Música

'Le Cinesi': Oriente en el espejo de Occidente

  • El Teatro de la Maestranza acoge desde el domingo la deliciosa 'ópera de cámara' que compuso el sevillano Manuel García en torno a la fascinación dieciochesca por las 'chinoiseries'

Un instante de la presentación de 'Le Cinesi' este jueves en el Teatro de la Maestranza. Un instante de la presentación de 'Le Cinesi' este jueves en el Teatro de la Maestranza.

Un instante de la presentación de 'Le Cinesi' este jueves en el Teatro de la Maestranza. / Juan Carlos Vázquez

A las alturas del siglo XVIII, la cultura europea parecía haber ya asimilado el impacto del descubrimiento y conquista de América mediante un proceso de fagocitación cultural que, a lo largo de los siglos XVI y XVII, supuso la supeditación de los valores y preconceptos occidentales sobre las peculiaridades antropológicas y culturales de los indígenas americanos. Por ello, en el Siglo de las Luces, sería el Lejano Oriente el foco de atención, el nuevo mapa conceptual sobre el que poner en juego la fuerza y la validez de los rasgos identitarios europeos. A lo largo de esta centuria ilustrada se publicaron tres veces más libros sobre China que sobre América, lo que indica el nuevo foco de interés. Muestra de esta nueva mirada sobre el Otro es la proliferación de chinoiseries, de figurillas, estampados e ilustraciones que llenaron los palacios europeos de edulcorados personajes chinos en actitudes amables e insustanciales.

Pietro Metastasio, el más importante libretista de ópera de todo el siglo XVIII, hizo también su aportación personal a la moda china con su "acción teatral" Le Cinesi, escrita en 1735 para el compositor Antonio Caldara. El libreto, que presenta una complaciente visión de superioridad sobre la cultura china, fue puesto en música diversas veces, hasta llegar a las manos de Manuel García en 1831.

El sevillano llevaba para entonces dos años prácticamente apartado de las tablas y dedicado en París a la enseñanza del canto en su academia particular. Siempre había alternado, a lo largo de su carrera, el canto, la composición y la enseñanza, con clases muy demandadas tanto en París como en Londres, producto de lo cual fue su importantísima publicación Exercices pour la voix en 1824. García siempre insistió en una formación integral del cantante más allá de la enseñanza de la propia técnica y por ello compuso en sus dos últimos años de vida (falleció en 1832) una serie de cinco óperas de cámara, con acompañamiento de piano, que sirvieron como función final para sus mejores alumnos. De 1831 procede Le Cinesi, para la que Manuel García tomó el viejo libreto metastasiano y lo sometió a simplificaciones para adaptarlo al formato de un pequeño espectáculo de cámara.

Ésta es la obra que podrá verse este domingo (12:00) y el lunes (16:30) precisamente en la Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza (entradas a 20 euros), en una coproducción del Teatro de la Zarzuela y la Fundación Juan March, con dirección de escena de Bárbara Lluch y escenografía a cargo de Carmen Castañón. Escrita para un grupo de tenor, dos sopranos y una mezzosoprano (el elenco lo compondrán Catalina Paz, Teresa Villena, Helena Resurreição, Julen Jiménez, Belén Quirós y Alicia Naranjo), más el piano acompañante (Rubén Fernández Aguirre, también encargado de la dirección musical del espectáculo), la obra, de ligero argumento, nos presenta a tres jóvenes chinas aburridas de su encierro doméstico que reciben la visita sorpresa de Silango, que acaba de regresar de un tour por Europa. El joven ensalza los valores y la libertad de los europeos para envidia de las jóvenes. Jugando al teatro dentro del teatro, los cuatro emplean su ocio en una competición por ver quién representa mejor una escena teatral, para culminar con una danza final.

Escrita para sus mejores alumnos, García exige de los cantantes el depliegue de todos los recursos vocales propios del bel canto de la época, desde el legato y el canto sul fiato de los pasajes líricos, hasta las agilidades y las coloraturas, sin olvidar el dominio de la afinación (algo muy característico de la Escuela García) en los abundantes números de conjunto. Cabe, asimismo, destacar el dominio de los registros expresivos y estilísticos de Manuel García, pues se mueve con igual soltura en el mundo de la ópera seria en la escena de Andrómaca que canta Lisinga, en el de las características pastorales dieciochescas cantadas por Tangia y en el estilo más desenfadado y cómico con el que acaba la ópera.

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