juana | Crítica de teatro

Ambicioso retrato de mujer

Un momento del espectáculo de danza y teatro 'Juana' Un momento del espectáculo de danza y teatro 'Juana'

Un momento del espectáculo de danza y teatro 'Juana' / Vallinas

Chevi Muraday ya trabajó con Juan Carlos Rubio y Curt Allen Wilmer en la obra ‘Sensible’. Repiten ahora en un espectáculo mucho más ambicioso en cuanto a producción y en el que el dúo danza teatro se escora mucho más hacia la primera.

Cuentan que Aitana Sánchez-Gijón le pidió a Muraday que la hiciera bailar y está claro que lo ha conseguido. La excelente actriz aúna su poderosa y subyugante voz al trabajo de sus cuatro compañeros bailarines sobre los que demuestra una confianza férrea dejándose que la bailen y convirtiéndose en una más del cuerpo de baile.

Chevi Muraday ha apostado muy fuerte en este espectáculo que resulta casi pretencioso en su planteamiento: la génesis de la mujer, su desarrollo, su defensa como individuo independiente, su paso por la historia, ... Decide usar a las Juanas (la de Arco, la loca, Inés de la Cruz y a Juana Doña) y se lo da a Aitana Sánchez-Gijón que consigue hacerse con ellas y ofrecernos un recital de interpretación y de poesía.

Pero en el espectáculo hay algo de cuadratura del círculo que no funciona. Mientras que Aitana, Chevi Muraday, Alberto Velasco, Maximiliano y Víctor Ramos y la iluminación de Nicolás Fischtel marcan un nivel insuperable, se abusa de la siempre efectiva y multiplicadora escenografía de Curt Allen Wilmer, de la música de Mariano Marín y, sobre todo, del cripticismo que acompaña a los textos de Juan Carlos Rubio, Marina Seresesky y Clarice Lispector a los que suman otros. Uno llega a preguntarse por qué Juana y no Isabel, o Carmen o ...

Nos quedamos con las estampas bellísimas creadas por sus cinco intérpretes.

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