El Bellas Artes revisa la obra de Gonzalo Bilbao y saca a la luz 22 piezas olvidadas
Integrada por 41 trabajos de los fondos propios del museo, la muestra estudia a fondo por primera vez la obra del pintor de 'Las Cigarreras' · El sevillano modernizó la pinacoteca como presidente del Patronato
Escasas han sido las ocasiones en los últimos meses en las que el Museo de Bellas Artes de Sevilla ha cobrado protagonismo al margen del valor artístico de sus fondos. La lamentable dilación de las administraciones públicas respecto a su ampliación (el Gobierno socialista se va sin haber convocado el concurso público para la redacción del proyecto), la polémica en torno a la cesión, nunca consumada, de la colección pictórica de Mariano Bellver y los raquíticos presupuestos con los que cuenta anualmente (aún están pendientes de adjudicar los 500.000 euros de 2011) han dado poco respiro al equipo de profesionales que integra el Museo. De ahí que la exposición que ayer se inauguró en las salas temporales y que permanecerá abierta hasta el 4 de marzo, bajo el nombre Gonzalo Bilbao. Fondos del Museo de Bellas Artes de Sevilla, no suponga sólo el reencuentro de la pinacoteca con parte de la obra de "un artista fundamental en el tránsito entre los siglos XIX y XX", sino también la apertura, pese a la crisis y el desinterés de la Junta, a una nueva forma de programar; con fondos propios y gracias a las colaboraciones externas que a través del préstamo de piezas permita "nuevos puntos de vista en torno a la riqueza de los distintos discursos artísticos", como defendió la directora del museo, Valme Muñoz.
La muestra de Gonzalo Bilbao (Sevilla, 1860-Madrid, 1938), dijo, es "una exposición contenida de presupuesto, como marcan los tiempos en que vivimos, pero ambiciosa de objetivos". Y es que 73 años después de su muerte, se ha puesto en valor la obra de este autor profundamente vinculado al espíritu de la ciudad de Sevilla. En total se exhiben 41 piezas: de ellas, 30 son obras de Gonzalo Bilbao, 22 de las cuales nunca han sido expuestas, entre ellos cinco dibujos y apuntes. Las 11 restantes pertenecen a artistas que le precedieron, como Jiménez Aranda y José Villegas, o contemporáneos en los que ejerció o de los que recibió influencias, García Ramos o Sorolla, además de tres esculturas de su hermano Joaquín.
La preparación de este proyecto ha permitido revisar a fondo su obra, tanto su conservación y restauración, realizada en colaboración con el Centro Nacional de Aceleradores, ubicado en Sevilla, como su estudio bibliográfico. El análisis de cada obra pone de relieve la influencia de sus viajes a Roma y París, donde se deja seducir por las vanguardias, como se percibe en estampas como La toilette o La casta Susana. Y es que más allá del imponente lienzo de Las cigarreras, que protagoniza la tercera sección del recorrido y supone la obra cumbre de su producción, Gonzalo Bilbao alcanzó cotas de calidad destacadas en la escuela sevillana por sus luminosos paisajes, como por sus retratos, muy demandados por la aristocracia de la época, de los que el encargo más ambicioso fue el de Alfonso XIII.
Una de las principales aportaciones del catálogo es el estudio de la relación de Gonzalo Bilbao con el Bellas Artes de Sevilla, que firma Valme Muñoz. Fue este intelectual quien desde la creación del museo, desde su nacimiento en la cercana calle de San Pedro Mártir, y como presidente del Patronato, trabajó con denuedo por hacer frente "a la situación endémica de déficit económico", por modernizar la institución y facilitar los depósitos de obras procedentes del Prado o de colecciones particulares como la de José Gestoso, Villegas Cordero y González Abreu. Un modelo de gestión -el Patronato que operaría al margen de los cambios políticos- que la Consejería de Cultura cuestiona ahora pese a que ha sostenido en varias ocasiones que la conversación con el Ayuntamiento de Sevilla respecto a la creación del Patronato "estaba abierta".
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