Ajo, poemas como disparos
La artista y la pianista Tsukiko Amakawa llevan hoy al Central un 'Microshow' de poesía y música.
"Querida Ajo, he leído tus pequeños poemas, que me han sorprendido. En tu caso, el dolor y la soledad se expresan con un brillo de breve relámpago". Así empezaba a escribir un deslumbrado Francisco Nieva cuando conoció el trabajo absolutamente singular de María José Martín de la Hoz, conocida como Ajo desde los años 90, cuando irrumpió en la escena musical undergound de los 90 con su grupo Mil Dolores Pequeños junto a Javier Colis. Aunque nunca ha interrumpido su relación con la música -ha colaborado en los últimos años con Mastretta, Los Enemigos o Corcobado, aparte de su etapa al frente del Experimentaclub, un festival madrileño dedicado a los exploradores más audaces del sonido- hace tiempo se empeñó, y lo consiguió, en ganarse la vida interpretando su micropoesía, pequeñísimas gemas de humor y emoción a veces, puñaladas mordaces otras, pero siempre preñadas de sentimiento y verdad y evidentemente en deuda con los haces de luz en forma de aforismo que distinguen a Gómez de la Serna. Hoy llega al Central con la pianista japonesa afincada en Granada Tsukiko Amakawa -una "improvisadora nata" curtida en la música contemporánea- para presentar su Microshow. "Es tan buena que se te va la olla", explica al otro lado del teléfono, aún en su domicilio de Madrid. "Pintará paisajes y yo transitaré libremente por ellos. Es un espectáculo de improvisación, frágil y muy contundente, porque lo vamos construyendo a la vez que vamos sintiendo".
"Mi vocación es que se me entienda sin robar tiempo. Es algo intuitivo, responde a una búsqueda personal. Necesito entender las cosas con instantaneidad. Hay algo también de reacción contra todos esos que dicen nada con muchísimo, los del K.O. técnico. Yo soy más de pegarte el disparo", explica sobre su modo de expresarse, determinado por su radical e ingeniosa brevedad -"soy una gran economista del tiempo, el dinero y las palabras"- e igualmente por el sentido del humor y una ironía que suele morder. "Es como me defiendo del dolor. Y de lo que no entiendo, de lo que no me gusta. Me sirve para desactivar situaciones en las que si no, me moriría, y no lo digo como una de esas cabronadas poéticas; y para reírme de mí misma, lo que me da derecho a reírme de todo lo demás. El humor es un salvavidas y una forma superior de inteligencia", dice Ajo, que sigue fiel a la sensibilidad punk ante la que cayó rendida cuando a los 17 años dejó su pueblo de Palencia y se mudó al Madrid efervescente y alegre de los primeros 80. "Para mí el punk es una manera de expresarse directa y sin disimulos, mirando a la cara. Es insolencia, y esa insolencia en el fondo es muy política: cuestiona, critica. A ver, yo no voy por ahí pegando patadas a los cubos de basura, pero sí puedo utilizar una palabra que se te meta dentro y no te deje dormir. Ésa es mi manera de ser punk, una como cualquier otra".
Ajo. Microshow con Tsukiko Amakawa. Sala B del Teatro Central. Hoy a las 20:00. Entradas a 17 euros.
También te puede interesar
Lo último