ACCADEMIA DEL PIACERE | CRÍTICA

Fábula a imitación de Italia

Roberta Mamelli, Juan Sancho y Accademia del Piacere Roberta Mamelli, Juan Sancho y Accademia del Piacere

Roberta Mamelli, Juan Sancho y Accademia del Piacere / ROBERT SLUSZNIAK

En el prólogo a El laurel de Apolo (1657), Calderón definía el nuevo género de la ópera como “una fábula pequeña/en que a imitación de Italia/se canta y representa”. Nuevo para España, claro, porque en Italia ya tenía la ópera más de medio siglo de existencia. A esta conexión ítalo-española, con el género lírico como protagonista, se dedicó el programa ofrecido por Accademia del Piacere, un programa nacido el año pasado a la sombra de los doscientos cincuenta años de la muerte de José de Nebra pero que se asienta esencialmente sobre el seicento italiano y español.

Frente a otros programas más heterodoxos, en este caso se cerró una propuesta mucho más seria, en el sentido de más centrada en un estilo y en una estética. En el soberbio empaste del grupo sólo se puede señalar el borrón del violino da gamba; chirriante y más a menudo de lo aconsejable desafinado, no conseguía enlazar con las sonoridades ricas y densas del resto del grupo, con un continuo de lujo (espectaculares Rincón y Núñez) y una Johanna Rose convertida en centro tímbrico del conjunto.

Algunos arreglos no llegaron a funcionar, como los de la Passacaglia o los de Nebra, muy fuera ya de la estética seiscentista. Sancho mantiene su sonido nasal y su tendencia a la sobreactuación, con graves frágiles y ataques imprecisos (fallido Lasciate averno). La estrella fue una Roberta Mamelli de voz con cuerpo, de bellos tonos tímbricos, fraseo delicado y conmovedor y maestría en los pianissimi, como en el delicado y emotivo final de su lamento del Orfeo de Rossi.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios