Califato 3/4 | crítica Electrolerele

  • Califato 3/4 abarrotan la Sala Malandar durante tres noches consecutivas con unos conciertos que no satisfacen en absoluto las expectativas levantadas por sus discos y su material audiovisual.

Arrancando por alegrías Arrancando por alegrías

Arrancando por alegrías / J. M. Carrasco

Una vez que los Motoreta’s se han asentado como hermosa realidad, se ha adjudicado la etiqueta de nueva sensación de la música sevillana a Califato ¾ en base a un proyecto identitario que aúna la música popular andaluza con los ritmos electrónicos más vanguardistas, perfectamente recogidos en un reciente disco y en algunos videos de alto nivel. Y el hecho de que hayan agotado las entradas de sus conciertos tres días seguidos así lo certifica. Por eso había que estar en la Sala Malandar. Aunque más valdría no haber asistido.

En realidad nunca llegué a sentir aburrimiento, porque la sensación de incredulidad sobre lo que veía y escuchaba era tan enorme que no dejaba lugar a ninguna otra clase de sentimiento. No me podía creer que unos músicos de contrastada experiencia en colectivos undergrounds de la ciudad y gran apoyo musical, logístico y mediático, pensasen que lo que nos estaban ofreciendo era un espectáculo digno de ser presentado al público. Y no me podía creer tampoco la reacción enfervorecida de ese público, aunque no era la habitual de los asistentes a los conciertos de rock o flamenco y estaba mucho más cercana a la de los chavales que aparecen en el video viral de la salida de la Virgen de los Dolores.

Piensen en el tópico que prefieran, ya sea reivindicativo, como la exaltación de Blas Infante, la tumba de Queipo de Llano, o casposo, y ahí tienen el tós por iguá valientes, viva esa Blanca Paloma o las peroratas de los tomboleros de la feria; pues Califato ¾ los manejan todos. Y eso no sería malo en sí mismo si con ellos construyesen canciones aceptables, pero solo los lanzan durante el concierto a modo de proclamas y frases inconexas.

El break de inicio de Cristo de las Navajas, los acordes de flamenco cabal que Estefan sacó de su guitarra en el inicio de los bises y la salida muy al final de Rocío Guzmán, aunque con su excelente voz sepultada por samples y reverbs, han hecho que el recuadro de la ficha de esta crítica no esté vacío de asteriscos valorativos.

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