Kabul

Los talibanes, en un comunicado, habían pedido a sus combatientes, tras tomar el control de casi la totalidad de Afganistán, "no luchar en Kabul" y que permanecieran "en las puertas" de la capital, sin tratar de entrar en la ciudad.

"Dado que la capital Kabul es una ciudad grande y densamente poblada, los muyahidines del Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes) no tienen la intención de entrar en la ciudad por la fuerza o combatir, sino más bien entrar en Kabul pacíficamente", remarcaron los insurgentes. Para ello, continuaron, "se están llevando a cabo negociaciones para garantizar que el proceso de transición se complete de manera segura, sin comprometer la vida, la propiedad y el honor de nadie, y sin comprometer la vida de los kabulíes".

A la vez, insistieron en que el control de la seguridad en Kabul sigue recayendo "en el otro bando" y recordaron a la población que no tienen "intención de vengarse de nadie", incluidos los que sirvieron en el Ejército, la Policía o en la Administración: "Están perdonados y a salvo, nadie será objeto de represalias". "Todos deben permanecer en su propio país, en su propio hogar, y no intentar salir del país", sentenciaron.

Evacuaciones

El acecho de los talibanes había aumentado la presión para tratar de encontrar una salida de urgencia de parte de la población ante la probable caída de la capital, un temor que se cierne sobre funcionarios públicos, académicos, periodistas y, sobre todo, entre aquellos que han trabajado con alguno de los países que enviaron tropas a Afganistán para combatir a los insurgentes.

Este fin de semana se espera que lleguen a Kabul una mayoría de los 4.000 militares estadounidenses que el Pentágono ha decidido enviar a la capital afgana para la evacuación de la mayor parte del personal de la embajada de EEUU y de ciudadanos afganos.

Esa evacuación ha comenzado ya, con el continuo vuelo de helicópteros que llegan y luego abandonan la embajada estadounidense en Kabul para trasladarlos al aeropuerto.

Otros países como Canadá, Alemania, Reino Unido o España también han anunciado la próxima evacuación de parte del personal de sus embajadas y de otros ciudadanos afganos con sus familias, que trabajaron codo con codo con ellos durante estas dos décadas.

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