Ballet Flamenco de Andalucía | Crítica

Una propuesta amable

Un pasaje del espectáculo del Ballet Flamenco de Andalucía.

Un pasaje del espectáculo del Ballet Flamenco de Andalucía. / Jesús Jiménez Hita

Una propuesta amable, vistosa, sin sorpresas. Dos coreografías de Antonio: Puerta de Tierra, que bailaron Almagro y Tovar sobre una grabación histórica y la caña que hizo Núñez reproduciendo el original hasta en sus últimos elementos: coreografía, música, vestuario. Fue lo mejor de la noche, pues se trata de una obra mítica incluida en La Taberna del Toro que Antonio fue depurando con el paso de los años hasta estilizarla, en su teatralidad, hasta límites no superados. Un delicioso artificio.

El resto de coreografías las firma López, que estuvo brillante en su dúo con Marín, con la colaboración de Molinero, aunque inspiradas, naturalmente, en Antonio Ruiz Soler, hecho que quizá debería aclarar el programa de mano. Por ejemplo, los brillantes verdiales que cierran la función ¿no son los de Serranos de Vejer? Parece que no, ya que los firma López. Lo de los créditos resulta confuso hasta el límite de que figuran como compositores del Anda jaleo y del Zorongo gitano Vallet y Marín. Todos sabemos que estas músicas existían antes de que nacieran los abuelos de Vallet y Marín. Eso sí, Vallet y Marín hacen unos brillantísimos arreglos, que incluyen bamberas, tientos o tonás. Pero una cosa es el arreglo y otra la composición:¿porqué la caña se atribuye a Manuel Morao? ¿Porqué la música del bolero clásico a Vallet? Esto de los créditos es algo a revisar porque si nosotros mismos desconocemos a los autores de nuestro patrimonio es complicado que el mensaje de su conservación y puesta en valor llegue al gran público.

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