Andrés Calamaro | Crónica Épica del desamparo

  • El músico argentino presentó en Sevilla su nueva colección de canciones, 'Cargar la suerte'

Ándrés Calamaro, ayer en el escenario de FIBES. Ándrés Calamaro, ayer en el escenario de FIBES.

Ándrés Calamaro, ayer en el escenario de FIBES. / Juan Carlos Muñoz

Las canciones de Calamaro se dividen en dos tipos. Las que son himnos y las que aspiran a serlo. La inclusión en una u otra categoría depende tan solo del tiempo trascurrido desde su publicación, esto es, si el público fiel que sigue al cantante argentino ha tenido tiempo de hacerlas suyas, de interiorizarlas, de confundir su melodía y su letra con su propia piel. Ser fan de Calamaro es una forma de vida como cualquier otra. Se trata de identificarse con el protagonista de las canciones, el propio cantante, un antihéroe abandonado que, lejos de sentirse patético, se hace fuerte en los contratiempos. Un héroe a la contra. Pero que pone sobre la mesa su vulnerabilidad, su desolación. Y eso lo hace más fuerte. Cabría añadir una tercera categoría, la de los rock and roll enérgicos, pura adrenalina, exacerbación del ritmo. Pero la música y los aficionados de Calamaro prefieren los medios tiempos y el grito, si viene, nace de la emoción más que de la velocidad. De hecho, la propuesta de Calamaro va también a contracorriente de los macroespectáculos del rock actual: cinco músicos sobre la escena con el protagonista sentado en una silla, para poder así tocar los teclados. Ni luces, ni proyecciones, ni coreografías. Es solo rock and roll. Pero me gusta. El espectáculo se basa en las melodías, en los cálidos riffs. En las letras sugerentes en las que todos nos podemos identificar porque, ¿quién no se ha sentido abandonado en alguna ocasión? Los fieles de Calamaro, esto es, todo el auditorio, se levantan de sus butacas cuando reconocen una frase musical de la próxima canción y cantan a voz en grito la letra. Así, aunque la calidad del sonido impida percibir lo que dice el artista, no importa, porque todos conocemos esta tonada. Cuando no la reconocemos, permanecemos en nuestras butacas sabiendo que pronto el nuevo tema será parte de nuestra memoria sentimental. Canciones como Crímenes perfectos, Las oportunidades, A los ojos, La parte de adelante. Entre las nuevas destaca My mafia, un himno a la amistad que Calamaro dedicó "a los barrios de las afueras de Buenos Aires, de Sao Paulo, de México D. F.". También crítica social, en la línea de Alta suciedad, que tampoco faltó a la cita, en Falso L. V.. Recitó unas décimas que compuso esta misma tarde como su particular homenaje a Sevilla, de un aficionado confeso a la tauromaquia. No faltó la dedicatoria a Morante. Y al flamenco. Tampoco, por supuesto, al Dr. John, fallecido el viernes.

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