Rodalies y la vergüenza del tren Huelva-Sevilla

Un media distancia en Andalucía se queda parado seis horas y media y nadie busca responsables

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El interior del tren que se quedó parado seis horas y media el pasado diciembre en Benacazón.
El interior del tren que se quedó parado seis horas y media el pasado diciembre en Benacazón. / M. G.

03 de marzo 2026 - 04:00

Cincuenta pasajeros del tren de la línea RG1 de Rodalies de Cataluña sufrieron a primera hora de la tarde del pasado domingo la detención del convoy entre las estaciones de Portbou y Figueras. A las 16:00 horas ya estaban en un nuevo tren al que pudieron acceder sin mayores dificultades porque fue colocado en paralelo en una operación controlada por los agentes de Protección Civil. Un episodio más del desastre de los trenes en toda España, una incidencia que consideramos normal y que ni referimos porque, al final, celebramos que no haya heridos. Nos callamos y tiramos para adelante, porque, en el fondo, se trata de sobrevivir. En Cataluña ya echan las culpas a Renfe, se ha iniciado el debate previsible entre administraciones y en breve quedará clausurado hasta nuevo aviso. El pasado diciembre se detuvo por enésima vez el tren de media distancia entre Huelva y Sevilla con sesenta pasajeros que soportaron un parón de seis horas y media a la altura de Benacazón. Sin agua, sin alimentos, sin cobertura telefónica durante casi toda la tarde y sin, por supuesto, nadie de Protección Civil que acudiera a socorrer a los atrapados. A las seis horas y media de espera apareció la Guardia Civil, no sin que antes se sufrieran momentos de tensión, y se logró pasar a los pasajeros a otro convoy. Nadie echó la culpa a nadie, nadie dio una explicación, ni mucho menos asumió ninguna responsabilidad. Será la indolencia andaluza, será que olvidamos pronto todo porque mañana sale el sol y nuestro astro rey es envidiable, será porque admitimos que muchas de nuestras comunicaciones requieren de décadas para ser mejoradas. El derrotismo debe tener alguna ventaja. O simplemente concluimos que no ha habido heridos y, por lo tanto, todo ha ido bien. Hacemos la vista gorda porque quejarse es de malajes. El caso es que si comparamos dos episodios similares, comprobamos la diferencia entre niveles de exigencia e intensidad de las reacciones.

Aquí tragamos con una facilidad pasmosa, hacemos la mar de bien la digestión de los problemas que acarrea la falta de infraestructuras o la mala calidad de las que tenemos. Un tren parado durante seis horas y media no genera ningún debate. Menos de un mes después sufrimos la tragedia de 46 muertos, pero ni así se han levantado ciertas voces, caso de los sindicatos, que deberían haber puesto el grito en el cielo. El tren es una calamidad en España, de eso no hay duda. Los viajeros de la línea entre Huelva y Sevilla son del grupo de los grandes sufridores. Y todavía hay quienes sueñan con que Huelva tenga un aeropuerto propio, el Cristóbal Colón, cuando no tiene ni comunicación por carretera con Cádiz, ni una línea ferroviaria en condiciones con Sevilla. Nos conformamos con una A-49 sin baches. Y si nos quedamos seis horas y media en el tren sin agua, ¿de qué nos quejamos los andaluces si lo aguantamos todo porque somos alegres? Picha, miarma y qué pedazo de playas tenemos. ¿Protección Civil? Eso es de tiesos. Sigamos analizando el andaluz que hablan los gobernantes y cuál es el grado permitido de ceceo.

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