Cuchillo sin filo
Francisco Correal
Zapatos en una panadería
La conmemoración en Portugal del 40 aniversario de la Revolución de los Claveles evidenció ayer el ambiente de fractura política que vive el país, incluso cuando ya vislumbra el fin del rescate y espera regresar al crecimiento este mismo año.
El jefe del Estado, Aníbal Cavaco Silva, pidió más responsabilidad a los partidos; las fuerzas políticas continuaron con su intercambio de acusaciones sobre quién fue el responsable de la crisis; y mientras, en la calle, algunos de los protagonistas del golpe de Estado de 1974 censuraron el empobrecimiento del país.
En lo que sí se pusieron de acuerdo, sin excepciones, fue en ensalzar el levantamiento militar de hace 40 años, que puso fin a una dictadura iniciada en 1928 y permitió la llegada de la democracia, concretada dos años después en la firma de la Constitución y la celebración de elecciones.
También coincidieron en la radical mejoría registrada en este período. El aislamiento, el analfabetismo y la alta mortalidad infantil bajo el régimen de António Salazar -continuado desde su muerte por Marcello Caetano- dieron paso a la apertura a Europa y la universalización de la sanidad y la educación.
Sin embargo, las consecuencias del exigente programa de ajustes y recortes acordado por las autoridades lusas con la UE y el Fondo Monetario Internacional en 2011 a cambio de su rescate financiero son todavía objeto de intenso debate.
El presidente luso, el conservador Aníbal Cavaco Silva, reprendió a los partidos durante la ceremonia oficial celebrada en el Parlamento e insistió en sus llamamientos al consenso. "Es difícil entender que en una democracia consolidada, agentes políticos responsables no logren consensos sobre cuestiones esenciales para nuestro futuro", censuró Cavaco Silva, principal defensor de un acuerdo entre los principales partidos lusos sobre la estrategia a seguir en los próximos años.
En opinión del presidente luso, las fuerzas parlamentarias "deben comprender que la insatisfacción y el desinterés de los ciudadanos acabará por afectar su actividad". Aunque "la democracia no corre peligro", Cavaco Silva insistió en que 40 años después del 25 de abril es el momento de que "los partidos se replanteen y asuman su responsabilidad en la construcción del futuro de Portugal".
En un estrado repleto de claveles, verdadero icono de la Revolución, el líder parlamentario de los socialdemócratas lusos (PSD, centro derecha), Luís Montenegro, defendió que los recortes aplicados durante los últimos años se deben en realidad "a los desequilibrios presupuestarios y la asfixia financiera" vividos en gobiernos anteriores. "No queremos más noches de rescates, ni más ajustes bruscos, no queremos volver al período anterior a la llegada de la troika", insistió el portavoz parlamentario del principal partido en el Ejecutivo.
Por su parte, el líder de la oposición, el socialista António José Seguro, estableció paralelismos entre la situación que se da hoy en el país y la situación previa al 25 de abril de 1974. El secretario general del PS lamentó la "destrucción de la clase media" registrada desde la llegada de la troika al país, e incidió en que existen "alternativas" a las políticas de austeridad.
Frente al ambiente de tensión que presidía el hemiciclo -los grupos de la oposición de izquierdas ni siquiera aplaudieron la intervención del jefe de Estado, cuyo discurso consideraron muy próximo al del Gobierno-, el carácter festivo se apoderó de la calle, donde miles de personas rindieron homenaje a los militares que se sublevaron contra la dictadura cuatro décadas atrás.
El presidente de la Asociación 25 de Abril y uno de los impulsores de la Revolución, el coronel Vasco Lourenço, pronunció un discurso en el que censuró duramente la actitud del Ejecutivo. "O la política cambia urgentemente y se invierte el camino de la sumisión, la austeridad y el empobrecimiento del país, o este Gobierno tiene que ser apeado", defendió. La concentración reunió a miles de personas y tuvo lugar en el Largo do Carmo, en Lisboa, justo enfrente del cuartel militar donde hace 40 años los soldados insurgentes lograron la rendición del líder del régimen, Marcello Caetano, sin derramamiento de sangre.
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