Año Murillo

Murillo a cota cero

  • El Hospital de la Caridad acerca al espectador, tras su modélica restauración en los talleres del IAPH, los dos lienzos del pintor dedicados a obras de misericordia

Susana Díaz y resto de autoridades ante uno de los lienzos restaurados Susana Díaz y resto de autoridades ante uno de los lienzos restaurados

Susana Díaz y resto de autoridades ante uno de los lienzos restaurados / Belén Vargas (Sevilla)

"Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis..." Son algunos versículos del Evangelio según san Mateo que inspiraron a Miguel de Mañara (1627-1679) el programa iconográfico del Hospital de la Caridad de Sevilla. A partir del texto bíblico, el entonces hermano mayor ideó las pinturas que decorarían los muros del templo, una serie de jeroglíficos referidos a las obras de misericordia que su gran amigo y también miembro de la hermandad, Bartolomé Esteban Murillo, ejecutó al final de su carrera, en su esplendorosa madurez. Expoliados por el mariscal Soult durante la invasión francesa, y repartidos hoy por las galerías nacionales de Londres, Washington, Otawa y el Hermitage de San Petersburgo, sólo dos lienzos de los seis que componían el ciclo han permanecido en su emplazamiento original, a seis metros de altura en los muros del presbiterio de la iglesia de la Caridad, de donde el año pasado fueron descolgados para su restauración en los talleres del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH). Los trabajos han devuelto todo su luz y colorido a las obras, que ahora pueden admirarse a la altura de la visión humana, "a cota cero", según los organizadores de esta muestra, lo que permite leerlas por primera vez de modo distinto a como las concibió Murillo tras estudiar hasta el último detalle su perspectiva y la manera en que la luz incidía sobre las figuras y provocaba la respuesta del público.

Aunque la inauguración estaba prevista la semana anterior, con motivo de la clausura en el Hospital de la Caridad del Congreso del Año Murillo, las autoridades no vieron problema en trasladar al Miércoles Santo la presentación pública de una intervención que la Junta de Andalucía y el Hospital de la Caridad han asumido gracias a una aportación económica de la fundación Bancaria La Caixa de 131.837 euros. 93.189 euros del presupuesto del IAPH (dependiente de la Consejería de Cultura) y 15.000 de la Hermandad de la Caridad completan la partida que ahora permite al público, por un donativo de dos euros, admirar Murillo cercano. Miradas cruzadas, exposición que hasta finales de año mostrará la exquisita restauración que los profesionales del IAPH llevaron a cabo en un programa abierto además al público a través de visitas guiadas y talleres didácticos para escolares.

Las especialistas Rocío Magdaleno y Lourdes Núñez han dirigido la intervención de cada uno de los lienzos: Magdaleno se ocupó del Milagro de Moisés haciendo brotar el agua de la roca (dar de beber al sediento) y Núñez, del que predica el dar de comer al hambriento: el Milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

Ambas pinturas se presentan ahora sin el espléndido marco original de madera tallada y dorada -restaurados también por el IAPH- y precedidas de un boceto preparatorio, envueltas en una escenografía oscura y silenciosa que provoca una "experiencia única", según apreció la presidenta Susana Díaz en la inauguración.

"Ahora contemplamos un Murillo en plenitud. Los hermanos de la Caridad habíamos visto estos cuadros a menudo cubiertos de polvo, la tela de uno de ellos había cedido un poco... Gracias a la intervención del IAPH, el mensaje iconográfico de Miguel de Mañara se lee de nuevo al completo", afirmó el hermano mayor de la Caridad, José Luis Olivares.

Al intervenir los dos cuadros, de iguales dimensiones (333 x 550 centímetros aproximadamente) y declarados Bienes de Interés Cultural (BIC), se actuó sobre los elementos degradados realizando acciones curativas, "incidiendo en las causas del problema más que en los efectos y limitando la actuación al mínimo, para garantizar su seguridad y perdurabilidad", remarcó el director del IAPH, Román Fernández-Baca.

Olivares insistió en el "conocimiento y cariño" de los profesionales del IAPH, que ya habían restaurado Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, lienzo que Murillo realizó tras completar entre 1667 y 1670 este encargo de Miguel de Mañara, quien sumó además al proyecto de la Caridad los talentos de Bernardo Simón de Pineda (altar mayor), Pedro Roldán (esculturas) y del pintor Juan de Valdés Leal, autor de las Postrimerías.

Para que el creador del programa iconográfico pudiera comprobar si Murillo había captado el mensaje que quería plasmar en estas monumentales pinturas, se realizó el boceto con el que arranca esta muestra y que permite ver la analogía entre el original y la obra preparatoria.

En julio del año pasado, la casa Bonhams subastó en Londres esta pequeña pintura (mide 32,8 x 75,5 cm.) que perteneció a la colección del duque de Normanton y aparece documentada tanto en el catálogo crítico de Diego Angulo (1981) como en el más reciente catálogo razonado de Enrique Valdivieso (2010). Es una obra previa a la ejecución del gran lienzo Moisés haciendo brotar el agua de la roca y muestra la importancia que Murillo quiso conceder en la obra final al niño que señala a Moisés e indica al espectador dónde está el verdadero sentido de una escena abigarrada de personajes y situaciones variados, incluidos un dromedario en la esquina derecha. La pequeña pintura es el único boceto del ciclo de la Caridad que ha llegado a nuestros días y fue adquirido por 71.342 euros por un coleccionista particular alemán que lo ha prestado al IAPH para contribuir a la investigación previa y ahora, durante unos meses, lo cede excepcionalmente para esta muestra.

Uno de los alicientes de la exposición es ver cómo Murillo enfrentó en estas dos pinturas narrativas habitadas por tantos personajes emociones diferentes: más contenida en el caso del Milagro de los panes y los peces, y más expansiva en el protagonizado por Moisés. La muestra, muy austera, sin carteles ni rótulos, donde la luz y el colorido de Murillo se imponen al negro, cuenta con un servicio de audioguías con información complementaria y quiere preservar el ambiente de reflexión, contemplación y meditación propio del mundo barroco de Mañara.

Los dos cuadros comparten la pincelada libre y suelta que caracterizó al Murillo maduro, rasgo éste que los vincula además con los que pintara para el convento de Capuchinos y que pueden verse actualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. "Es increíble cómo va abstrayendo la pincelada y al final, con apenas tres trazos, compone el paisaje y el celaje", indica Magdaleno.

El cuadro de la Multiplicación de los panes y los peces presentaba una alteración cromática del esmalte en la pradera del fondo "que no se podía resolver salvo en toques puntuales" y que las restauradoras trataron con enorme cuidado y delicadeza en unos trabajos donde la limpieza ha sido tan ajustada que les ha devuelto el colorido conservando su pátina y ese carácter más desvaído que algunos expertos creen que pudo tener influencia en los cartones para tapices de Goya. Asombra la armonía cromática y las gradaciones sutiles en un conjunto de apariencia satinada, sin apenas brillos, algo que se apreciará mejor con el paso del tiempo, pues ahora están recién barnizados.

La intervención devuelve también al primer plano el talento de Murillo en la recreación de objetos cotidianos, como hogazas de pan, peces, tinajas, vasijas y otros enseres, que nos permiten apreciar el excelente pintor de bodegones que fue aunque no hayan llegado hasta nosotros sus naturalezas muertas. Expertos como Alfonso Pleguezuelo han estudiado todos estos motivos. También se han documentado los animales, como los ovinos, "que serían churras lebrijanas, que aparecen en la época con su morrillo más oscuro", dice Magdaleno.

"Aunque son pinturas narrativas y religiosas, son también un alarde de su maestría y es muy hermoso ver cómo el tono base de la imprimación, compuesta por la célebre tierra de Sevilla, tiene protagonismo por sí misma en los dos lienzos, apenas enriquecida con unos toques de luz y sombra", prosigue. Todo aquí es el resultado de una inteligencia pictórica en plena madurez, como prueba además el boceto preparatorio, cuya pincelada directa y los escasos arrepentimientos indicaron a las restauradoras la potencia de Murillo al asumir este encargo.

Al acto de inauguración acudieron también, entre otras autoridades, el alcalde de Sevilla, Juan Espadas; el consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez; el presidente de la Diputación de Sevilla, Fernando Rodríguez Villalobos y el director territorial de Caixabank en Andalucía Occidental, Rafael Herrador.

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