Antonio Onetti. Dramaturgo, guionista y nuevo presidente de la SGAE "No sé si nos merecemos en la SGAE la lupa que siempre tenemos encima"

  • El nuevo responsable de la entidad trabaja en tender puentes con el Ministerio y otras instituciones y perfila un modelo con una presidencia institucional y una gestión independiente

El escritor y director Antonio Onetti, desde la pasada semana presidente de la SGAE. El escritor y director Antonio Onetti, desde la pasada semana presidente de la SGAE.

El escritor y director Antonio Onetti, desde la pasada semana presidente de la SGAE. / Juanjo Martín / Efe

Desde que el pasado jueves el dramaturgo y guionista Antonio Onetti (Sevilla, 1962) fuera nombrado presidente de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), en sustitución de Pilar Jurado, que fue objeto de una moción de censura, el escritor trabaja junto a su equipo en tender puentes con el Ministerio de Cultura y la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (Cisac), con la que la institución había vivido desencuentros que debía arreglar si quería garantizarse la pervivencia. El autor de textos emblemáticos del teatro andaluz como La puñalá o Madre Caballo espera convocar elecciones en octubre y pretende un cambio de modelo en la entidad,"que haya una presidencia institucional, pero que de la gestión se encargue un equipo técnico, de profesionales". Mientras concede entrevistas y explica sus planes de futuro, Onetti se ha reducido el sueldo, "una medida que no es un gesto para la galería, sino que está basado en una convicción. Estamos en un momento en el que hay que apretarse el cinturón, aunque a mí me parecía que lo que cobraba la presidencia era desorbitado", dice en una entrevista en la que se expresa con franqueza y sin miedo a la autocrítica.

–La semana pasada definió como "imprescindible" la necesidad de "acentuar la colaboración con las instituciones culturales de las que depende la SGAE, el Ministerio de Cultura y la Cisac". ¿Se ha avanzado ya en esas negociaciones?

–Yo creo que van por buen camino, pero llevamos mucho tiempo de enfrentamientos con el Ministerio, de marear la perdiz con la Cisac, y, claro, nuestra credibilidad en ese sentido está un poco resentida, las cosas como son. Empezar a decir esta vez sí, estamos dispuestos, lo vamos a conseguir quizás resulte un tanto absurdo. Lo importante es la actitud que tomes y demostrar algo con los hechos. Nosotros ya hemos respondido a las alegaciones que se nos hicieron con el tema de los estatutos, nos hemos puesto con los flecos pendientes, de los que dependía su aprobación. El organigrama nuevo, en el que se consagra una presidencia no ejecutiva, que hará que todo vaya a una gestión profesional y técnica, lo enviaremos al Ministerio el lunes o el martes de la semana que viene. Estamos tomando decisiones muy rápidas, pero también muy pensadas. Nosotros sabíamos cuáles eran las soluciones, el problema es que no se estaban aplicando.

–Usted ha pedido disculpas porque desde la SGAE se habló de conceder 7 millones en ayudas ante la crisis del Covid-19, pero esa cantidad no parece viable.

–Lo que yo intento es contar la verdad de lo que hay, tratar a los socios como adultos y no engañar a nadie. Esta semana están saliendo ayudas por unos dos millones de euros, hemos hecho un esfuerzo en encontrar esa cantidad, que ya se está distribuyendo a través de diferentes programas. Seguiremos buscando fórmulas de ahorro y de conseguir dinero, porque hay que pensar qué va a pasar dentro de tres meses, dentro de seis, esto no se arregla con dar 900 euros a los socios que tienen problemas. Es una ayuda puntual que te va a sacar del aprieto, pero estamos en una situación muy grave, con la parálisis de la actividad y la incógnita de quién va a sobrevivir cuando llegue la nueva normalidad. Hay muchas empresas, compañías, grupos pequeños, orquestas que tal vez no conseguirán reponerse de esto. Tenemos que trabajar con el resto de las entidades del sector cultural y pedirle al Gobierno que haga todo lo posible por ayudarnos de una forma específica, porque cada sector tiene unas particularidades.

"No me gusta que seamos una telenovela, esa imagen de que nos damos navajazos entre nosotros"

–Quedan muy lejos esos tiempos en que la SGAE apostaba por construir grandes teatros. ¿Puede verse en la entidad un reflejo de esa idea de que vivimos por encima de nuestras posibilidades?

–No sé si vivimos por encima o por debajo de nuestras posibilidades, pero sí que lo hicimos fuera de la realidad. Por ejemplo, el mundo on line, el mundo digital, donde ahora mismo se está produciendo un crecimiento de la generación de derechos de autor, tanto en la música como en el audiovisual, es algo que en su momento no se vio venir. Entonces tendríamos que haber invertido más en la tecnología necesaria para que nosotros nos pudiéramos poner al día con eso, pero estábamos claramente en otra historia, y la crisis nos dijo además que aquel empeño en los grandes proyectos no era el camino. En todo caso, se trataba de una concepción de la SGAE que no compartían la mayoría de sus socios. 

Antonio Onetti. Antonio Onetti.

Antonio Onetti. / Juanjo Martín / Efe

–En una entrevista concedida a este periódico por Pilar Jurado, el titular era "Podría hacer una serie sobre la SGAE que ríete tú de Juego de Tronos". Usted, que precisamente escribe series, ¿qué contaría?

–Yo es que no escribiría una serie sobre la SGAE, sinceramente [ríe]. Es verdad que es un ámbito muy llamativo para la gente, porque hay famosos que entran y salen, que hacen declaraciones y abandonan la entidad... Pero nosotros tenemos una lupa encima que no sé si nos merecemos. Me gustaría acabar con eso, no me gusta que seamos una telenovela y proyectemos esa imagen de que aquí estamos todo el día dándonos navajazos. Eso no es cierto. Lo que ocurre es que es una entidad compleja como quedan pocas en el mundo. La mayoría de las entidades son más sectoriales, y nosotros tenemos la música, los editores, los audiovisuales, las artes escénicas... y hay categorías de derechos en los que unos y otros compiten por el mismo trozo de la tarta, de la misma manera en que las comunidades autónomas pelean por tener más cuota. Eso dificulta las cosas. Si la presidencia es institucional, si la gestión está en manos de los técnicos y los profesionales, que es donde tiene que estar, y de verdad se separa la parte representativa, política, de la parte de la gestión, y cada uno se ocupa de lo que se tiene que ocupar, todo eso se mitigará muchísimo. Es lo que estoy intentando desde el minuto uno.

"No sé si vivimos por encima de nuestras posibilidades, pero sí fuera de la realidad. No atendimos a lo digital"

–¿Qué pasará con los Premios Max, que se iban a entregar en el Teatro Cervantes de Málaga el 29 de junio?

–El objetivo es que la ceremonia se celebre en 2020, después del verano, porque antes parece difícil. Estamos viendo con el Ayuntamiento de Málaga las posibilidades, pero no pretendemos suspender esa gala. La entrega de los Max es uno de los buques insignia de la SGAE, pero también un mecanismo importante para la reactivación del sector, porque son un escaparate importante de las artes escénicas de nuestro país. Muchas compañías se apoyan en nuestros premios para vender sus obras.

–¿Tendrá que aparcar su trabajo como guionista y dramaturgo para consagrarse a la presidencia de la SGAE?

–Para mí es importantísima mi carrera, no la voy a abandonar nunca. Ahora he terminado mi labor en la segunda temporada de una serie, pero no puedo contarlo porque la producción no se ha anunciado [ríe]. No pienso dejar mi trabajo, pero me importa mucho el movimiento asociativo para que haya una sociedad civil fuerte. Fui, por ejemplo, uno de los miembros que fundó la Academia de las Artes Escénicas de España.

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