Pons & Gómez | Crítica Orbitando el universo clásico

Assumpta Pons y Rocío Gómez en el Alcázar. Assumpta Pons y Rocío Gómez en el Alcázar.

Assumpta Pons y Rocío Gómez en el Alcázar. / Actidea

Una asociación instrumental inusual para un concierto que giró en torno al mundo del Clasicismo. Beethoven contextualizado por sus dos grandes referentes (Haydn y Mozart) y un consecuente, el poco conocido Robert Fuchs, cuya música gravita sobre el universo de Brahms (quien lo admiró sin reservas), el gran beethoveniano de la segunda generación de románticos.

Assumpta Pons y Rocío Gómez empezaron mostrando sus cartas en un Haydn desnudísimo, casi sin vibrato y con algunos problemas de afinación. Fue pasajero. El dúo se asentó en la obra de Beethoven (un arreglo de una pieza juvenil para dos flautas), con un primer movimiento en el que la melodía sobre el bajo de Haydn se hizo polifonía y un minueto que fue puro XVIII. Cuando llegó Mozart el sonido había adquirido ya el cuerpo y la prestancia que exige una obra absolutamente maravillosa, ejecutada con empaste natural, equilibrio y una espléndida distribución de los pesos: nítida luz mozartiana inundó el Allegro de partida; el Adagio resultó de una melancolía refinada y leve, a la vez punzante y aristocrática; el rondó-sonata final, prodigio de construcción, tuvo toda la gracia y el brillo del mejor Mozart.

Es casi imposible mejorar un buen Mozart, pero los seis dúos de Fuchs (dos más se escucharon fuera de programa: los números 6 y 7) fueron estupendos: la ligereza un punto descuidada del nº1; el lirismo arrebatador del nº2; el aire popular, con abundancia de pasajes homofónicos, del nº3, acaso tocado más lento de lo deseable, pero con notable riqueza de contrastes; el melodioso nº4, construido sobre un ostinato de la viola, algo rígido quizás; el estático (casi extático) nº5; y, en fin, el elegante vals que cierra la colección (nº12) acabaron demostrando que fuera de los grandes nombres y de los repertorios más prestigiosos y frecuentados hay aún mundos por descubrir, y que Assumpta y Rocío fueron guías magníficas en ese descubrimiento. Como la temperatura y la brisa acompañaron, noche plácida y deliciosa de música.

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