Acid Mothers Temple | Crítica

La estirpe de Godzilla

  • La psicodelia experimental de la banda japonesa hizo flexibles nuestras mentes, pero salimos indemnes porque escaseó el sonido asesino.

Acid Mothers Temple Acid Mothers Temple

Acid Mothers Temple / Millán Carrasco

Un solo de batería estruendoso y sostenido al que se le une más tarde el bajista, que va tocando las dos mismas notas una vez tras otra; al frenesí atronador se le une el sintetizador, que lanza rayos sónicos a través del polvo estelar que cubría la sala. Y cuando entran, por fin,  las guitarras, el galope sincopado va adquiriendo la forma de Pink lady lemonade; sobre todo por el acorde que repite Tsu hasta la saciedad mientras Makoto desarrolla su excepcional habilidad hundiéndose en el inframundo de las seis cuerdas a través de continuas improvisaciones, riffs distorsionados y difusos, llenos de delay, con un nivel de éxito que solo se alcanza después de pasar muchos años en el templo ácido que da nombre a la banda, de la que él es autor intelectual. Sin perder el poder y la nostalgia del tema central, empuja y contorsiona sin piedad a los monstruos del metal y a los del rock progresivo que se nos van viniendo a la mente en esta locura psicodélica en que todo se ha convertido; nos parece oír a Black Sabbath, a Gong, hasta que la vuelta a las notas más familiares de Pink lady nos sacan del trance.

Hasta llegar ahí se habían quedado atrás los efectos caleidoscópicos de Blue velvet blues o el Dark star blues y su aullido instrumental colectivo con el que dieron inicio al concierto. Ese nivel de trastorno, que los japoneses siempre saben llevar más allá, era el que esperaba de ellos, pero solo duró el minuto inicial y ya no volvió hasta el final, a la unión atonal y emocionante de Cometary orbital drive y Speed guru con que se despidieron. Entre esos dos clímax Acid Mothers Temple se mostraron incluso convencionales dentro del surrealismo e irreverencia continua. Su concierto fue fantástico e irresistible, pero me desengañó constatar que son del mismo planeta que nosotros. Si hubiese escrito esto con la cabeza en vez de con las tripas no les hubiese negado la quinta estrella.

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