Cultura

Chopin 200 años

  • El mundo conmemora los dos siglos del hombre que revolucionó el piano y compuso los más bellos pasajes del Romanticismo

Su corazón fue su piano. De ahí que siga latiendo hoy, doscientos años después de su nacimiento. Sus manos inquebrantables, su talento tremendo, su virtuosismo sin fisuras y, sobre todo, la música puesta al servicio de la melancolía han hecho de Frédéric Chopin una de las figuras centrales de la música clásica y, especialmente, deesta época. De hecho, él reflejó como nadie el espíritu del Romanticismo, su vida y hasta su muerte. Porque murió de lo que morían los románticos, de tuberculosis. Su tumba en el cementerio de París es hoy un lugar de peregrinaje para miles de amantes de la música.

Frédéric Chopin -aunque su verdadero nombre en polaco era Fryderyk Franciszek Chopin- nació en Zelazowa Wola, a 60 kilómetros de Varsovia (Polonia) el 1 de marzo de 1810. Hijo de un profesor de francés y literatura francesa y de la gobernanta de la finca en la que nació, el compositor no se crió en un ambiente esencialmente musical, aunque sí muy cultural. Su familia no tenía tradición de interpretar instrumentos aunque sí disponía de un piano con el que Chopin, muy pronto, apenas con cuatro o cinco años, comenzó a hacer sus pinitos. Al percatarse de su talento, su padre puso al joven Frédéric, de tan sólo seis años, en manos del maestro Wojciech Zywny, un violinista que le inculcó una tremenda pasión por la música de Bach. A los siete años, Chopin ya escribía sus propias composiciones, que su padre se encargaba de transcribir a la partitura.

Era un niño prodigio y su familia pronto lo descubrió. Dio su primer concierto en público con sólo ocho años, en el palacio de la familia Radziwill de Varsovia. Aquello le valdría una serie de nuevos conciertos por toda la capital con notable éxito. Era la atracción del momento y su padre, como hiciera el de Mozart, la paseó por todas las fiestas de la aristocracia polaca.

Curiosamente, Chopin nunca tuvo un maestro pianista. Él mismo desarrollaría su propia técnica de interpretación de una forma autodidacta. Si tuvo profesores de composición y contrapunto, como Jósef Elsner, director entonces de la Escuela Superior de Música de Varsovia, que se convirtió en su tutor y su maestro. Muchas veces le insistiría en la necesidad de estudiar a fondo el contrapunto y la armonía. Era el propio Chopin el que se encargaba de aprender todo lo que hiciese falta en el piano. Por entonces, dominaba con bastante fluidez el lenguaje de la composición y comenzaba a escribir sus propias sonatas con un enorme talento que no pasaba desapercibido.

En 1829, contando Chopin con sólo 19 años, acudió a Varsovia a dar un concierto el violinista y virtuoso italiano Niccolo Paganini. El pianista quedó profundamente sorprendido con la técnica del solista y decidió aplicar al piano el virtuosismo del italiano. Fue entonces cuando se sintió preparado para dar el salto al corazón de la Europa musical: Viena.

Allí, en agosto de 1829, ofreció dos conciertos que tuvieron un éxito apoteósico. Tal fue el impacto que provocó que uno de los principales editores de la época, Haslinger, decidió imprimir sus Variaciones, sobre temas de Mozart. Acababa de nacer un genio.

De vuelta a Varsovia, se enamoraría de una estudiante de canto, Konstanze Gladkowska, que inspiraría al músico a escribir algunas de sus más importantes obras del comienzo. La relación, sin embargo, concluiría pronto, cuando Chopin tomó la decisión de abandonar su país para estudiar en Viena. Y fue precisamente durante su estancia en Viena, entre 1830 y 1831, cuando Chopin tendría noticias del estallido de la insurrección polaca contra los rusos, un movimiento que no estaría muy bien visto en Viena y que le reportaría ciertos desdenes y muchos olvidos. Aquello afectó su ánimo, ya de por sí quebradizo, y comenzó a sentir los primeros embates de una enfermedad que terminaría con él: la tuberculosis.

Al año siguiente resolvió cambiar Viena por París. Fue en la capital francesa donde se sintió francamente acogido y donde empezó a desarrollar todo su potencial, además de estrechar fuertes amistades con artistas como el pintor Delacroix o el compositor y pianista Franz Liszt. También recibiría, por primera vez en su vida, clases de técnica de interpretación de piano por parte de Friedrich Kalkbrenner, la mayor gloria del momento. Chopin, sin embargo, sólo estaría un año con el maestro, puesto que él consideraba que tenía su propio estilo personal y detestaba ser una copia de otro. Como compositor, comenzaba a dar lo mejor de sí mismo.

Variaciones brillantes, el Rondó op.16, el Vals op. 18... la Gran Polonesa, las obras creaban un positivo impacto entre quienes las escuchaban y comenzaban a valerle la admiración y la simpatía de autores como Héctor Berlioz. Entretanto, Chopin decidió dedicarse a dar clases de piano a gente de la aristocracia para tener unos ingresos regulares.

La vida continuaría de un modo equilibrado hasta 1835, en que Chopin tuvo una fuerte recaída con la tuberculosis que le impidió concretar sus planes de boda con una adolescente de apenas 17 años. Abatido y enfermo fue en ese momento cuando aparecería en su vida la escritora francesa George Sand, con la que Chopin viviría una tórrida historia de amor y llena de choques.

George Sands, junto sus dos hijos, y Chopin, decidieron marcharse una temporada a Mallorca por cuestiones de salud. Allí, durante todo un invierno, el compositor escribiría algunas de sus mejores piezas para piano. Sand dejaría constancia de aquellos días en uno de sus libros. Sin embargo, el mal tiempo que azotó la isla los obligó a regresar a París. Durante los siguientes ocho años, permanecerían juntos.

Sin embargo, un desencuentro sobre una de las hijas de George Sand haría que la relación se fuese deteriorando paulatinamente en 1846. Chopin decidiría, finalmente, marcharse, primero a Londres, y luego a Escocia, donde su salud y su economía volvieron a resentirse fuertemente. Decidió regresar a París previendo que su muerte estaba próxima. En febrero de 1848, ofreció su último concierto en público. A comienzos de 1849, estaba tan mal que todos sus amigos se pasaron los meses visitándolo para despedirse de él. Finalmente, Chopin murió el 17 de octubre de ese año. Fue enterrado en París. Desde ese momento, su música se expandió para siempre.

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