ARMONIOSI CONCERTI | CRÍTICA ¿Quién cantará las ausencias?

Armoniosi Concerti Armoniosi Concerti

Armoniosi Concerti / D.S.

Anoche pudimos asistir al que posiblemente sea el último concierto de Juan Carlos Rivera y del grupo por él creado Armoniosi Concerti. Diecisiete años de excelencia, de elegancia y de belleza al servicio del siglo XVII llegaron a su fin por culpa de una ley absurda que impide compatibilizar la jubilación con la actividad artística, como si el país pudiera permitirse prescindir de todo el talento acumulado durante décadas de docencia y de actividad musical cara al público.

Todo ello tiñó de un aire de especial nostalgia a un concierto que fue todo un epítome de la trayectoria de este espléndido grupo. En su formación extendida, con dos guitarras, tiorba, viola da gamba y castañuelas (muy bien dosificadas y espléndidamente interpretadas por Teresa Martínez) y al servicio de la voz esplendente de Mariví Blasco, el recorrido ofrecido por los tonos humanos y la música para guitarra del siglo de Murillo fue un despliegue de bellezas de principio a fin.

Con los años, Rivera ha cuajado un estilo personal a la hora de abordar este repertorio, un estilo que se sitúa a mitad de camino entre la sobriedad del respeto por lo anotado en los papeles y la fantasía necesaria para insuflarle vida y variedad a unas partituras que no son en verdad sino un guión para que el intérprete despliegue su maestría personal. Fue admirable la variedad y la sabiduría en los arreglos de los acompañamientos, variados en materia de color y de ritmos, para arropar a una Blasco capaz de conmover con sus acentos y sus pianísimos.

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