Arte en el Barrio de las Letras
La presencia en Madrid de tres autores que trabajan en Sevilla (Teresa Duclós, Alonso Gil y Juan del Junco) es más que satisfactoria · Pronto se les unirá Miki Leal en Fúcares
Pese a estar situada en un escenario urbano, el madrileño barrio de las Letras, la galería tiene aire de refugio y aun de trinchera. Los pilares y las cerchas de madera sin pulimentar, que parecen asegurar la cubierta provocan esa atmósfera que resulta especialmente adecuada para la obra expuesta de Alonso Gil. En rigor, la muestra rinde cuenta del trabajo realizado en el territorio de la República Árabe Saharaui Democrática, es decir, en la estrecha franja al este del lamentable y costoso muro levantado por Marruecos a lo largo de 2.700 kms. en el antiguo Sáhara Occidental. Durante un tiempo, Gil estableció allí un taller en el que, con jóvenes saharauis, trabajó ¡a pintarropa!, es decir, haciendo diseños serigráficos para la ropa de cada día. De esta labor se muestran algunos resultados pero el plato fuerte de la muestra es un cuidado híbrido de pintura y fotografía: obras que recogen con singular fuerza a los hombres y mujeres de esta comunidad. La emulsión fotográfica asegura en el papel la huella de la luz que forma rostros y recoge actitudes, pero a la vez permite la intervención de la mano del autor que traza, mancha o vela, dando a la obra densidad pictórica. Así, al testimonio gráfico de la resistencia de este pueblo casi olvidado (Gil, como Goya, puede decir, "estuve allí") se une la expresividad del autor, su pensamiento ante la situación. Una expresión cruzada siempre por el respeto con que Gil trata a los protagonistas de sus historias que no son tipos que muestran una situación sino individuos que viven en ella y la padecen.
Muy cerca de la muestra de Gil, la de Juan del Junco que también se integra en PhotoEspaña 09. El plato fuerte de la exposición es la silenciosa serie de las aves de Doñana, que hace meses pudimos ver en la Cartuja. Pero hay algo más: tres fotografías que convierten un entorno natural en escultura. La chumbera ocupa la fotografía más que ser recogida por ésta. Llevada a primer plano concita su dimensión visual de colores y formas, con valores táctiles: su impenetrabilidad, sus formas decididamente orgánicas, la agresividad de las espinas. Así, la planta llena el espacio de la foto y sólo deja un breve margen de cielo, arriba, sobre las fibras de un nido que las cigüeñas modelaron sobre ella. Los firmes perfiles de la chumbera contrastan de este modo con las formas deshilachadas del refugio de las aves insinuando un contexto para las restantes obras expuestas en los cuatro niveles de la galería.
No hay que salir del barrio para visitar la exposición de Teresa Duclós en la que el componente exclusivo es la pintura. Los diseñadores de la muestra han reunido en una sala los paisajes. Jardines de Sevilla y enclaves de la sierra de Huelva sintonizan en un valor dominante: el ritmo y sus alternancias. Lento y contenido en algunos casos, en otros levemente agitado, firme en un solitario y rotundo árbol, el ritmo confiere una sugestiva unidad a la sala. La pintura de Duclós mantiene ese extraño saber que, al dar firmeza a los objetos, testimonia la verdad de su existencia. Pero en esta ocasión, a este valor de presencia (así lo llaman los fenomenólogos) añade la versatilidad de la pintura: los fondos y soportes que forman entornan los objetos del bodegón son planos construidos por el color, de modo que están tensionados entre la firmeza geométrica y la disolución provocada por una luminosidad conseguida más con el color que con tonalidades de luces y sombras. A los paisajes y bodegones se añaden unos cuadros que parecen recoger y actualizan un motivo trabajado hace tiempo por la autora. Las alacenas (así cabría llamarlas) dividen el plano del cuadro en franjas horizontales: baldas, vistas muy de cerca, en las que reposan callados objetos. Así el cuadro se convierte en indagación espacial de presencias y vacíos, que, sin quererlo, hacen pensar en imágenes de la memoria.
La presencia en Madrid de autores que trabajan en Sevilla (Gil nació en Extremadura: acaba de recibir el Premio a la Creación Artística que cada año otorga esta comunidad) es más que satisfactoria. Pronto se unirá a ellos Miki Leal en la galería Fúcares.
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