FRANCISCO FERNÁNDEZ RUEDA | CRÍTICA Por los caminos de la voz

Fernández Rueda y Soriano.

Fernández Rueda y Soriano. / Carolina Cuadrado

Salvo por su incursión en el mundo del lied, el tenor estepeño Francisco Fernández Rueda era hasta ahora bien conocido por su dedicación y sus éxitos en el mundo del barroco, repertorio éste que ha cantado y canta con los mejores directores europeos. Pero nos faltaba conocer los nuevos derroteros que el cantante está en estos tiempos explorando, esos caminos que le llevan, partiendo de su voz eminentemente lírica, al mundo de la ópera romántica, tanto del belcantismo italiano como de la ópera francesa.

A ello estuvo dedicado buena parte de un recital que abría no obstante con un amplio homenaje a Manuel García. No estaba la voz aún del todo en su sitio en las primeras canciones, en las que costaba apreciar un fraseo fluido y una emisión liberada. Pecó de un excesivo uso de reguladores que emborronaron su cantabile. Pero a partir de Il mio tesoro todo empezó a funcionar con mayor solvencia, con una versión muy en estilo, con espléndidas coloraturas y elegantes ornamentaciones. Sensacional, a continuación su Formaré mi plan de García, toda una galería de recursos expresivos y de interpretación teatral en una exhibición de voz, de color y de acentuaciones.

Su peculiar manera de empujar el sonido y de reiterar el portamento y de acortar el final de las frases le privó de cerrar unas versiones más en estilo de las piezas de ópera, si bien en las canciones finales de Turina volvió a mostrar lo mejor de sí mismo. Lo mismo que la romanza de La pícara molinera, cantada con morbidez y gran línea de canto.

Impecable Soriano como solista con un Mozart cristalino y un Turina lleno de color. Y seguro como acompañante, sobre todo en su parte del aria de García, en la que tenía que afrontar efectos imitativos encadenados y una parte final llena de exigencias en el teclado.

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